Política

Trump detrás del alzamiento en Chile

Explicaciones al porqué de las revueltas en Chile hay muchas. No hablamos de “revuelta popular” porque los que más sufren las consecuencias del caos, la violencia y los asesinatos son curiosamente los que no están en ninguna de las fotos y videos: los más pobres de Chile. De las quince víctimas fatales al escribir estas líneas, 10 murieron de una de las formas más espantosas imaginables: quemados durante el saqueo, especialmente a supermercados, a los que podemos sumar un electrocutado, un atropellado y dos por armas de fuego – en total hay 84 heridos 8 graves, en los enfrentamientos armados entre los propios grupos atacantes y entre estos y los dueños de los comercios-. Si bien hay denuncias contra los carabineros por violencia policial, la única muerte que podría atribuírseles es las del atropellado. Es así que la propia rival del presidente Sebastián Piñera (este le ganó 54.5% a 45.4% en la elección de diciembre de 2017), la residente en Ginebra Michelle Bachelet, hoy alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y corresponsable de la actual situación después de dos periodos como presidente del país, quien más allá de alguna crítica política velada tomó un camino a dos aguas y lo más que se ha atrevido es a pedir que “todos los actos que han provocado lesiones y muerte, tanto por parte de las autoridades como de los manifestantes, sean sometidas a investigaciones independientes, imparciales y transparentes”, señalando que así como “Hay acusaciones inquietantes del uso excesivo de la fuerza por parte de algunos miembros de las fuerzas de seguridad y del Ejército”, “Además, también hay denuncias de que docenas de miembros de las fuerzas de seguridad han resultado heridos.” Y que así como “Exhorto al Gobierno a que trabaje con todos los sectores de la sociedad hacia soluciones que contribuyan a calmar la situación… También urjo a todos los que están planeando participar en las protestas de hoy y de los próximos días, que lo hagan de forma pacífica.” (http://ow.ly/PjRJ30pKPuH ).

Como en los incendios forestales, donde la clave es saber hacia dónde se dirigen para poder apagarlos, en los “incendios sociales”, también debemos saber a dónde apuntan si se quiere frenar la devastación. Lo que se dice sobre la creciente injusticia, el neoliberalismo o la injerencia de Maduro, todo o nada puede ser cierto. El problema es que ninguno de estos argumentos explica “por qué hoy” se desató el caos.

En parte esto puede tener que ver con el giro a la derecha -avisamos a los Argentinos que el mundo y América Latina también existen; no todo es Macri vs. Fernández- que estamos viendo en las elecciones de Bolivia (las acusaciones de fraude en contra de Evo Morales buscando no ir al balotaje, alguna substancia tienen), el Uruguay (donde el Frente Amplio, que hace 15 años gobierna el país, perdería en el balotaje) e incluso en Canadá (donde si bien no alcanzaron la mayoría, los conservadores fueron el partido más votado).

Más probable sin embargo es que todo apunte a continuar hasta un hecho que curiosamente quedó debajo del radar de la prensa y los analistas y que en su momento acapararía los titulares de todos los medios: entre el 16 y 17 de noviembre, se realiza en Chile la reunión de la APEC, el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico. Además de en Santiago habrá eventos en Valparaíso, La Serena, Concepción, Antofagasta, y Puerto Varas, no por nada las primeras cuatro de estas ciudades con las manifestaciones más violentas y declaradas este fin de semana bajo “Estado de Emergencia”. Si bien los temas del evento pueden ser menores y hasta parecer intrascendentes, “Sociedad digital”, “Integración 4.0”, “Crecimiento sustentable”, “Mujer, Pymes y Crecimiento inclusivo”, etc. la clave está en los visitantes.

La semana pasada Donald Trump –el único que aún no confirmó oficialmente su presencia- dijo que difícilmente firme algún acuerdo con China hasta que no se encuentre con el presidente Xi Jianping en Santiago. Vladímir Putin, por su parte, viene buscando armar una reunión con el yanqui –a la que aún no ha tenido respuesta- para discutir la situación Kurda y reducir las tensiones en Medio Oriente. A ellos su sumarán Trudeau, de Canadá, Abe de Japón, López Obrador de México y los mandatarios de otros 15 países que bordean el Pacífico, más unos 700 delegados extranjeros. Como siempre, lo importante pasará más por lo que suceda puertas adentro entre los visitantes y por lo que no se diga, que por las conclusiones que surjan del evento.

Las tensiones son claras, por parte de los manifestantes –cuyos reclamos vienen siendo blancos móviles para que el gobierno no pueda satisfacerlos- evitar que Chile realice el evento, una de las máximas manifestaciones del neoliberalismo y sus resultados -o en caso de no poder hacerlo, por lo menos monopolizar entonces las tapas de los principales medios del mundo-. Para Piñera, frenar lo antes posible el alzamiento para evitar papelones, que el evento transcurra en paz, Trump decida visitar el país y que Chile vuelva a ser el ejemplo continental. Pronóstico: nublado. ¿Vio? “La culpa” es otra vez de Donald Trump.

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