Espectáculos

Un arte que "pone en abismo" la cultura occidental

“La condición humana es el hilo conductor de nuestro trabajo para esta exposición, que está compuesta por versiones modernas, ‘puestas en abismo’, de obras de artistas famosos y menos famosos, pero en donde quizá asoma más esa condición”, dice a este diario la pintora y teatrista María Luz Seghezzo. “Cuando me refiero a condición humana hablo de la muerte, de la angustia, de la finitud, y sobre todo de lo insólito, de lo raro que puede irrumpir en nuestras vidas sin aviso y modificarlas para siempre”.

Obras de Rembrandt, Durero, Carlo Carrá y otros artistas son recreadas en la instalación de Seghezzo, el fotógrafo y plástico Axel Jaroslavsky y las videastas Fabiana y Magalí Olivera que lleva por título, justamente, “Puesta en abismo” (expresión más francesa que española y que puede entenderse como “Salto al vacío”), inaugurada la semana pasada en la galería Central Newbery (Jorge Newbery 3599) y que permanecerá abierta hasta el 20 de este mes. Además de la resonancia filosófica del término, el título de la muestra alude al procedimiento de imbricar, dentro de una creación, otra similar o de la misma temática. Seghezzo, cuya obra fue definida por Rafael Squirru como “de resonancias metafísicas” (y, efectivamente, resuenan en ella ecos de los paisajes anímicos de Giorgio De Chirico), participa con los cuadros al óleo sobre tela; Jaroslavsky con la fotografía de gran tamaño, que se interrelaciona con la pintura (o modifica el punto de vista de un cuadro expuesto en la galería), y Fabiana y Magalí Olivera con la parte del video.

“El período histórico que abarca la muestra es enorme, va del 1300 al siglo veinte”, agrega Seghezzo. “Lo que más me interesó es resaltar, de todas las obras, aquello que puede pasar inadvertido a la simple mirada, y en donde habla otra cosa. Por esa hendidura se filtra lo importante. Tomemos el caso del ‘Gilles’ de Watteau: allí hay un personaje que, evidentemente, se siente incómodo en su traje, en su disfraz. Otro caso es el del veneciano Pietro Longhi, del siglo XVIII, que es menos conocido pero más rico para trabajar hoy. Él tiene un cuadro llamado ‘Rinoceronte’, que hizo a partir de una exposición en Venecia. Esa era una costumbre de la época en muchas capitales europeas: se exponían esos animales exóticos, nunca vistos antes. Pero lo singular es que quienes están allí para observarlos visten antifaces y parecen mirar hacia otro lado. Y otra cosa, más singular: ese rinoceronte de Longhi parece la reproducción del famoso rinoceronte de Durero, quien jamás vio un animal así en su vida, pero lo pintó a partir de las descripciones de los relatos que oía. Esto puede dar la mejor idea de lo que hacemos en nuestra exposición: la reelaboración de un objeto y el relato sobre el objeto, tratado plásticamente y, en este caso, con un ploteo fotográfico. Con una Virgen y una Magdalena de Caravaggio, con una bañista de Rembrandt hacemos algo similar”.

Cada integrante del grupo trabajó durante casi 4 años en la reinterpretación de las obras. Además, se montó un pequeño teatrito para la “escenificación” de la pintura elegida y facilitar la convivencia de las diferentes técnicas.

M.Z.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Te puede interesar

Dejá tu comentario

Lo que se lee ahora