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Trío de concierto y desconciertos

El grupo nació en Madrid, casi azarosamente, durante las protestas de los indignados. Hoy agotan entradas.

 "The Funamviolistas" es un trío femenino que hace música en vivo y teatro corporal, con toques de danza, acrobacia y humor. Es "un teatro muy cercano, accesible, no intelectual, con música puesta ahí donde no llega la palabra", según definen sus creadoras. El trío está integrado por las españolas Ana Hernández (reemplazada aquí por Sarai Pintado en violín), Mayte Olmedilla (viola), y la argentina Lila Horovitz (contrabajo). Luego de presentarse en España con más de 250 funciones, lo harán desde mañana durante cuatro semanas en el Maipo, los martes a las 21 y los viernes y sábados a las 23. Dialogamos con Horovitz.

Periodista: ¿El show tiene más de teatro que de música o es al revés?

Lila Horovitz:
Depende cómo se lo mire. Porque tiene música de principio a fin, con géneros a base de cuerdas que pasan por la música clásica, barroca, Piazzolla, la Pantera Rosa, algunos standards de jazz, fragmentos de música de películas. Luego es una obra de teatro gestual, donde el texto es la música. La música a veces es la voz de los personajes, a veces banda sonora de la escena.

P.: Interesante en un contexto teatral en el que cuesta escaparle a la palabra.

L.H.:
Es artesanal además. Somos de principio a fin sólo nosotras tres en escena, con una escenografía minimalista compuesta por un banco y una farola. La historia arranca cuando llegamos con telegramas de despido de una orquesta de algún país, vestidas de calle, con una valija y el instrumento. Somos tres desconocidas en un banco de plaza y ahí comienza la convivencia, primero forzada, luego nos hacemos músicas callejeras y se forja una amistad. Se crean situaciones, comemos en la calle, dormimos y hay momentos de ensoñación donde cada personaje saca afuera lo que lleva adentro. Intenta dar un mensaje esperanzador, de reinventarse en la unión con el otro para cumplir un sueño en común.

P.: ¿Tiene algo de autorreferencial?

L.H.:
Nos conocimos para un proyecto de concierto de músicos que se convertía en desconcierto; en realidad, copia a algo que se había hecho con hombres, con lo que estuvimos un mes en Shanghái y Madrid. iba bien pero nos echaron por problemas con el productor porque todo se había hecho bastante mal desde el vamos. En ese momento empezamos a ver si volvíamos a la vida del músico regular o seguíamos explorando por este camino. Ahí se sumó el director Rafael Ruiz y todo se convirtió en creación colectiva. Si bien no quiso ser autobiográfica, terminó siéndolo.

P.: ¿El proceso creativo coincidió con el mal momento económico y de despidos en España?

L.H.:
Sí, fue cuando ocurría el 15M con la toma de Puerta del Sol, la gente durmiendo en la calle y una realidad social muy fuerte de la que participamos y de algún modo quedó plasmada en esta obra.

P.: ¿Qué influencias artísticas tienen?

L.H.:
En mi caso, como argentina, Les Luthiers. Aunque aquí no hay palabra está presente ese concepto. El tango, La Fura o el Cirque du Soleil también, porque siempre tienen un puntito de riesgo y salen de lo típico. En el caso de mis compañeras, que vienen de la música orquestal, toman la vanguardia teatral y buscamos barajar las diferentes músicas. Cuando aparece Piazzolla no es sólo por mis raíces sino por la fuerza y poder que tiene. Siempre en escenas fuertes era Vivaldi o Piazzolla.

P.: ¿A que atribuyen el furor en España?

L.H.:
El show tiene que ver con situaciones con las que la gente empatiza, muestra una situación vital de manera muy novedosa. Es accesible, no es intelectual, genera emoción. Se puede ir en familia y les encanta a aquellos que estudian instrumentos porque nos ven tocar de maneras atípicas, por ejemplo, tiradas en el suelo, boca arriba, bailando, haciendo ruiditos, es decir, rompiendo las normas establecidas en el conservatorio.

P.: ¿Cómo se animaron a la gira argentina en un año de retracción económica?

L.H.:
Queríamos venir desde que empezamos, hace tres años, y se dio ahora. Sabemos que es un reto porque si nos va bien es una buena ventana y como en la Argentina nunca se sabe qué puede pasar a nivel económico, pudimos venir ahora y lo aprovechamos.

P.: ¿Repuntó España en relación a las industrias culturales?

L.H.:
Allá hay cierta solidez en cuanto a los circuitos, pudimos presentar la obra en todo el país porque hay muchos teatros. Sin embargo, hay poco presupuesto y publicidad, y si bien se consiguen entradas muy baratas, a 4 ó 10 euros, la gente no tiene el hábito de ir al teatro como en Buenos Aires. De todos modos en medio de la crisis, a nosotras nos fue muy bien. Fuimos la excepción a la regla.

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