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Un Wagner desconocido deleitó al Teatro Colón

• SE ESTRENÓ EN LA ARGENTINA SU COMEDIA LÍRICA "LA PROHIBICIÓN DE AMAR"

Es posible conjeturar que, si "La prohibición de amar" perteneciera a cualquier otro compositor, su valoración en nuestros días sería muy diferente. Pero resulta que ese autor no sólo la consideró una obra menor de su producción, indigna de ser repuesta, sino que se trata de uno de los más grandes creadores de ópera de todos los tiempos. Sin embargo, basta con mirar y escuchar sin prejuicios (y en especial sin buscar en ella lo que se da en llamar "wagnerianismo") esta pieza juvenil de Richard Wagner para descubrir una obra deliciosa, sobre todo en la producción que presentó el Teatro Colón en calidad de estreno argentino.

Si, dentro del período de consolidación del lenguaje wagneriano, puede asociarse "Las hadas" al modelo de ópera alemana y a "Rienzi" al modelo de la "grand-opéra" francesa, no es difícil hallar en "La prohibición de amar" la influencia de la ópera italiana, y no sólo por su temática y carácter cómico. Justamente ahí radica parte de la dificultad de su ejecución, en especial por la agilidad rítmica que requiere y la complejidad del armado de sus ensambles. El checo Oliver von Dohnanyi logró ensamblar todas las piezas (con algunos inevitables desfases rítmicos en el estreno) y brindar una versión musicalmente llena de chispa; bajo su guía, la Orquesta Estable sobrellevó con altura una partitura nada sencilla, y los cantantes se mostraron cómodos en sus líneas correspondientes.

Desde la apertura del telón (en la que el mismo Wagner, desde la animación de un retrato posterior, va mostrando alternativamente entusiasmo y fastidio, ilustrando los sentimientos contradictorios que debió guardar respecto de esta obra juvenil), la puesta de Kasper Holten derrocha imaginación, comicidad, guiños al presente y también al universo wagneriano, como los desopilantes disfraces de la escena final. Todo transcurre en un dispositivo escénico con aires de Escher y De Chirico (obra de Steffen Aarfing, al igual que el vestuario), que se va transformando inteligentemente, sin generar cansancio visual en el espectador.

El elenco, en el que conviven excelentes cantantes invitados con algunos de los mejores elementos locales, es otro acierto. Revelación absoluta es la noruega Lise Davidsen, que pone su voz de asombroso caudal y recursos dinámicos y expresivos al servicio de su Isabella (la "novicia de Palermo" del título original). También deslumbra, por vocalidad y comicidad, el bajo Christian Hübner, delicioso Brighella, y cumplen muy bien con sus papeles respectivos el tenor Peter Lodahl (Luzio) y la soprano María Hinojosa (Dorella). Hernán Iturralde entrega otra actuación para el recuerdo, perfecto en el papel del tiránico y libertino Friedrich, y Carlos Ullán luce la belleza de su voz y su canto como Claudio, al igual que la soprano Marisú Pavón, excelente Mariana. Fernando Chalabe, Sergio Spina, Norberto Marcos y Emiliano Bulacios completan de manera notable el elenco, y el Coro Estable, a las órdenes de Miguel Martínez, cumple con su exigente parte, aunque por momentos le falte una mejor articulación del texto.

En síntesis: una realización para disfrutar de principio a fin, y una oportunidad imperdible de vivir de cerca una creación juvenil que subyuga más por sus propios méritos que por el siempre inestable universo de la valoración ajena.



="La prohibición de amar", ópera cómica en dos actos. Libreto y música: R. Wagner (texto basado en "Medida por medida" de Shakespeare). Coproducción con el Teatro Real de Madrid y la Royal Opera House de Londres. Puesta en escena: K. Holten. Coro Estable del Teatro Colón (Dir.: M. Martínez). Orq. Est. del Teatro Colón. Dir. musical: O. von Dohnanyi (Teatro Colón, 25 de abril).

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