Vaivenes en la asociación industrial militar

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La sociedad estratégica con Brasil en materia de producción militar tiene las mismas idas y vueltas que los cambios en el signo del Gobierno nacional. Argentina parece herir de muerte los proyectos que podrían impulsar a estándares internacionales la capacidad instalada de las empresas del sector.

En marzo de 2016, macrismo en el poder, el ministro de Defensa Julio Martínez, recibió al entonces embajador de Brasil, Everton Vieyra Vargas, se analizaron iniciativas para avanzar en acuerdos entre la Fábrica Argentina de Aviones (FAdeA) y la empresa brasileña Embraer.

Uno de los objetivos planteados por Martínez fue la posibilidad de llevar a cabo “la fabricación de conjuntos de aviones de combate Gripen”.

El amor estratégico se esfumó cuando en 2016 la Fuerza Aérea Argentina decidió incorporar 12 aviones T-6C Texan II fabricados por el grupo estadounidense Beechcraft cerrando el paso a la alternativa del Super Tucano de Embraer, relevo natural del batallado Tucano. El Super Tucano por diseño, ataque ligero, encuadra en misiones de control fronterizo que el Texan II no puede cumplir porque la versión incorporada carece de armamento. La preferencia criolla por el aparato de Beechcraft produjo efectos nocivos en la declamada integración de la producción para la defensa con Brasil, se leyó como un retroceso en la confianza.

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