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Trump cruzó la línea roja sobre Jerusalén y temen ya una ola de violencia

El traslado allí de la embajada estadounidense valida la ocupación y la colonización impuestas por Israel, denunció Palestina. Además, le impide instalar su futura capital en la zona este de la ciudad.

Washington - El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, revirtió ayer una postura de política exterior de varias décadas y reconoció a Jerusalén como la capital de Israel, a despecho de la indignación palestina y de las advertencias en todo el mundo sobre el peligro de que la medida desate una grave ola de violencia.

"He llegado a la conclusión de que es el momento de reconocer a Jerusalén como capital de Israel", dijo el mandatario en un discurso ofrecido en la Casa Blanca. "Israel es una nación soberana con el derecho, como cualquier otra nación soberana, de determinar cuál es su propia capital", añadió.

Trump, que confirmó haber advertido por adelantado sobre su determinación al presidente palestino, Mahmud Abás, afirmó, contrariando una visión unánime de la comunidad internacional que la misma es "una condición necesaria para alcanzar la paz".

El presidente estadounidense ordenó al Departamento de Estado que inicie los preparativos para el traslado de la embajada de Tel Aviv a Jerusalén, algo que podría tomar años en concretarse, aunque sus efectos comiencen a sentirse en el corto plazo. "Ese proceso comenzará de inmediato", aseguró, en lo que definió como un mero "reconocimiento de la realidad". Con el traslado "reconocemos lo obvio: que Jerusalén es la capital de Israel", aseveró.

"Esta decisión no busca de ningún modo reflejar que nos apartamos de nuestro fuerte compromiso para facilitar la paz duradera", dijo Trump, a la vez que anunció que su vicepresidente, Mike Pence, viajará al Medio Oriente próximamente. Asimismo, aseguró que "Estados Unidos apoyará una solución de dos Estados si ambas partes acceden a ella".

Sin embargo, los palestinos sostienen que el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel justamente dificulta la solución de dos Estados, ya que ellos aspiran a erigir el suyo con capital en el este de esa ciudad, de mayoría árabe pero sometida a un intenso proceso de colonización israelí.

El Estado judío conquistó esa zona en la guerra de 1967 y posteriormente declaró a Jerusalén su "capital única e indivisible". La situación de ocupación y colonización jamás fue avalada por la comunidad internacional. La decisión provocó una inmediata oleada de repudio, que abarcó a la ONU, la Unión Europea, países como el Reino Unido y Francia, además de la totalidad del mundo musulmán, con Egipto, Turquía e Irán a la cabeza.



"No estamos adoptando ninguna posición en ningún asunto sobre el estatus final (de las negociaciones), incluidas las fronteras específicas de la soberanía israelí en Jerusalén, o la resolución de las fronteras disputadas. Esas cuestiones deben resolverlas las partes implicadas", matizó. Asimismo, llamó "a todas las partes a mantener el statu quo en los lugares sagrados de Jerusalén, incluido el Monte del Templo" o Explanada de las Mezquitas, situado en la parte palestina de la ciudad.

"Llamamos a la calma, a la moderación, y a que las voces de tolerancia prevalezcan sobre las que transmiten odio", dijo el mandatario norteamericano, advertido sobre el peligro de que esté desatando una ola de disturbios.

Las fuerzas de seguridad israelíes ya se preparan para esa eventualidad. Ayer mismo comenzaron las consultas de oficiales para hacer frente a los posibles disturbios y el Ejército preparó "un plan con distintos niveles de alerta que se activará según sea necesario", informó el diario Haaretz.

Según este medio, varios batallones que están en estos momentos en tareas de entrenamiento y maniobras fueron advertidos de que podrían ser asignados a Cisjordania ocupada hacia fines de semana.

Las facciones palestinas declararon ayer "tres días de ira popular", desde hoy hasta el viernes, para rechazar lo que calificaron de "conspiración estadounidense contra Jerusalén".

Ismail Haniya, líder de la organización terrorista Hamás en la Franja de Gaza, llamó, por su parte, a nuevo levantamiento palestino ("intifada"). "La decisión (norteamericana) marca el inicio de una época de cambios terribles en toda la región", dijo.

Cuando la noticia ya se descontaba, varios manifestantes quemaron en Belén fotos de Trump en la noche del martes y ayer se registraron enfrentamientos leves entre grupos de jóvenes palestinos y soldados israelíes en un puesto de control militar cercano a Belén y en el campo de refugiados de Al Arub, al norte de Hebrón.

Asimismo, cientos de manifestantes se concentraron en Ciudad de Gaza y quemaron fotos del presidente estadounidense y banderas de ese país. El viernes, día sagrado musulmán, se podrían producir enfrentamientos tras el rezo del mediodía, especialmente en Jerusalén.

Agencias Reuters, EFE, AFP y DPA,


y Ámbito Financiero

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