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Un intuitivo de la política que tensó a fondo la cuerda

La Paz - Evo Morales era hasta ayer el presidente latinoamericano en ejercicio que más tiempo llevaba en el poder. En un intento desesperado por evitar el colapso de su Gobierno, aceptó por la mañana la exigencia de convocar a nuevas elecciones en Bolivia, pero horas después recibió un golpe letal al conocerse el pronunciamiento de las Fuerzas Armadas a favor de su cese.

En sus casi 14 años en el poder demostró astucia política, empatía con los pobres y buen manejo de la bonanza económica derivada de la exportación de materias primas, lo que le permitió controlar un país en el que la inestabilidad política ha sido una constante histórica. Pero su polémica reelección en la primera vuelta del 20 de octubre, calificada de fraudulenta por la oposición y ayer mismo por la OEA, hizo que miles de bolivianos salieran a las calles a exigir su renuncia, hecho al que los militares sumaron su veredicto final.

Durante sus años de gestión, Morales se acompañó de chamanes que realizaron ceremonias andinas mientras él desarrollaba arengas sobre la tarima. Pero en el contexto de estas elecciones, el entusiasmo popular mostró claros signos de agotamiento.

En enero de 2006 asumió como el primer mandatario indígena de Bolivia, en medio de una ola de victorias de la izquierda en América Latina. La mayoría de sus aliados fueron quedando recientemente por el camino y Venezuela, país con el cual Morales mantiene un estrecho vínculo, está sumida en la peor crisis de su historia reciente. Pero “Bolivia es diferente, vamos bien”, decía él.

En su intento de aplacar una crisis arrasadora, ayer había aceptado lo sugerido en el informe de la auditoría de la OEA: “He decidido renovar la totalidad de vocales del Tribunal Supremo Electoral”, dijo en un mensaje televisado, al cabo de tres semanas de protestas, a las que se sumaron el viernes motines policiales. De la mano de eso, había llamado a una repetición de los comicios, pero finalmente se supo que la prescindencia militar implicaba una toma de distancia terminal con respecto a su autoridad.

El exgobernante aymara estaba empecinado en conseguir un cuarto mandato hasta 2025, un verdadero récord en Bolivia desde la independencia en 1825. Proclamó haberlo conseguido en primera vuelta, pero su proyecto terminó por desmoronarse.

La oposición le ha endilgado un carácter tozudo, que le impide reconocer errores, y de encarnar un gobierno antidemocrático que empujó al país a ser una “segunda Venezuela”. Sus seguidores, en tanto, le atribuyen el don de un ser casi infalible. Más allá de esa visiones, ha sido por años un zorro político que logró aprovechar, principalmente, la prosperidad económica, tras decretar la nacionalización de los hidrocarburos meses después de llegar al poder.

El año pasado, Morales estrenó la Casa Grande del Pueblo, un rascacielos de 29 pisos con helipuerto en el casco histórico de La Paz y que sustituyó como sede presidencial al Palacio Quemado, sede del poder político desde el siglo XIX. El edificio, contiguo a la antigua casa de gobierno, es conocido como “el Palacio de Evo”.

Este conoció la pobreza desde que nació, el 26 de octubre de 1959, en el poblado de Isallavi, en la región andina de Oruro. Fue criador de llamas y vendedor de helados, fabricante de ladrillos y trompetista de un grupo de música, y más tarde se dedicó al cultivo de coca en Chapare.

Allí se enroló en las lides sindicales, donde comenzó su carrera política en 1995, como diputado nacional. En 2002 se lanzó por primera vez a la Presidencia, ocupando el segundo lugar. Cuatro años después llegó a la presidencia tras derrotar al derechista Jorge ‘Tuto’ Quiroga, con 54% de los votos.

Morales no alcanzó la educación universitaria y tiene problemas para leer discursos en público. En sus apariciones, prefiere improvisar y repetir frases sobre la bonanza económica, la estabilidad política y los enemigos internos (derecha) o externos (Estados Unidos) que lo acechan.

El vicepresidente Álvaro García Linera, quien lo acompañó desde 2006, aseguró tiempo atrás que “el presidente Evo es la unidad del cuerpo de Túpac Katari”, un líder aymara descuartizado en 1781. Antes de ser ejecutado por rebelión, Katari lanzó su famosa arenga: “A mí solo me matarán, pero mañana volveré y seré millones”. ¿Será así?

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