Corte Comedor propone en Belgrano una forma integral de trabajar la carne, desde la selección y maduración hasta el trabajo de carnicería y la cocción a las brasas. Dirigido por el chef Santiago Garat —formado junto a Francis Mallmann— el restaurante integra la Guía Michelin Argentina 2026.
Ubicado en una esquina de Belgrano, Corte Comedor funciona desde 2018.
Ubicado en una esquina de Belgrano, Corte Comedor funciona desde 2018 a partir de una premisa que va más allá de la parrilla tradicional: conocer el producto, aprovechar sus distintas partes y encontrar para cada una la elaboración más adecuada. La cocina está dirigida por el chef Santiago Garat, mientras que la carnicería completa el proyecto con cortes, embutidos y preparaciones propias. El restaurante fue incluido entre los recomendados de la Guía MICHELIN Argentina 2026.
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El salón acompaña esta manera de entender la gastronomía, con techos altos, mesas sin manteles y una ambientación descontracturada, alejada de los códigos de un restaurante solemne. En la etapa final del proyecto intervino la diseñadora Eme Carranza, mientras que la carnicería, aunque no está directamente expuesta al salón, forma parte del mismo espacio y de la identidad de Corte.
El recorrido puede comenzar con opciones para compartir, como el tartare, las croquetas de asado, la provoleta con morrones, aceitunas y orégano o las mollejas. Suma también una selección de embutidos (chorizo criollo, morcilla criolla, morcilla vasca, patagonzola, salchicha parrillera de cerdo, merguez y chistorra) y no faltan los chinchulines y el trío de chorizos.
Con una cocción que se realiza exclusivamente con leña de quebracho, la parrilla ofrece desde cortes conocidos hasta piezas menos habituales: entraña, ceja y centro de ojo de bife, paillard de lomo, matambrito, asado de centro, asado banderita, pulpón de vacío, bife de vacío, ojo de bife y bife de chorizo. La carta incorpora, además, carnes maduradas, como el medio bife madurado y el ojo de bife con hueso, junto con especiales que pueden variar según el producto disponible.
Los vegetales tienen un lugar propio y una selección que cambia según la propuesta de la cocina. Entre las ensaladas aparecen el berro con crema de cajú, choclo ahumado y uvas; la rúcula selvática con cheddar inglés y chips de ajo; las remolachas orgánicas con yogur y sumac; las berenjenas con yogur y cilantro y los verdes con vinagreta de miel y mostaza. Como guarniciones, hay alcauciles baby a la meunière, zanahorias asadas con labneh ahumado y manteca especiada, topinambur frito, calabaza ahumada con manteca avellanada y cheddar y brócoli asado con alioli de porotos fermentados, entre otras opciones.
Para el final dulce, la carta ofrece torta vasca, flan con crema, Nemesis, quesos artesanales con dulces de la casa, profiterol con helado de flan y helados de stracciatella o sambayón con frutillas. Las bebidas, por su parte, van desde aperitivos clásicos hasta cervezas Cavalchini, limonadas, vinos y opciones sin alcohol.
Fuera del salón, la carnicería completa el concepto con cortes y elaboraciones propias, siguiendo la misma lógica que atraviesa el restaurante: conocer la carne, trabajar cada parte según sus posibilidades y llevar ese producto a la mesa.