Economía

Un grave error de diagnóstico

Con una persistencia digna de mejor causa la conducción económica que encabeza Nicolás Dujovne se equivoca reiteradamente en sus pronósticos. En los últimos quedó en claro que el dólar no está bajo control, la recesión no termina y la inflación no está en baja, mientras el Gobierno simultáneamente asegura lo contrario.

Desde el comienzo de la nueva gestión se anunció una lluvia de dólares en 2016, un crecimiento sostenido por 20 años en 2017, que lo peor había quedado atrás en marzo de 2018, que la crisis que estalló en abril de ese año sólo duraría algunos meses y ahora, cuando todo se complica, se afirmaba que ya los problemas comenzaban a superarse.

Tamaña reiteración de errores no puede atribuirse a la casualidad. Analizando el discurso oficial se advierte que el problema principal es un profundo error de diagnóstico. De esa forma, no se da con el tratamiento necesario y algunos síntomas aislados son interpretados como el comienzo de la curación cuando en realidad la enfermedad continua su curso.

El fracaso de la gestión económica es evidente. Pese a todo el sacrificio de la población y el gigantesco endeudamiento que compromete a las futuras generaciones el país es cada día mas vulnerable y se sacude ante la más leve brisa que sopla sobre el mundo, más que ninguna otra nación.

La política económica además de favorecer los negocios financieros más nocivos para la salud pública, está diseñada en base a una visión del país. Dólar alto, alimentos y servicios caros, mano de obra barata y complaciente, concentración del ingreso, dar paso a un país exportador de recursos primarios y materias primas, importador de bienes industriales, sin subsidios ni políticas activas, donde la única estrategia del Gobierno sea crear la condiciones para poder bajar los impuestos. Ese es el modelo adecuado de país de acuerdo con la visión oficial. De esa forma, son las medidas que conduzcan a ese modelo las que están en el buen camino y deben producir efectos favorables.

De eso se trata “subir la montaña”, con dolor y sacrificio. El Presidente “se calienta” porque la población no se muestra dispuesta a transitar ese camino.

El problema es que el cambio propuesto no implica sólo una nueva política económica. Implica cambios mucho mas profundos. Cambios en la estructura social, en la cultura nacional y hasta demográficos, porque quizás un 50% de la población no puede ser incluido dentro de ese proyecto.

Llevarlo adelante implica un ciclo muy prolongado y doloroso donde deberá destruirse a través de una larga recesión el grueso de los sectores productivos que hoy tiene la Argentina y moldearse a través de un prologado proceso inflacionario una nueva estructura de ingresos a contramano de la historia y la cultura nacional.

El Gobierno cree que avanzando por el camino que propone se tienen que alcanzar resultados favorables porque el problema del país,según su diagnóstico, es volver a un pasado remoto y mal analizado y no apuntar al país al que aspira la gran mayoría con vistas al futuro.

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