La Federación Rural advirtió que la suba del precio del gasoil volvió a presionar sobre los márgenes de la producción agropecuaria, en un momento clave para el calendario agrícola.
Aunque la gremial reconoció que el ajuste responde a la paridad de importación del petróleo, remarcó que el aumento actúa como un ancla en medio de precios agrícolas deprimidos.
Con el gasoil en alza y un endeudamiento que creció más de 12% en el último año, el sector agropecuario pide revisar las cargas fiscales y el tipo de cambio.
La Federación Rural advirtió que la suba del precio del gasoil volvió a presionar sobre los márgenes de la producción agropecuaria, en un momento clave para el calendario agrícola.
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El presidente de la gremial, Rafael Normey, señaló que el incremento de unos 4 pesos, equivalente a aproximadamente 7%, impactó directamente sobre la rentabilidad de los negocios agropecuarios y de las cadenas industriales que utilizan el combustible como insumo. En diálogo con Radio Montecarlo, Normey reconoció que el aumento era una consecuencia esperable de la evolución internacional del petróleo y de los precios de paridad de importación. Sin embargo, remarcó que se trata de una mala noticia para el sector porque agrega costos en una actividad que ya enfrenta márgenes "extremadamente finos".
"En realidad, en este caso es una mala noticia, complica los resultados económicos del sector agropecuario", sentenció, aunque aclaró que el incremento estaba relacionado principalmente con la evolución internacional del precio del petróleo y de los combustibles.
La suba del gasoil coincidió con el comienzo de una etapa de intensa actividad agrícola, ya que Normey señaló que actualmente se encuentran en marcha las siembras de maíz de primera y arroz, mientras que en aproximadamente un mes comenzaría la siembra de soja.
Al mismo tiempo, el sector se prepara para las cosechas de los cultivos de invierno, entre ellos canola y carinata. En ese contexto, el incremento del combustible se suma a un escenario de precios agrícolas que, pese a cierta recuperación durante los últimos meses, continua siendo relativamente deprimido, según la evaluación de la gremial.
Para Normey, el problema no está solamente en el aumento puntual del combustible, sino en la combinación de mayores costos con el atraso cambiario, que consideró un "ancla permanente" de la rentabilidad del sector. "Hoy los márgenes agrícolas están extremadamente finos", insistió. El dirigente sostuvo que la situación está dificultando tanto el crecimiento como el sostenimiento de algunas actividades agrícolas y señaló que esa realidad puede observarse en la evolución de las áreas cultivadas y también en el aumento del endeudamiento del sector.
Normey también puso el foco en el endeudamiento agropecuario, que según señaló aumentó más de 12% en el último año. En ese marco, planteó una diferencia, entre el crédito utilizado para invertir y expandir la producción y aquel que se toma para cubrir las necesidades corrientes.
"Cuando (el crédito tomado) es para ir pedaleando y ver cómo hacer para seguir, creo que eso es bastante complejo y puede llegar a ser nefasto", explicó. En ese sentido, vinculó el aumento de la deuda con los niveles de inversión de la economía uruguaya y planteó que la inversión se encuentra en torno al 16%, un nivel que consideró apenas suficiente para mantener las estructuras existentes.
A partir de esa combinación, Normey sostuvo que una proporción importante del crecimiento del endeudamiento puede estar vinculada a una situación de mayor fragilidad financiera y no necesariamente a inversiones destinadas a ampliar la capacidad productiva.
El presidente de la Federación Rural también se refirió al proyecto de Ley de Competitividad que se encuentra en discusión en el Parlamento. Normey calificó al proyecto como positivo y aseguró que apuntaba "en la dirección correcta". Sin embargo, planteó que el nombre de la iniciativa debería ser Ley de Desburocratización, porque, a su entender, el proyecto se concentra principalmente en aspectos regulatorios y de simplificación, mientras que los principales problemas estructurales de competitividad permanecen fuera de su alcance. Entre ellos mencionó el atraso cambiario, los costos de la energía, las cargas fiscales que enfrentan las cadenas productivas y las relaciones laborales. "Todos los ejes centrales de la competitividad no pasan por esta ley", sostuvo.
Normey señaló además que la Federación Rural había realizado algunas observaciones durante la discusión parlamentaria pasada y destacó particularmente los aspectos vinculados al Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA). De todos modos, remarcó que la evaluación definitiva dependerá de las modificaciones que pudiera incorporar la Cámara de Diputados.