“Todo el mundo cree que el arte vive del millonario”
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Ámbito Biz visitó la casa de subastas Martín Sarachaga, en el barrio porteño de Recoleta. En la charla habló sobre el futuro negocio y cómo lo afecta la crisis económica. Sus recuerdos familiares y los secretos de la profesión.
Martín Sarachaga tiene toda una vida dedicada al mercado de las subastas. Prácticamente desde que nació pasó gran parte de su tiempo en la casa que, bautizada con el apellido familiar, fundó su abuelo hace 80 años, que luego tuvo al frente a su padre, y que hoy maneja junto a sus hermanas. Lo primero que nota alguien que no es parte de este mundo al entrar a la casa de subasta, ubicada en Rodríguez Peña 1778, es la acumulación de obras, muebles y demás objetos en los salones y pasillos, cubiertos de sábanas, cajas apiladas y encintadas, y cuadros que van y vienen. "Vivimos en mudanza permanente. Entran y salen cuatro camiones por semana. Es parte de nosotros. Estamos acostumbrados...", cuenta este referente del negocio en diálogo con Ámbito Biz.

Sarachaga estudió economía, aunque nunca tuvo otro trabajo que no fuese el de la empresa familiar. Incluso desde chico participaba del negocio y de las noches de subastas, el climax para quienes están en el rubro. Desde hace 20 años está al frente de la casa, tarea que compartió con su tío hasta 2003, cuando por diferencias sobre el rumbo a tomar de cara al futuro decidieron seguir cada uno su camino. "Hace 14 años que nos dividimos. Fue en función de lo que yo creía que venía en el mundo y de la forma tradicional de trabajar. Yo creía que entrábamos en el siglo XXI y había que afrontarlo de otra manera", explica. Su principal objetivo es llevar una operación de tradiciones centenerias hacia la era digital.

SUBASTA 4.0

"En esta industria en la Argentina estamos bastante atrasados tecnológicamente y tenemos que avanzar. Ese es el desafío que creo que viene en los próximos 10 años", sostiene Sarachaga. En ese camino se asoció con una galería e implementó el concepto de smart gallery para poder internacionalizarse y exportar. Y es que hoy las herramientas digitales permiten hacer subastas online y además la tendencia de los últimos años en nuestro país es más bien de exportación. "Mi abuelo siempre decía que las cosas vuelven a su origen", agrega.

La idea no es nueva y él lo sabe. Está convencido de que ese es el camino, pero considera que la Argentina se quedó atrás en la transformación. "No hace falta inventar nada. Hay que copiar lo que ya existe y funciona. Hay dos monstruos en nuestro sector: Sotheby's y Christie's. Facturan u$s5.000 millones al año". En cambio, el mercado local que mueve entre u$s40 y u$s50 millones. Comparado con Brasil y México, los dos gigantes de la región, el volumen también es inmensamente menor. "Los argentinos siempre creemos que tenemos que inventar todo y acá tenemos dos megaempresas que hacen un trabajo formidable y que van creciendo año a año, rompiendo récord de facturación", analiza.

La implementación de las subastas online le dio a Sotheby's y Christie's una herramienta con doble resultado. Por un lado, le dan mayor dinamismo al mercado. En tanto que también logran sortear los períodos de receso de la actividad, que son los meses de verano. También han sumado el alquiler de sus espacios a galerías y crearon institutos de enseñanza sobre arte. Todo esto refuerza sus ingresos, ya de por sí millonarios.

TIEMPOS DE CRISIS

En momentos en que el dólar vuela, el arte no está ajeno a la crisis. Si bien es cierto que funciona como un refugio de valor, una mala decisión puede costar caro. Por eso Sarachaga recomienda asesorarse con expertos antes de tomar una decisión de compra. Los clásicos siempre son una opción segura, pero un artista en ascenso puede revalorizarse con el tiempo y traer grandes beneficios. Para las casas de subasta el desafío hoy es acercar la oferta a la demanda, porque en tiempos de crisis el mercado no se mueve como antes.

"Todo el mundo cree que el arte vive del millonario, del que tiene mayor poder adquisitivo. Generalmente esas personas son el 15%, que ya tiene de todo. Le podés vender una o dos obras al año a un precio alto. Pero el mercado del arte se mueve también mucho por las cosas chicas, aunque acá se ha perdido un poco", cuenta Sarachaga, que piensa que hay que trabajar para cambiar ese preconcepto porque "el arte es para todos". E insiste: "La gente no entiende que una obra puede salir lo mismo que una cartera o un tapado. Entonces prefiere una lámina, cuando por la misma plata se podían comprar un cuadro de un buen artista uruguayo, por ejemplo. Cuesta que dejen de cree que el arte no es para ellos". Por ejemplo, en sus subastas se han vendido en el último año y medio unas 200 piezas con precios que van desde los u$s200 a los u$s500.

PASIONES

La oficina de Martín Sarachaga refleja su amor por el arte y la historia. Cuadros y esculturas decoran las paredes, acompañados de recuerdos y fotos familiares, de su padre, de su abuelo, y de sus ancestros. De hecho, tiene un grabado emblemático de la Batalla de Caseros, de la que participó el bisabuelo de su abuelo, quien fue amigo del general José María Paz. Otras de sus pasiones son el deporte, el cine, el teatro, y el vino. Pero no duda en asegurar que el momento en que se siente pleno en su trabajo es la noche de subasta. "Tres o cuatro días antes siento adrenalina y no puedo dormir. Porque las subastas se arman en función de lo que uno consigue, pero uno no sabe lo que va a tener hasta el momento en que abre la exposición. Me ha pasado que dos días antes me han llamado y vendí fuera de catálogo cuadros de u$s180.000", recuerda.

Antes, el otro momento clave es la tasación de las obras. A diferencia de su padre y su abuelo que hacían la tasación en el lugar, parados frente al artículo que alguien buscaba subastar, Martín Sarachaga prefiere un análisis más cauto, entre dos personas o más, y con debate. "Con el tiempo entendí que hay que manejar la emoción. A veces uno ve un cuadro y con la adrenalina de querer llevárselo le da un precio más alto de lo que vale. De todos modos, siempre procuramos dar una tasación que sea lo más cercana al valor de mercado", explica. La diferencia -o no- en el precio la hace en la subasta. "Yo puedo tener un apreciación de la obra, pero no puedo influir sobre todas las personas que quieren comprarlo. Mi función es tratar de que se logre un precio superior y no bajo el martillo hasta que estoy seguro", comenta. En sus 80 años de historia en el mundo de las subastas, la familia Sarachaga ha vendidos miles de obras de arte, desde cuadros hasta muebles, artefactos, libros y diversas piezas históricas. Pero las más recordadas por sus precios son dos del artista platense Emilio Petorutti: una vendida en 1993 a u$s325.000 y la otra en 2007 a u$s310.000. La próxima exposición será entre el 28 de septiembre y el 3 de octubre, mientras que la posterior subasta tendrá lugar entre el miércoles 4 y el jueves 5 de octubre.