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Un escollo más en la vida de un político resiliente

Madrid - Llegó al poder en 2018 con una jugada de malabarista, ganó las elecciones en abril y tenía el viento a su favor para mantenerse. Pero la desunión de la izquierda tumbó la reelección del socialista Pedro Sánchez, cuya carrera ha sido una continua montaña rusa.

El líder del PSOE, un economista de 47 años, parecía haber conseguido lo más difícil el 28 de abril, cuando ganó de forma clara las legislativas españolas después de que muchos lo dieran por muerto políticamente. Pero en tres meses apenas consiguió apoyos externos más allá de los 123 de su partido y la negociación de última hora con la izquierda radical de Podemos para un Gobierno de coalición en España fracasó, haciendo naufragar su investidura.

Ahora tiene dos meses para dar vuelta la situación o tentar nuevamente la suerte con una repetición electoral el 10 de noviembre.

Su carrera política parecía finiquitada tras haber cosechado los peores resultados de la historia reciente del PSOE en las elecciones de 2015 y 2016.

Dos años después, el 1 de junio de 2018, alcanzó el poder tras protagonizar la primera moción de censura exitosa de la historia de España contra el conservador Mariano Rajoy, devorado por un escándalo de corrupción en su partido. “Hoy escribimos una nueva página de la historia de la democracia en nuestro país”, dijo entonces Sánchez, casado y padre de dos hijas, impecablemente enfundado en un traje oscuro.

La heteróclita mayoría que lo encumbró -Podemos, nacionalistas e independentistas vascos y catalanes- implosionó en febrero después del portazo de los separatistas catalanes a sus Presupuestos y precipitó la convocatoria de elecciones.

En ellas la izquierda se movilizó masivamente ante los augurios de un tripartito del Partido Popular y Ciudadanos y la nueva ultraderecha de Vox, y brindó una clara victoria al PSOE.

Las encuestas le siguen sonriendo a Sánchez de cara a una repetición electoral en noviembre, aunque una alta abstención de la izquierda tras la disputa de las últimas semanas con Podemos podría aguarle la fiesta. “Si ustedes no hacen una coalición con nosotros, temo que usted no será presidente nunca...”, le advirtió el líder de Podemos, Pablo Iglesias.

Los sobresaltos son la marca de su convulsionada trayectoria.

Sánchez, por entonces casi desconocido, emergió como líder del PSOE en 2014 al ganar las primeras primarias en la historia del partido. En plena parálisis política después de las elecciones de diciembre de 2015, ganadas por Rajoy, intentó infructuosamente formar Gobierno con el apoyo del liberal Ciudadanos y Podemos. Y después de un batacazo todavía mayor en las elecciones de junio de 2016 se vio defenestrado del liderazgo socialista en una rebelión interna.

Volvió por la puerta grande en mayo de 2017, tras haber hecho campaña en auto por toda España con un puñado de fieles para seducir a los militantes socialistas. Fue un triunfo de la obstinación que él mismo relata en un libro titulado Manual de resistencia, el primero publicado por un jefe de Gobierno español en ejercicio.

Una vez en la Moncloa, Sánchez dio sendos golpes de efecto al conformar el Gobierno más femenino en la historia y aceptar acoger a los migrantes del Aquarius cuando nadie los quería. También impulsó medidas sociales como el aumento por decreto del salario mínimo en un 22%, después de años de austeridad.

Eso sí, fracasó en la exhumación de los restos del dictador Francisco Franco de su faraónico mausoleo y en su intento de diálogo con los independentistas catalanes.

Nacido el 29 de febrero de 1972 en Madrid en una familia acomodada, hijo de un empresario y una empleada pública, Sánchez se afilió tempranamente al PSOE y fue concejal municipal de la capital española entre 2004 y 2009 antes de convertirse en diputado.

Jugador de básquet en su juventud con su 1,90 metro de altura, estudió Economía en Madrid y Bruselas. Concluyó sus estudios con un controvertido doctorado en una universidad privada madrileña, acusado de haber plagiado su tesis, algo que él desmiente insistentemente.

Agencia AFP

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