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Tras el pacto por el brexit, los aliados amenazan a Johnson con vencerlo en el Parlamento

El premier no tiene garantías de éxito y se juega buena parte de su futuro político. Bruselas aceptó modificaciones a lo acordado anteriormente sobre la frontera entre el Uster y la República de Irlanda.

Bruselas - Consumada la firma de un nuevo acuerdo para una salida ordenada del Reino Unido de la Unión Europea el próximo jueves 31, los aliados del primer ministro conservador británico Boris Johnson, los unionistas norirlandeses del DUP, amenazaron ayer con bloquear otra vez su ratificación en el Parlamento, cuya crucial votación está prevista para mañana.

Los líderes de ambas partes cerraron ayer, tras intensas negociaciones contra reloj, un “excelente nuevo acuerdo” sobre el brexit. Tras diez días de contactos y especulaciones, Londres y sus socios europeos llegaron a un entendimiento in extremis, a dos semanas del divorcio, previsto el 31 de octubre.

El texto fue aprobado por los dirigentes de la UE en una cumbre en Bruselas. “Todo parece indicar que estamos muy cerca del final”, aseguró el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, al anunciar su adopción.

Incluso antes del visto bueno de sus pares, Boris Johnson celebró un “excelente nuevo acuerdo”. Pero, consciente de los recelos que genera en Londres, inmediatamente llamó a los diputados de su país a aprobarlo “para llevar a cabo el brexit sin más demoras”.

Hace casi un año, en este mismo lugar, su predecesora Theresa May también había logrado tras arduas negociaciones un primer entendimiento, calificado entonces como “el mejor posible”, que después fue estrepitosamente rechazado tres veces por los diputados británicos. Eso provocó que el brexit, decidido por referéndum en 2016, fuera aplazado dos veces. Ahora Johnson, en el poder desde julio, se resiste a pedir una tercera prórroga (ver página 17).

Los círculos económicos temen ante todo la posibilidad de un brexit brutal, que tendría caóticas consecuencias para ambas partes, por lo que aguardan con tensión la votación legislativa.

A priori, el texto fue mal recibido en Londres, tanto entre la oposición como entre los aliados de Johnson, lo que reavivó el fantasma del rechazo.

El acuerdo retoma básicamente lo negociado por May, pero modifica su punto más conflictivo: cómo garantizar un intercambio fluido de mercancías entre la provincia británica de Irlanda del Norte y la República de Irlanda -país de la UE-, sin necesidad de reintroducir una frontera física. Su objetivo es preservar el frágil acuerdo de paz del Viernes Santo, que en 1998 puso fin a tres décadas de sangriento conflicto en Irlanda del Norte entre unionistas protestantes y republicanos católicos, y proteger el mercado único europeo de una desleal competencia británica.

El acuerdo actual prevé una compleja solución técnica por la cual la provincia británica seguiría rigiéndose por algunas regulaciones del mercado único europeo y se mantendría de facto en una unión aduanera con la UE, aunque permanecería legalmente en la misma zona aduanera que el resto del Reino Unido.

Sin embargo, este sistema “excepcional”, que el negociador europeo Michel Barnier justificó por la “situación única” de Irlanda del Norte, choca con la férrea oposición de los unionistas noirlandeses del DUP.

Estos aliados clave de Johnson se niegan rotundamente a que Irlanda del Norte tenga un trato diferente al resto del país. Por eso, dijeron, sus diputados votarán no.

También el laborista Jeremy Corbyn, principal líder de la oposición, llamó a rechazar un acuerdo argumentando que, más allá de la cuestión irlandesa, no cambia mucho respecto al de May, y pidió un segundo referéndum. Sin embargo, no es seguro que logre mantener unidas sus filas en el Parlamento, ya que algunos legisladores provienen de distritos adversos a la UE.

Los legisladores británicos se reunirá excepcionalmente mañana, el día en que por ley Johnson debe pedir un nuevo aplazamiento de la fecha de salida si no tiene un acuerdo adoptado. Si logra que el texto sea aprobado, el carismático y controvertido primer ministro se convertiría en un héroe y se vería reforzado de cara a unas próximas legislativas anticipadas. Pero, ante la amenaza de un nuevo bloqueo y aunque el primer ministro se muestre reticente, la UE no descarta un tercer aplazamiento.

La aplicación del pacto es intrincada, lo que explica las dudas de muchos. El Reino Unido aplicará aranceles a los productos que entren a Irlanda del Norte procedentes de terceros países con los que haya concluido un acuerdo de libre comercio, siempre y cuando estos bienes no tengan como destino la República de Irlanda. Sin embargo, si esta mercancía procedente de socios comerciales de Londres está destinada también a entrar en Irlanda, y por tanto a la unión aduanera común de la UE, se les aplicarán los aranceles europeos.

Los agentes de aduanas británicos serán los encargados de verificar esa mercancía a su entrada en territorio norirlandés, separado de la isla de Gran Bretaña por el mar de Irlanda, y de aplicar el código de aduanas de la UE. El servicio de aduanas británico también se encargará de aplicar y recaudar el IVA a los productos de primera necesidad que fijará la UE tanto para Irlanda como para Irlanda del Norte, para evitar controles en la frontera entre ambos territorios. Irlanda del Norte también respetará algunas reglas del mercado único europeo como las normas sobre productos agrícolas, controles veterinarios y ayudas estatales, con el objetivo siempre de evitar una frontera en la isla.

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