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Una historia sencilla como la gente que describe

Sencilla y tierna, "La ilusión de Noemí es la primera obra ficcional de Claudio Remedi, alguien que hace documentales desde los albores de los 90, con registros como "No crucen el portón", "Después de la siesta" o "Fantasmas en la Patagonia", siempre acompañando la vida o sobrevida de la gente común del interior argentino.

Así también esta película, centrada en los niños de dos familias incompletas de Berisso: la hija de un obrero viudo que trabaja en el Astillero Río Santiago, y el hijo de una madre divorciada, que consigue un puesto de empleada de limpieza en un hospital de la zona. Los chicos son amigos, en esa edad donde la inocencia infantil ya empieza a sentir nostalgia de sí misma. Los padres, que apenas se conocen, sería lindo que fueran algo. Ya veremos.

No hay nada extraordinario, pero todo resuena cerca del corazón: los interiores de las casas suburbanas, el canto de las chicharras en las afueras, el recreo de la isla Paulino, los asombros ante el inmenso Museo de Ciencias Naturales y el misterioso "cofre escondido" que alienta la fantasía de las criaturas. Pero también resuena la inquietud ante el futuro, que parece amenazante en los planes de una tía abuela medio amarga, y en los ecos de una situación laboral que no mejora.

Podrían señalarse algunos desniveles de interpretación, o pequeñas cuestiones formales, propias de toda película de bajo presupuesto. Más importante es ver la belleza que hay en la mirada del autor, y en la gente que describe. Y recordar que existen muy pocas obras similares en nuestro cine. Quizá la última ya tiene 50 años, "Voy a hablar de la esperanza", de Carlos Borcosque.

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