Opiniones

Talento digital seremos todos

La escasez de talento digital es un fenómeno global. Al mundo le será muy complejo poder cubrir los 133 millones de profesionales altamente calificados que se necesitarán en el 2022.

El sector del software creció 4.5 veces más en nuevos empleos que el resto de la economía argentina desde el 2009. Para este año podría sumar un 14% más de empleo si tan solo tuviésemos el Talento Digital necesario, ya que el 50% de las vacantes en empresas tecnológicas quedará sin cubrirse. Hoy faltan 9.000 profesionales aun siendo líderes mundiales en talento tecnológico, y con el advenimiento de la Ley Del Conocimiento se espera incrementar la demanda a 200.000. El “Vaca Muerta digital”, con el potencial de aportar el 50% de las exportaciones de Argentina, está sin dudas restringido por el fenómeno de pleno empleo que atraviesa el sector, donde se está librando una guerra por el talento disponible elevando cada vez más los estándares de compensaciones y beneficios exigidos por los candidatos.

Esa es la versión argentina de uno de los capítulos de la Cuarta Revolución Industrial por la que está atravesando el mundo: el creciente déficit de habilidades en Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC). El incesante avance en inteligencia artificial, robótica u otras tecnologías emergentes está cambiando no sólo los trabajos posibles sino también las habilidades que se requerirán para hacerlos a un ritmo cada vez más acelerado. Con una vida media de 5 años para las habilidades TIC, al mundo le será muy complejo poder cubrir los 133 millones de profesionales altamente calificados que se necesitarán en el 2022 para mediar esta nueva y dinámica división del trabajo entre humanos, máquinas y algoritmos. La escasez de Talento Digital es un fenómeno global.

Afortunadamente existe un amplio consenso sobre la responsabilidad compartida entre gobierno, empresas y trabajadores para transitar la alta demanda de talento técnico. Programas de formación público-privados, nuevas carreras digitales, escuelas de formación en las mismas compañías tecnológicas, son todas iniciativas que intentan cerrar la brecha entre demanda y oferta de estas habilidades que están cambiando al mundo. Pero en perspectiva, 133 millones de nuevos puestos técnicos representan solamente al 4% de la población trabajadora global. Y en Argentina, la industria del software hoy es menos del 1% del empleo total. Si bien la creación de sistemas de capacitación avanzados es crítica para el aprovechamiento del potencial de las nuevas tecnologías, el verdadero desafío de la Cuarta Revolución Industrial está en el impacto masivo que tendrá en el resto de los trabajadores y los trabajos de todos los días.

Con las tecnologías disponibles hoy, casi la mitad de las actividades que realizamos diariamente en el trabajo son automatizables. De a poco, nuevas herramientas digitales irán reemplazando las tareas predecibles y rutinarias de nuestros trabajos, obligándonos a adquirir nuevas habilidades que nos permitan desempeñarnos junto a la tecnología. En Estados Unidos, por ejemplo, quedan sólo dos trabajos que no están alcanzados por habilidades TIC: lavar platos y cocinar. El resto de las ocupaciones ya han sido alcanzadas, en mayor o menor medida, por la necesidad de contar con habilidades digitales para realizarlas. Si bien esto generará enormes oportunidades de productividad, todavía estamos lejos de poder aprovecharlas cuando un gran porcentaje de la población adulta no cuenta con las habilidades digitales básicas para enviar un mail o buscar en internet. Además de pensar en programas para el desarrollo de habilidades especializadas como programación o data analytics, gobiernos, empresas y trabajadores deben también asumir la responsabilidad de reentrenar a la población en habilidades digitales básicas para poder incluirlos en el futuro del trabajo.

La automatización de tareas también liberará un potencial enorme en un giro hacia el valor agregado. Si consideramos el famoso caso de una bibliotecaria que antes destinaba una gran parte de su tiempo a mantener un orden riguroso de los libros, con el apoyo de un robot inteligente para mantener el orden ella puede destinar ese mismo tiempo a mentorear a estudiantes y ayudarlos a realizar investigaciones. O un vendedor de zapatillas en una tienda de deportes, que con la asistencia de un vendedor virtual puede reconvertirse en un asesor deportivo focalizado en la experiencia del cliente. En cada caso, luego de un proceso de automatización de tareas rutinarias, las habilidades blandas como empatía o resolución de problemas pasan a tomar una relevancia mucho mayor. La transición no solo genera grandes incrementos de productividad, sino que también tiene el potencial de humanizar cientos de trabajos en el mundo.

En América Latina, donde tenemos menos de la mitad de los trabajadores altamente capacitados que en Estados Unidos o Europa, y más del doble de trabajadores poco capacitados, el futuro del trabajo pareciera ser más desafiante. Más de un 60% de los trabajadores formales pasan la mayoría de su tiempo en tareas rutinarias y uno de cada dos trabajadores es informal. Bajo esta perspectiva, la tarea de reconvertir a la fuerza laboral pareciera descomunal, generando el contexto perfecto para la profecía de Harari y su clase inútil. Sin embargo, la naturaleza de las habilidades requeridas en una nueva era del empleo puede favorecer a la región. Una vez automatizadas las tareas, y asumiendo cierto grado de alfabetización digital, la colaboración, creatividad, resiliencia, empatía y flexibilidad serán habilidades altamente demandadas para generar equipos ágiles y multidisciplinarios en contextos de innovación, habilidades que están fuertemente presentes en los países de América Latina. Quizás, culturalmente estemos posicionados para triunfar en el futuro del trabajo.

Klaus Schwab, el creador del término Cuarta Revolución Industrial, describió el actual contexto perfectamente: “nunca, en la historia de la humanidad, ha habido un momento de mayor promesa o mayor peligro”. Es cierto que las tecnologías están generando posibilidades infinitas que requieren de Talento Digital altamente capacitado para aprovecharlas, y debemos formarlo. Pero también es cierto que corremos el riesgo de dejar fuera de ese futuro a millones de personas si no creamos una base digital necesaria y enaltecemos las habilidades humanas que potenciaran el cambio. Está en cada uno de nosotros como individuos, trabajadores, empresarios y ciudadanos, en adoptar y contagiar la cultura necesaria de aprendizaje constante que nos mantenga actualizados en un mundo digital, donde la ignorancia es realmente una elección. Talento Digital seremos todos, es tiempo de reaprender.

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