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Una “Madre Coraje” para el mundo moderno

• JOSÉ MARÍA MUSCARI DIRIGIRÁ A CLAUDIA LAPACÓ EN EL CLÁSICO CONTEMPORÁNEO DE BERTOLT BRECHT
La obra, que consagró a actrices como Cipe Lincovsky y Alejandra Boero, tiene uno de los protagónicos más fuertes de la escena del siglo XX. La nueva versión no tendrá un marco temporal.

"'Madre coraje' y Bertolt Brecht funcionan como una enorme caja de resonancia de nuestra actualidad en cuanto a la guerra de los seres humanos por la subsistencia económica", dice José María Muscari sobre el clásico moderno que estrenará, el viernes 19, en el teatro Regio con Claudia Lapacó en el protagónico y elenco integrado por Osvaldo Santoro, Natalia Lobo, Héctor Díaz, Silvina Bosco, Emilio Bardi, Esteban Pérez, Agustín Sullivan e Iride Mockert.

La obra fue interpretada, en nuestro medio, por grandes actrices como Cipe Lincovsky (1953 y 1989) y Alejandra Boero (1971), Ahora es retomada por Muscari, quien busca volver comercial un clásico como lo hizo con las tres temporadas de "La casa de Bernarda Alba" de Lorca. Muscari tiene en cartel además "Derechas", que inauguró los mediodías en el teatro comercial (con almuerzo incluido) en el Regina, y dirige "Atracción fatal" en el Multitabarís. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Cómo vuelve hoy esta obra?

José María Muscari:
Como toda obra atemporal con el nivel de Brecht. El tema es la mezcla entre la guerra, la muerte y el comercio. Tiene la grandilocuencia intelectual, sensible y emocional de ocuparse de temas que no se circunscriben a los de su momento. Mi versión es más atemporal, como fue "La casa de Bernarda Alba", que hablaba de esa madre, esas hijas y la opresión, pero no necesariamente en España ni en el franquismo. Esta madre, esa guerra y sus hijos también hablan de las guerras de todas las épocas. Como toda obra enorme y perfecta es un cañonazo, tiene la gran inteligencia de plantear ambivalencias. Brecht no abre juicio sobre los personajes, él plantea esa necesidad económica, a esa madre e hijos en la búsqueda de las propias mejoras para la subsistencia pese a que todo va cayendo, inclusive la vida de los hijos. Muchas veces queremos estar mejor y no pensamos en las consecuencias.

P.: ¿Qué paralelo se puede establecer con nuestro presente?

J.M.M.:
Al decir guerra hablamos de algo concreto pero también abstracto y metafórico, esa guerra de los seres humanos que vivimos para sobrellevar la existencia, en el mundo y en la Argentina. Me encanta vivir acá, con todas las contradicciones que hay, pero entiendo cómo cada uno busca sacar el mejor provecho en una economía y sociedad que veo bastante similar en los últimos 40 años. Mi padre, desde que recuerdo, pelea para llegar a fin de mes, esa guerra que libran los argentinos bajo el gobierno de turno es la de que también habla Brecht, y esa madre e hijos atraviesan guerras con malarias económicas.

P.: ¿Qué huella de autor imprime a este clásico?

J.M.M.:
En primer lugar, que sea una versión atemporal es un sello bastante distintivo. Los personajes son universales, está la madre, el hijo mayor, el menor, la hija muda, la prostituta, la cocinera, el sargento, el reclutador, el predicador. Los personajes que se hacen cargo encarnan con fuerza en los discursos y les exceden las circunstancias concretas y el campo histórico. Los pocos que ya la vieron se divierten, se emocionan; creo que esa atemporalidad genera que el espectáculo repercuta sobre el espectador y su presente. Que la protagonista sea Claudia Lapacó, que cuando aceptó escribí pensando en ella, y que el elenco sea éste, también es una decisión. Empecé a pensar cuál era la madre coraje que podía hacer ella y no me equivoqué.

P.: ¿Y cómo es esa madre coraje de Lapacó?

J.M.M.:
Es una de las actrices que entra en el aura de la excelencia. En mis 25 años de director me pasó sólo con Norma Pons y con ella. Es una actriz que hace tres meses recibió el libro y 15 días antes de ensayar me llamó porque tenía algunas dudas. Sabía el texto de memoria en su totalidad, el primer ensayo marcó una excelencia y entrega. Entiende que este desafío puede llegar a ser consagratorio para su carrera. Su nivel es indiscutible. Nunca imaginé que una actriz hiciera todo lo que hace, en el marco de la emoción, vulnerabilidad, desparpajo, potencia y carnalidad. Es un personaje desmesurado y a la vez con muchísima conciencia conceptual. Creí que lo que había vivido con Norma Pons era el techo, pero con Claudia volví a emocionarme, algo que no me ocurre mientras trabajo.

P.: ¿Se representan tantas obras clásicas como le gustaría?

J.M.M.:
Hay muchos clásicos por hacerse pero depende de la forma en que se hagan para que llegue de manera feliz al espectador. Me encanta estrenar en el Regio después de "Un enemigo del pueblo" o de "Blum". En mi recorrido personal fueron tres años de éxito con "Bernarda Alba", cuando era impensado que un Lorca actuado por actrices populares se convirtiera en éxito comercial; no hay antecedentes en el mundo, me animo a decir. De modo que este desafío de hacer Brecht es una gran oportunidad para que mucha gente que nunca lo leyó, vio o escuchó, pueda acercarse a una versión cotidiana pensada para un público que nunca fue al teatro.

P.: ¿Se siente tan experimental como cuando comenzó?

J.M.M.:
Sí, cuando hice "Bollywood" llamé a un casting del que participaron 5000 personas, hicimos un espectáculo a la gorra con 50 actores en escena que reinauguró el teatro IFT, cuna del teatro judío, cuando estaba a punto de cerrarse. La obra lo volvió a poner en circulación y fue mi reencuentro explosivo con el circuito alternativo. La experimentación sigue estando. Agarré un hit como "Atracción fatal" e hice una versión con una relatora como Ester Goris, conté esta historia 30 años después en versión feminista, porque me sería imposible contarla en la versión machista en que fue filmada, así que tuve que imprimirle mi sello, bajé de 30 actores de la película a sólo 9 y un cuerpo de baile. La experimentación se filtra todo el tiempo en mi trabajo, inclusive en las obras comerciales.

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