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“Una nota bien tocada es igual a toda una orquesta”

• DIÁLOGO CON EL NOTABLE CANTAUTOR URUGUAYO FERNANDO CABRERA
Músico de culto para el público porteño, volverá a actuar el viernes próximo con su guitarra y su estilo despojado y austero, en el teatro Xirgu. Presentará “432”, su disco más reciente, con el que ganó premios en su país.

Solo con su guitarra. Así será la nueva presentación en Buenos Aires del cantautor uruguayo Fernando Cabrera. Será un show despojado, austero como la personalidad misma de este artista que desde hace cuatro décadas trabaja sus canciones con un criterio artesanal, minucioso, quitando todo exceso, eligiendo la palabra precisa, la nota justa. Un revival de aquellos conciertos íntimos que compartió alguna vez con trovadores como Mateo y Darnauchans.

Cabrera ya es un músico de culto para el público porteño. Artista y seguidores tendrán posibilidad de reencontrarse la noche del próximo viernes en el Teatro Xirgu, en San Telmo, geografía que remite también al barrio viejo de Montevideo donde Cabrera vive como un vecino más. Viene a presentar "432", su disco más reciente con el que ganó premios en su país y que fue editado en la Argentina por Acqua Records. Tiene una docena de composiciones propias que refieren, como el propio Cabrera indica, al amor y el desamor, al paso cotidiano de la vida.

Como en sus canciones, Cabrera habla bajo y pausado, evita las estridencias. Transmite serenidad. Desborda amabilidad. Hace apenas una hora y media que se bajó de un avión en Aeroparque y se entrega a responder preguntas y reflexionar frente a este diario y otros medios invitados a una ronda de café o vino, según las preferencias, en el primer piso de una emblemática disquería de Corrientes y Callao. "Yo edito mis canciones como si fuera un periodista que trabaja un texto, sacando cosas, viendo qué hay de más", dice. "A veces uno pone mucho en un primer momento, sea por adrenalina o por ego. Luego, cuando lo analizás en frío ve que puede estar sucio o sobrecargado. Y ahí empiezo a sacar cosas. Recorto una introducción, bajo lo que está muy fuerte, quito algo que estaba sonando y así salen a flote otras cosas. Luego eso que sacás, lo volvés a poner más adelante y generás otra sorpresa. Eso se logra apenas con sacar y poner, y así va respirando la música."

Periodista: ¿La austeridad como estilo es una elección?

F. C.: Tengo una tendencia a la economía, a no subrayar, a no poner énfasis, a tocar menos notas en la guitarra. De repente una sola nota, si está en su lugar, tiene el volumen adecuado y está tocada con sentimiento, es lo mismo que una orquesta entera. No hace falta poner 400 saxos y 200 tambores, el efecto puede ser el mismo. Editar es aligerar. Algunas canciones nacen breves y no necesitan ser editadas, ni estiradas ni agregarles una introducción. Me pasa con mis microcanciones. Si tiene que durar 20 segundos que dure lo que tenga que ser, si ya está todo dicho.

P.: ¿Hay algo que lo condicione al momento de componer?

F. C.: Mantengo la posición limpia del compositor, que no le importa quién lo va a escuchar. Hace su obra. Después si tengo la suerte de que a alguien le guste, bienvenido sea. Un país pequeño y pobre como Uruguay, que nunca va a tener un mercado interno fuerte, nunca va a suceder que un artista se va a hacer millonario. Es imposible. Eso nos da una libertad de decir qué me importa lo que digan, hago lo que quiero y chau.

P.: ¿Cómo encara el proceso creativo?

F. C.: No busco los temas de las canciones, los temas me llegan. Siempre estoy a la espera, a la expectativa que caiga de la mente un título, una idea, algo que me emocione. Cuando algo me conmociona, me pongo a escribir. Antes que la música está el texto. Poetizo eso que me surgió. Puede ser una anécdota, algo que ví en la calle, algo que me cuentan de otra persona, el argumento de una película.

P.: ¿Y nunca le pasó que la inspiración no llegue?

F. C.: Me puedo pasar seis meses sin que se me ocurra nada. O un año. Y me entro a preocupar. Pero me di cuenta de que no vale la pena buscar, hacer el ejercicio de levantarse a las ocho de la mañana y ponerse a escribir. Cuando me he forzado a hacer eso nunca salió nada interesante. Y al revés, cuando soy visitado por la inspiración, ahí pareciera que el agua corre.

P.: ¿No tiene miedo a repetirse?

F. C.: No es pecado repetirse. A veces es simplemente insistir con un concepto estético que uno desarrollo, un lenguaje, un estilo. Tampoco hay que tener la locura de que cada cosa nueva que hagas no se parezca en absoluto a lo que ya hiciste. Es imposible. Cuando uno encuentra sus herramientas las usa. Todo depende también de la creatividad de cada uno. Si tenés más formación eso te permite lograr más variedad. Si no tenés formación y te manejás solo con la intuición de la juventud es más probable que al cabo de un tiempo se te agoten las ideas.

P.: ¿Qué tienen común y qué diferencia a cantautores uruguayos como Jaime Roos, Jorge Drexler, Leo Maslíah, Fernando Cabrera, Martín Buscaglia, entre tantos otros?

F. C.: Es curioso, venimos todos del mismo lugar pero somos todos distintos entre sí, lo que nos indica que de ese lugar surgen artistas muy originales. Cada uno es una escuela. Y esa escuela muere con cada uno. No hay otro Leo Maslíah, no hay otro Mateo. Cada uno redondea una estética personal, no somos integrantes de una corriente. Es algo muy propio de la música uruguaya, aunque ahora está más estandarizada pero tiene talentos como Buscaglia, que tiene una gran originalidad. Y lo que hace no se parece a nada. Y lo mismo pasa con los que nos precedieron. Porque Zitarrosa no se parecía a Los Olimareños, y ellos no se parecían a Viglietti. Y Viglietti no se parece a Dino. Cada uno es un mundo.

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