La gestión del presidente de Uruguay, Yamandú Orsi, tiene un 24% de aprobación y un 57% de desaprobación, según la última encuesta de la consultora Cifra.
El incremento del rechazo personal hacia el presidente se registró tanto en el electorado opositor como entre los simpatizantes del Frente Amplio.
El estudio señala que la simpatía hacia Orsi retrocedió al 41%, mientras que la antipatía trepó al 47% en la medición de octubre.
La gestión del presidente de Uruguay, Yamandú Orsi, tiene un 24% de aprobación y un 57% de desaprobación, según la última encuesta de la consultora Cifra.
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El relevamiento muestra un freno en la recuperación parcial que había registrado el mandatario en agosto y confirma que la evaluación de su gobierno continúa en niveles bajos. De acuerdo con el estudio, un 13% de los consultados no aprueba ni desaprueba la gestión, mientras que un 6% no tiene opinión. Los resultados corresponden a una encuesta nacional telefónica realizada entre el 30 de setiembre y el 12 de octubre, sobre una muestra de 800 personas en todo el país.
La evolución de la opinión pública muestra un deterioro de la imagen de gestión del presidente desde el segundo semestre de 2025. La aprobación había aumentado hasta alcanzar el 43% en setiembre del año pasado, pero desde entonces comenzó a retroceder.
En junio de 2026, la proporción de personas que aprobaban la gestión cayó al 20%, mientras que la desaprobación trepó al 65%. En agosto se registró una recuperación parcial, ya que la aprobación subió al 26% y la desaprobación bajó al 57%. Sin embargo, la última medición muestra que esa mejora perdió impulso. La aprobación retrocedió dos puntos porcentuales, hasta el 24%, mientras que la desaprobación se mantuvo en el 57%. Según Cifra, la variación de la aprobación está dentro del margen de error de las encuestas.
La evaluación de Orsi presenta fuertes diferencias según la identificación política de los encuestados. Entre los votantes del Frente Amplio (FA), la mitad aprueba la gestión del presidente y un 28% la desaprueba.
Entre los votantes de la Coalición Republicana, en cambio, el rechazo alcanza al 83%. La desaprobación también predomina entre quienes no declaran o no recuerdan su voto: más de dos tercios cuestionan la gestión y apenas un 8% la aprueba. Los datos reflejan una marcada división política en la evaluación del gobierno, con un respaldo más concentrado entre los votantes oficialistas y un rechazo extendido entre los de la oposición.
La encuesta también distingue entre la evaluación de la gestión y los sentimientos personales hacia Orsi. En este último indicador, un 41% declara simpatía por el mandatario, frente a un 47% que expresa antipatía.
La simpatía cayó dos puntos porcentuales desde agosto, cuando alcanzaba el 43%. La antipatía, por su parte, aumentó cinco puntos en el mismo período, desde el 42% hasta el 47%. El crecimiento del rechazo personal se observa tanto entre los votantes de la oposición, donde la antipatía subió cinco puntos, como entre los del oficialismo, donde aumentó seis puntos en los últimos dos meses.
La comparación histórica de Cifra ubica la aprobación de Orsi entre las más bajas registradas para los presidentes uruguayos desde comienzos de siglo. Según la consultora, solo Jorge Batlle, durante la crisis económica de 2002 y sus consecuencias, registró niveles inferiores.
Orsi perdió 16 puntos de aprobación entre su primer y segundo año de gobierno. La caída es menor que la registrada por Batlle, que perdió 19 puntos entre 2000 y 2001, y por José Mujica, cuya aprobación retrocedió 20 puntos entre 2010 y 2011.
No obstante, Cifra advierte que el punto de partida de Orsi fue diferente al de sus antecesores, porque asumió con una aprobación relativamente baja y con una proporción importante del electorado que todavía no había definido su posición frente al mandatario. La consultora considera que, si no se producen cambios significativos, la evaluación presidencial podría mantenerse en niveles similares a los actuales. Para revertir la tendencia, señala la necesidad de medidas que generen confianza y expectativas positivas, así como de avances concretos en materia económica y de inversiones.