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True Detective: un regreso a las fuentes más que necesario

Luego de una temporada que no logró estar a la altura de esa carta de presentación que fue la primera parte, los guionistas de True Detective retoman (cuatro años después) la senda adecuada para construir sobre las bases de lo que fue aquella gran pareja de detectives que compusieron Matthew Mcconaughey y Woody Harrelson. Así, en el tercer envío, Mahershala Ali y Stephen Dorff logran su cometido de dos en ese baile oscuro de miradas y preguntas que los une a la hora de personificar, en tres décadas diferentes, a dos policías encargados de esclarecer la desaparición de una joven. Con un entramado personal que incluye diferentes problemáticas personales que afectan a los propios investigadores, más la gran actuación de Scoot McNairy, como el padre de la chica en cuestión, la tercera entrega triunfa a la hora de exhibir lo más interesante del género si caer en trampas. Un trabajo lleno de recuerdos con la profundidad de una búsqueda que da resultado: un guión sólido, mejores diálogos, una fotografía incuestionable y el valor de un silencio.

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