Economía

Trump presiona. ¿Hacia una política monetaria de los hechos consumados?

Según Jerome Powell la baja de la tasa de los fed funds, es una corrección de mitad de ciclo o una palmada en la espalda de una economía que goza de buena salud.

La Fed de Jerome Powell cumplió lo prometido. Rebajó un cuarto de punto la tasa de fed funds y la estacionó en el escalón de 2% – 2,25%, el mismo que regía a comienzos de diciembre. Y agregó una yapa: congeló el tamaño de su balance (en vez de achicarlo 100 mil millones de dólares los próximos dos meses). La tribuna, que el año pasado no podía conciliar el sueño porque el banco central reducía mes a mes su cartera de activos, quería más. No tanto el recorte de medio punto que se metió con fórceps en la polla de pronósticos como sí una señal nítida de que la baja de tasas no va a ser una golondrina solitaria. Ya se puntualizó que los mercados asumen un reguero de nuevas podas: no menos de dos retoques extra. Powell no lo concedió (ninguna novedad) pero ofreció una compensación que, bien meditada, es mucho mejor. Sobre todo para una Bolsa adicta a los récords. La decisión, dijo, es una corrección de mitad de ciclo. En otras palabras, una palmada en la espalda de una economía que, a su juicio, goza de buena salud por más que las disputas comerciales y la fragilidad mundial le hayan empañado la visibilidad. Una inflación sostenida por debajo de la meta de 2% permite – y amerita- la dispensa. No funcionó. Las tasas largas se desplomaron como si la intransigencia de Powell y su clan fueran el alerta del fin de ciclo. La tasa de los bonos del Tesoro a diez años que con la verba relajada del banco central del último mes y medio se había inflado hasta 2,12% cayó a 1,86%. La curva de rendimientos volvió a invertirse en la mayoría de sus tramos, y el eslabón que se resiste a presagiar una recesión, la razón de 10 años a 2 años, se aplanó a la defensiva. La ofuscación se tragó el bálsamo de la merma de tasas cortas, la primera desde 2008, y muy probablemente no la última aunque Powell no quiera garantizarlo. Déjese constancia de que el capricho es mal consejero: las podas de medio ciclo, como las que administró Alan Greenspan en 1988, 1995 y 1998, son las que tienen éxito.

El presidente Trump también se enojó. Aquí obra un ingrediente personal. Si Powell es una piedra en el camino, la culpa es suya. Él lo eligió. Él despidió, en los hechos, a Janet Yellen y lo encaramó al timón. ¿Y qué obtuvo a cambio? Oídos sordos. Me equivoqué como un aprendiz, pensará en su fuero íntimo. “Otra vez Powell nos decepcionó”, dijo el presidente. Y rápido echó manos al asunto. Con las medidas a su alcance, claro. Arrojó la tregua de Osaka por la borda (duró menos que la de Buenos Aires) y anunció la aplicación de un arancel de 10% sobre un universo de 300 mil millones de dólares de importaciones de China. Si la visibilidad no era buena, si el parabrisas se astilló, ahí va este puñetazo (y con él, la represalia china y la turbulencia de mercados azorados). ¿Y ahora Mr. Powell? Ante el hecho consumado, ¿no va a replegar más las tasas? Es así: Trump se pega un tiro en los pies para que la Fed le cure una supuesta renguera. Nadie dijo que la educación económica del señor presidente iba a resultar sencilla. Aún se recuerda la tormenta perfecta que propició sobre el filo de 2018. Allí también pulseó con Powell quien no trepidó primero en subir las tasas (el aumento que acaba de quitar) para recién luego sellar la paz. ¿Sabía la Fed que la Casa Blanca iba a retrucar así? Difícil creer que no, conociendo el estilo trumpista de apretar y pegar duro bajo la mesa antes de negociar. Si la economía resiste, si los mercados soportan el chubasco, la Fed no hará nada salvo poner cara de circunstancia. Es mejor prevenir que curar, dijo John Williams. El Congreso tiene a cargo la prevención de Trump, pero la política no le quitará la navaja de los aranceles. Dos puntos (y un cuarto) de tasa en el bolsillo son nueve cápsulas de ibuprofeno. Si Trump es un dolor de cabeza, y no más, alcanzará. Es el plan B de Powell. Si sus arrebatos (y Boris Johnson y tanta otra vicisitud) nos meten en una recesión será game over para Wall Street. La cura es incierta. La Fed anunciará otra era de expansión cuantitativa - el QE4 – pero aún con mucha credibilidad llevará tiempo hasta lograr que su balance nivele la balanza.

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