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Una oportunidad para lograr nuevas orientaciones en el Banco Mundial

Al instituirse un nuevo liderazgo en el Banco Mundial a raíz de la sorpresiva renuncia de su presidente surge la oportunidad de que el banco de desarrollo multilateral más grande fortalezca su impacto global. Más allá de la lucha en erradicar la pobreza, este debería trabajar con sus países miembros en hacerle frente a peligros provenientes del cambio climático, brechas crecientes de desigualdad de ingresos y obstáculos en liberalizar el comercio mundial. Dicha agenda podría estancarse si el candidato a la presidencia de la institución propuesto por la administración norteamericana, David Malpass–subsecretario del Tesoro, fuese nombrado primordialmente para darle marcha atrás a esfuerzos en contrarrestar el cambio climático a la vez de restringir el ascenso de China en la economía global. Su candidatura refuerza la tradición de que un ciudadano norteamericano lidere el Banco. Esa manera de escoger al jefe de una agencia multilateral y la de un europeo liderando el Fondo Monetario Internacional es sumamente defectuosa debido a que ambas instituciones asesoran y estimulan a sus países miembros a establecer sistemas de gobernabilidad basados en méritos y competitividad.

La gran pregunta que surge es si el Banco, una institución gigantesca en el área del desarrollo con 189 países miembros y 15,000 profesionales, está en condiciones de elevarse por encima de la política y aprovechar las cambiantes circunstancias. Como el Banco enfocará dicho desafío tendrá consecuencias trascendentales debido al peso dominante de sus operaciones de préstamos–$67 mil miles de millones en el 2018. La América Latina y el Caribe recibió la más alta proporción de préstamos no concesionales mientras que el África superó todas las regiones en préstamos concesionales. En los últimos 70 años (1945-2015), Brasil se convirtió en su segundo cliente en importancia con un monto combinado de ambos tipos de préstamos–con la India catalogada como el primero mientras que México, Argentina y Colombia constituyeron el cuarto, séptimo y décimo respectivamente. Argentina recibió $30.6 miles de millones.

Evaluaciones independientes de desempeño han señalado éxitos y fallas del apoyo del Banco a países miembros. Durante el último cuarto de siglo la pobreza extrema cayó en más de la mitad, con Asia del Este liderando la reducción en pobreza mundial, a la vez que América Latina y el Caribe registró un progreso sólido. La desigualdad de ingresos en la región cayó (de altos niveles) mientras que ésta aumentó en Asia del Este. El apoyo en liberalizar el comercio internacional y reformar mercados contribuyó al crecimiento y reducción de pobreza. A la vez el Banco debería sentirse responsable por el costoso descuido del medio ambiente que acompañó los costos del crecimiento. Una preocupación sobre Malpass, quien ha sido escéptico en cuanto al impacto de políticas y acciones relacionadas al tema del clima, es que no apoye planes de prestar $200 miles de millones en los próximos cinco años para contrarrestar el deterioro proveniente del cambio climático.

La agenda de desarrollo de un banco global se enfoca mejor al hacerle frente a problemas globales “públicos” tales como el deterioro ambiental, deficiencias en salud básica y educación y brechas en infraestructura, áreas en las cuales el sector privado invierte insuficientemente. Por lo tanto el Banco debería jugar un papel clave en hacerle frente a ellos – siempre y cuando su apoyo sea eficiente y efectivo. Para mantenerse relevante este requiere combinar financiamiento con experiencia en resolver problemas provenientes del rápido proceso de urbanización, cambios demográficos alarmantes, altos niveles de desigualdad de ingreso y cambio climático. Mejorar la gobernabilidad y hacerle frente a la corrupción constituyen “balas de plata” para progresar en esas áreas. Su participación en discusiones con gobiernos sobre políticas públicas junto a su habilidad en proveerle soluciones a problemas implica que tiene la capacidad para ayudar a resolverlos.

Una manera de adecuar al Banco para hacerle frente a la nueva ola de desafios, irrespectivo de quien esté al frente del mismo, sería fortaleciendo su junta directiva con líderes en el área del desarrollo a raíz de su peso intelectual y político para contribuir a balancear la gestión del presidente. El presidente entrante heredará una organización altamente capaz con un personal experimentado con conocimientos profundos en múltiples áreas. Para cumplir con su mandato el Banco deberá reenfocarse a resolver problemas críticos de orden público en el ámbito global, mezclar su oferta de financiamiento con conocimiento y ampliar su cobertura para convertirse en una institución de desarrollo verdaderamente global.

* Antiguos funcionarios del Banco Mundial.

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