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Trump toma por asalto la escena internacional

El presidente republicano se reúne hoy por segunda vez con el líder norcoreano Kim Jong-Un, al mismo tiempo que encabeza la ofensiva contra Nicolás Maduro y decide el futuro de las guerras en Siria y Afganistán.

Washington - Reuniéndose de nuevo con el aislado líder de Corea del Norte, militando para destituir al presidente de Venezuela, haciendo volver a las tropas estadounidenses de Siria, Donald Trump va haciendo nuevos progresos en la escena internacional.

Tras pasar dos años concentrado en los asuntos internos de Estados Unidos, el presidente encara la segunda mitad de su mandato con el peso puesto claramente en la política exterior.

En este contexto, hoy se reúne con Kim Jong Un en Vietnam para hacer un seguimiento de su primer encuentro histórico el año pasado, una reunión muy buscada por el republicano, que insiste en que se creó una “buena química” entre ambos para conseguir un acuerdo.

Mientras observadores más cautos señalan que el programa nuclear de Corea del Norte permanece intacto, no hay duda de que el presidente estadounidense ignoró el manual táctico de la diplomacia con el elusivo adversario norcoreano buscando negociaciones de alto nivel cara a cara después de décadas de charlas anodinas entre diplomáticos.

Trump también actuó a su manera en Siria, de donde está sacando a las tropas estadounidenses a pesar de los recelos del establishment y de la dimisión de su secretario de Defensa.

Y en Venezuela, se encontró en la inusual situación de disfrutar de una gran alianza -que incluye a estados latinoamericanos y europeos- con la que comparte el objetivo de destituir a Nicolás Maduro, que preside una economía desmoronada que ha llevado a millones de personas a emigrar.

Aaron David Miller, un negociador veterano estadounidense en Medio Oriente que asesoró a seis secretarios de Estado, considera que los dos primeros años de Trump fueron un ejemplo de “mala práctica política y diplomática” al rechazar la forma tradicional de manejar la política exterior, que da claridad a las decisiones.

Pero Miller da crédito a Trump por haber tratado de encontrar una forma mejor de reducir la amenaza nuclear norcoreana y haber adquirido una perspectiva más clara de las misiones de Estados Unidos en conflictos como Afganistán, Siria o Libia.

“En mi opinión está desconectando a EE.UU. de guerras insostenibles e imposibles de ganar y de la noción de que el despliegue de enormes cantidades de fuerzas terrestres puede reparar” esos países, señala.

A pesar de eso Trump permanece aislado en los principales asuntos internacionales, con aliados europeos negándose a sumarse a sus sanciones unilaterales a Irán y apoyando el acuerdo de desnuclearización negociado por la administración de Barack Obama.

Los aliados tampoco están de acuerdo con la visión “America First” (“Estados Unidos primero”) de Trump en materia de defensa o en su cuestionamiento del valor de la OTAN, y el presidente está completamente aislado en su rechazo del Acuerdo de París sobre el cambio climático.

Para Trump, el escenario mundial, incluidos los apretones de manos hechos para la televisión con Kim, ofrece un bienvenido respiro cuando enfrenta una embate de presión en casa.

Washington está esperando con entusiasmo el informe del fiscal especial Robert Mueller, quien ya presentó cargos contra los principales funcionarios de la campaña de Trump relacionados con una supuesta connivencia con Rusia en las elecciones de 2016.

“Hay límites importantes sobre lo que puede lograr en asuntos domésticos, especialmente con los demócratas controlando ahora la Cámara”, dice Jordan Tama, profesor asociado de la American University que estudia la toma de decisiones sobre política exterior. “La política exterior es un área donde tiene mucho más margen de maniobra porque el presidente puede reunirse con líderes extranjeros básicamente sin restricciones del Congreso”, dijo.

Los límites impuestos al poder en Estados Unidos, incluso en el seno de organizaciones internacionales, molestan a Trump y a su asesor de seguridad nacional John Bolton. Y el presidente no duda en apoyar a regímenes autoritarios como a la Arabia Saudita del príncipe heredero Mohamed bin Salmán y al presidente egipcio Abdel Fatah al Sisi.

Tama afirma que Venezuela, donde los aliados se unieron ampliamente a la postura estadounidense de que Maduro debe irse, incluso si rechazan una solución militar, mostró las posibilidades que pueden abrirse cuando el presidente defiende los derechos humanos de manera más consistente. “El caso de Maduro muestra que cuando Estados Unidos está del lado de los derechos humanos y la democracia, puede alinearse con otros países que comparten esos valores”, asegura Tama.

Agencia AFP

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