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Un hombre sigue en busca de su sombra fugitiva

Basada en una novela del escritor romántico alemán Adelbert von Chamisso, las directoras Johanna Wilhelm y Eleonora Comelli ponen en escena una ambiciosa producción que fue éxito en la temporada anterior.

Se repuso el fin de semana pasado en el Teatro Cervantes el espectáculo familiar “El hombre que perdió su sombra”, inspirado en la novela “La maravillosa historia de Peter Schlemihl” (1814) de Adelbert von Chamisso, en la que el protagonista, a cambio de una caja con inagotable dinero, le vende su sombra a un personaje misterioso. Peter se convierte en un hombre rico pero, al no tener sombra, es rechazado por la sociedad y debe refugiarse en la penumbra de su mansión. La versión teatral, de Elenora Comelli y Johanna Wilhelm, cuenta con músicos en escena, entre ellos Axel Krygier (piano), también responsable de la dirección musical. Por su repercusión la temporada pasada se repuso ahora y se extenderá hasta el final de las vacaciones de invierno (4 de agosto). Dialogamos con una de las directoras, Johanna Wilhelm.

P.: Surgió de la convocatoria del Cervantes de proyectos para chicos. ¿Qué tiene que tener una obra para que atraiga a ese público?

Johanna Wilhelm: No pensamos en un infantil. La idea original no fue encasillarlo en teatro para chicos sino que buscamos algo que nos cerrara como propuesta para toda la familia. En cuanto a la convocatoria, fue demasiado sorpresivo que lo eligieran; era una propuesta experimental, ambiciosa, con muchas técnicas en simultáneo, toda la obra requería de mucha coordinación técnica, todo en vivo con retroproyecciones, música, coreografía, sincronismo de sombras; era realmente difícil.

P.: Pero la terminaron eligiendo, ¿qué virtudes cree que encontró el jurado y más tarde el público?

J.W.: La propuesta inicial consistía en mezclar tres disciplinas: las artes escénicas, de donde yo vengo, y soy diseñadora gráfica; la música, por Axel Krieger, y la danza, que es la especialidad de Eleonora Comelli. Creo que acertamos en apuntar a la familia, integrar a los chicos.

P.: ¿Primero fue la técnica y después apareció la novela “La maravillosa historia de Peter Schelemihl”?

J.W.: Sí, los dos retroproyectores generan sombras en el escenario, luego quisimos ver cómo se trabajaba la sombra en todas las disciplinas. Y ese cuento llega a infinitos lugares, propone recorridos y viajes, y se centra en un personaje que no tiene sombra. A partir de eso surgen varios interrogantes, comenzando por la incomodidad en la sociedad y con uno mismo.

P.: ¿Qué tuvieron en cuenta en la adaptación y puesta en escena? ¿Cómo pensaron la dramaturgia?

J.W.: Nos propusimos respetar esa estructura, tan sólida, que es la del cuento clásico y tradicional, pero a la vez añadimos los aspectos visuales, musicales y coreográficos. Eso se fue definiendo en los ensayos, no estaba pautado desde el principio y se delineó un esquema que tiene diferentes momentos, de actuación, de música y de danza.

P.: Yendo a la historia, ¿por qué el hecho de no tener sombra hace que el protagonista sea rechazado?

J.W.: Muchas situaciones hacen que el personaje se cuestione qué es la sombra, y eso se puede extender a cualquier otro concepto: qué es el alma, hasta dónde uno está dispuesto a llegar a cambio de dinero, muchas cosas. Son valores universales que se ponen en tela de juicio. El no tener sombra le genera al protagonista un cuestionamiento interior que sólo podrá resolver a través del amor, para volver a ser nuevamente él mismo.

P.: Este protagonista marginal tiene puntos de contacto con otros clásicos como “La bella y la bestia” o “El jorobado”?

J.W.: En esa época se escribieron relatos que ponen ese conflicto en cuestión así que seguramente tenga cercanía. El personaje pierde algo, y la pregunta es qué significa para él y como lo resignifica el espectador.

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