Economía

Temor entre los que blanquearon

El miércoles de la semana pasada se advertía a los lectores que “los que blanquearon están hoy no solo arrepentidos por las pérdidas económicas que les significó la repatriación y pago de penas, sino sumamente temerosos por el futuro ante el eventual uso abusivo de la información fiscal (les encantaría “re-fugar” pero se saben en la mira del fisco)”, lo que fue seguido en otros medios por una serie de notas en el mismo sentido de distintos periodistas.

A principios de abril de 2017 unas 244.500 personas físicas y 10.200 sociedades blanquearon/exteriorizaron ante el fisco cerca de u$s116.800 millones (21% del PBI), casi duplicando la base imponible. De esto, u$s93.300 millones (80%) estaban en el extranjero y u$s23.500 millones en el país. El 48% del total (u$s55.900 millones) correspondía a activos financieros, 29% (u$s33.600 millones) a cuentas bancarias, 17% (u$s 20.500 millones) a inmuebles y 6% (u$s6.800 millones) a “otros”, vehículos, joyas, obras de arte, etc.

De las inversiones, el 98% o u$s55.000 millones residían en el extranjero y solo 2% o u$s900 millones en Argentina; de las cuentas bancarias 77% o u$s25.900 millones en el extranjero y 23% o u$s7.700 millones en el país; de las propiedades 110.000 fueron locales, 28.000 estaban en Uruguay, 21.000 a los EE.UU. y el resto a Brasil y otros países.

Ok. Dicen que se puede venir un “súper impuesto a los ricos” como reclama algún trasnochado, pero la verdad es que ni Sergio Massa -el adalid en estas cosas- lo está pidiendo, por lo que es poco probable (además debiera pasar por el Congreso, con todos sus tiempos).

Más realista es el temor a que el nuevo gobierno decida incrementar el Impuesto a los Bienes Personales –que debía morir este año- pagado por unas 900.000 personas y más el año que viene por el revalúo inmobiliario. De un máximo de 1,2% anual en tiempos K, a principio de la gestión macrista había caído a 0,75% y luego 0,25% para “endulzar” el blanqueo, trepando a 0,75% menos de doce meses más tarde cuando “los pichones habían caído en la jaula” y la crisis recién asomaba. El miedo ahora es que gane quien gane se lo eleve a un 1,5% y se expanda aún más la base. Para el caso de los “blanqueados” esto los llevaría a aportar por año cerca de u$s3.504 adicionales en promedio. No mueve el amperímetro.

¿Cuál es entonces el temor real? La expropiación y la persecución legal; tanto para los contribuyentes honestos como para los no tanto. Las estimaciones privadas son que los argentinos declararon poco menos de la mitad del dinero y bienes que tenían en el exterior (a hoy habrían crecido a unos u$s500.000 millones). En el caso que la AFIP encuentre alguna inconsistencia –e “inconsistencias” podrían tener todos- entre los valores declarados y el valor de los bienes, “el blanqueo” se cae y el fisco está en condiciones no solo de cobrar lo adeudado más multas, sino de iniciarle una causa penal al contribuyente (en el caso de los inmuebles bastaría con pagar la diferencia por el “error” de valuación”). Hasta hace poco los que entraron en el blanqueo suponían que estaban amparados por el secreto fiscal, pero una resolución de la Sala B de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Penal Económico de abril (caso J.J.Levy) habilitó el uso de la información declarada en el blanqueo como prueba en los juicios penales por lavado de activos. Así, irónicamente, los que no declararon nada estarían algo mejor porque podrían evitar la expropiación de sus bienes y las acciones legales reconociéndose evasores y pagando las multas. Si no lo hacen, perderían todo. Como resultado del Convenio de Intercambio de Información de la OCDE, el fisco recibió el año pasado información de unas 212.000 cuentas de argentinos en el extranjero, al menos 400 –por ahora- con inconsistencias y un número no identificado que directamente no ingresaron al blanqueo. ¿Su futuro?: Negro.

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