Un premio de plomo
OPINIÓN
ía ir a fin de este mes a la reunión anual de las Naciones Unidas y verse obligado a dar un nuevo y baladí discurso, que nadie escucharía. La situación económica -y el pedido del presidente del Central, Luis Caputo- lo convencieron de "hacer de tripas corazón" y dar la cara ante los capitostes de los principales inversores institucionales -que a su propio pesar, vista la actual crisis económica- han apoyado con su dinero los planes de la actual administración, buscando calmarlos y tratar de convencerlos de que vuelvan a confiar en el país.

De repente, debajo de la galera salió la idea de que el Atlantic Council le entregara su "2018 Global Citizen Award" un premio a los líderes mundiales por el aporte a la cooperación internacional (el Council también otorga un premio a la Libertad y otro al Liderazgo Distinguido -que por alguna razón no le tocó fana de Boca-), que en este caso sería otorgado por la "dedicación incansable y desinteresada con su país y su gente (¿qué tiene que ver esto con el objeto del A.C.?)" y "la renovación de las relaciones con sus socios internacionales ejemplificada por la actual presidencia argentina del G-20 (esto sí vale)" del presidente argentino. En realidad, el premio no es sólo para "Mauri", sino que lo compartirá con Erna Solberg (premier de Noruega) y Hamdi Ulukaya (fundador de la Tent Partnership for Refugees).

Más allá de insuflar el ego, como ocurre con casi cualquier premio, codeándose con receptores anteriores como Bill Clinton, Justin Trudeau, Christine Lagarde, Bono, etc., la novena entrega del GCA es una buena herramienta de marketing interno: el mundo reconoce los esfuerzos de Macri por el país (los que no cuestionamos). De hecho ya se está promocionando el viaje como ir a recibir el premio, más que ir a reunirse con los inversores o hablar en la ONU.

Pero, un minuto... viendo la lista de los premiados, ¿no es que el objetivo del viaje es tratar de conseguir también una reunión y el espaldarazo de Donald Trump.?

Parece aquí que estamos ante un nuevo "faux pas" de nuestra diplomacia, o quien sea que haya gestionado el susodicho premio.

Cuando vemos quiénes son los principales aportantes al Atlantic Council, surgen dos nombres: los billonarios George Soros y Ted Turner, los más acérrimos enemigos del presidente de los EE.UU. El Council fue fundado en 1961 como un "think tank" apartidario para promover la cooperación entre los EE.UU. y Europa. Esto comenzó a cambiar durante la gestión de Bill Clinton, cuando se dejaron de elaborar estudios y los demócratas tomaron el control de la entidad. De hecho, Susan Rice, James Jones, Ann Slaughter, Richard Holbrooke, etc. saltaron directamente del Council a integrar la diplomacia de Barak Obama.

En septiembre de 2014, The New York Times -medio pro Demócrata si los hay- reveló que desde 2008 el Council viene recibiendo aportes de más de 25 países fuera de los EE.UU., incluyendo u$s5 millones de Noruega (cualquier vinculación con lo de la Solberg... ¿es pura casualidad?) que cubren el 20% de sus necesidades (pasaron de u$s2 millones por año en 2007 a u$s21 millones ahora). El objetivo de los donantes es claro: acuerdos privados para el lobby de "alto nivel" y la elaboración de "estudios favorables". El escándalo fue tanto que se propuso una nueva legislación para obligar a los "Think tanks" a que revelaran el origen de sus fondos externos, especialmente cuando sus profesionales testimonian ante el Congreso. La legislación no pasó. Desde ya que este tipo de escándalos se extiende también al sector privado, por caso los aportes de FedEx y su reporte favorable en 2016, o la campaña en contra de Wikileaks en 2017.

Pero no es este el problema para Macri (en todo caso podría ser una ventaja), sino el reconocido sesgo anti-Trump del Council. Esto va desde el apoyo a la campaña de Hillary Clinton y el esponsoreo de eventos anti-Trump a la organización de eventos en favor de Turquía (empresas turcas le aportan dinero), que han puesto en juego su calidad de entidad sin fines de lucro.

Si Macri buscaba el premio de alguna entidad norteamericana y al mismo tiempo lograr la foto con Trump, la elección del Atlantic Council no ha sido la más afortunada.