Espectáculos

Un director porno improvisado, base de una nueva comedia

Protagonizada por Martín Piroyanksy y Nicolás Furtado, la película está ambientada en la Montevideo "gris y oscura" de mediados de los 80.

En la última década, Martín Piroyansky se convirtió en un actor de comedia que transita entre el cine independiente y el industrial. Ahora protagoniza “Porno para principiantes”, ambientada en el Montevideo de la década del 80, donde interpreta a un director de películas triple X. La coproducción entre el Uruguay y la Argentina, dirigida por el oriental Carlos Ameglio (al que algunos recuerdan por “La cáscara”, una propuesta de humor negro de hace más de una década), toma la historia de un joven intelectual al filo de casarse, al que le ofrecen dirigir un video pornográfico por una muy buena paga.

Con un futuro suegro gerente de un importante banco internacional y una novia exageradamente convencional, Javier se ve tentado por su amigo, empleado de un videoclub y especialista del género, que le presenta a un personaje por demás oscuro, que le propondrá rodar a toda velocidad con una actriz extranjera. El elenco de “Porno para principiantes”, cuyo guión fue escrito por el mismo director con Leonel D’Agostino y Nicolás Cancio, incluye a los argentinos Nicolás Furtado y Daniel Aráoz, a la paulista Carolina Manica y a los uruguayos Roberto Suárez, Nuria Fló y Danny Brechner. Piroyanski y Ameglio dialogaron con la prensa:

Periodista: ¿Cómo surgió esta idea?

Martín Piroyansky: Hace como tres o cuatro años me contactó Carlos Ameglio, que me presentó esta película con su esposa y coproductora, Mariana Secco, una idea atractiva de una comedia pornográfica en el Uruguay que no termina de serlo, pero de alguna forma interroga a ese género. Es una película en sí misma cinéfila, y eso ya me interesaba, porque es algo que todos en la industria fantaseamos con hacer, y creo que haberla presentado el año pasado en el Festival de Mar del Plata fue muy bueno, precisamente por su espíritu cinéfilo.

T.: ¿Qué fue lo que lo entusiasmó?

  • P.: La historia, el personaje, el hecho de recrear una Montevideo de la década del 80, algo completamente desconocido para mí. Una historia tan clara y sencilla, una comedia romántica al fin y al cabo, con tantos elementos que me interesaban, y creo que haber llegado al lugar que llegamos nos satisfizo a todos, sumado a un elenco impresionante con argentinos que conocía y fue un placer, y un montón de uruguayos que no conocía y me sorprendieron.

T.: ¿Había trabajado en el Uruguay antes?

  • P.: Hace años filmé un corto en la costa uruguaya, pero a la gente de allá no les cayó bien que no incluyera a nadie local, y seguramente tenían razón. Trabajar ahora en Montevideo fue distinto y afortunado, de hecho ya tengo mis lugares adónde voy a comer allí.

T.: Lo más singular?

  • P.: En principio interpretar a un uruguayo, y uno de aquellos años, en una Montevideo que no conocí, bastante golpeado y oscuro. Yo le decía al director: ‘Mirá la rambla...”, pero él no lo hacía y me decía que no quería hacerlo. Él es experto en locaciones y encontró los lugares justos en donde hacerlo, un recorte de Montevideo donde parece Europa del Este, y aun así es fiel a la ciudad. Me dediqué todo el rodaje a incorporar modismos uruguayos, su musicalidad. En Montevideo hay una energía más nostálgica. Aquí hay una neurosis para arriba, donde nos queremos ahorcar, allá el tono es más grave y enseguida aparece el ‘Tomá un mate’.

P.: ¿Era realmente así Montevideo en esa época?

Carlos Ameglio: Montevideo parecía congelada en el tiempo, como una ciudad detrás de la cortina de hierro, una época en la que todavía no se hacía cine como ahora, en la que los potenciales directores querían hacer cosas delirantes y esta misma historia podría haberse dado. En aquella época en el Uruguay éramos cinco personas las que queríamos hacer cine, una generación criada con la televisión con mucha influencia del Hollywood del 30 y del 40, y de allí esta inclusión de la ‘La novia de Frankenstein’ en la trama de video porno que pretenden hacer.

P.: ¿Qué era lo que más se hacía en ese tiempo?

  • A.: Algo así como documentales a la europea que nosotros llamábamos ‘pornomiseria’, que encuadraban imágenes tristes de pobreza y dolor, y para nosotros un momento muy delirante con gente que quería hacer películas o a lo Tarkovsky o a lo Halloween, una época con discusiones acerca de qué era mejor, si Roberto Rosellini o Tobe Hooper.

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