Espectáculos

Varsavsky : "Japón es el único país donde el comunismo funciona"

Un texto provocador y desafiante, que sostiene que el hiperdesarrollado país asiático se ha deshumanizado en muchas cosas, como en el amor.

¿Cómo es el futuro que nos está mostrando la hipermodernidad de Japón? Para saberlo, Julián Varsavsky viajó nuevamente a la nación insular del Pacífico, se hospedó en hoteles cápsula atendidos por robots, asistió al campeonato mundial de fútbol de robots, se sumergió en shopping sexuales, recorrió la cultura del porno y la del cosplay, el manga, el animé, y descubrió que tras el tecnocapitalismo japonés late una poderosa sacralidad milenaria. El recorrido de Varsavsky derivó en el libro “Japón desde una cápsula. Robótica, virtualidad y sexualidad” (Adriana Hidalgo editora). Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UBA), sus crónicas aparecen en National Geographic, Anfibia, Lonley Planet, y ha editado “Corea, dos caras de una misma nación”. Dialogamos con él.

Periodista: Hace 50 años el economista Simon Kuznet dijo que había países desarrollados, subdesarrollados, y Japón y la Argentina. ¿Somos esas dos excepciones en el mundo?

  • Julián Varsavsky: Ya no es así, si es que alguna vez lo fue. Japón es un mundo aparte, un capitalismo aparte. Pero ya no está solo, es parte del Este asiático, donde el modelo económico es casi idéntico. Están enmarcados por raíces muy profundas en común, el confucionismo y el animismo, con religiones inspiradas en la naturaleza. En un seminario al que asistí, un economista explicó que Japón es el único país en el que el comunismo funciona. Hasta los 90, en que tuvieron la explosión de la burbuja comercial, había un Estado hiperpresente. Y un modelo empresarial en que la empresa protegía mucho a sus empleados, les daba casa, cuidaba su vida. Se podría decir que había una especie de comunismo empresarial.

P.: Eso suena más a China que a Japón...

  • V.: Japón fue la vanguardia del “modelo tigre asiático”. Llamado así por la ferocidad con que desarrollaron su capitalismo. Corea del Sur y China fueron sucesivamente los que siguieron ese camino. Uno de los aspectos más atractivos de estudiar en Japón es que el capitalismo tomó caminos diferentes de los del capitalismo occidental. Una de las explicaciones es la raíz milenaria, confuciana. Confucio pensó hace 2570 años un modelo ético para el manejo de la burocracia estatal, del Estado, del gobierno, que sigue omnipresente, que ha sido política de Estado en las dinastías coreana, china y la única japonesa, y que está instalado en el inconsciente colectivo, en el techo del imaginario de la gente. Esto es fundamental para entender ese mundo. La mirada confuciana implica que el sujeto se disuelve en el mundo, que el grupo está por encima del sujeto. Esto viene de la cultura del arroz. El trabajo en los arrozales para funcionar no puede ser sino colectivo. El individuo es un engranaje, por lo tanto está subsumido, entrega su libertad, conscientemente o no, así funcionan las cosas. A nosotros nos ven individualistas porque para nosotros el sujeto está antes que el grupo. Esto lo notó Lévi-Strauss en “La otra cara de la luna”. En Japón opera el qué dirán, la vergüenza antes que la culpa, uno está permanentemente autocontrolándose porque hay que comportarse como el grupo espera que nos comportemos en función del lugar jerárquico que ocupemos en esa sociedad profundamente meritocrática. Si esto se respeta, se mantiene uno de los ejes fundamentales de Confucio y el Taoísmo, la armonía en las relaciones sociales, familiares, grupales, laborales; en el país mismo. Si uno se comporta como debe todo va a funcionar armoniosamente, la familia va a estar bien constituida y el Estado y el imperio van a ser sólidos. Es una sociedad autoritaria desde el punto de vista nuestro, pero ellos lo ven como lo natural, la armonía como la felicidad en el orden.

P.: ¿Los hikikomoris son la rebelión a eso?

  • V.: Son jóvenes que se encierran en su cuarto durante años con la estrategia del caracol. No se rebelan. Es inconcebible una rebelión en una sociedad colectivista, confuciana. Dicen: yo no puedo. Han vivido el bullying. Han sentido la presión familiar. El poder de los padres es fuertísimo. Está orientado a un sacrificio sin límites en función del estudio, la preparación a una vida laboral silenciosa, de ser soldado corporativo con jornadas muy largas y absoluta sumisión a los jefes. Se exige no salirse del molde cultural y productivo. Los más débiles, en sentido darwiniano, dicen basta. Byung-Chul Han explica que el sujeto de rendimiento narcisista entregado al éxito que fracasa, en vez de rebelarse se deprime. Más de un millón de japoneses, 10 por ciento de la juventud, se encierra en su cuarto y la madre le deja en la puerta la comida como a un perro. Es una sociedad con tasa decreciente de natalidad, donde se tiende a no formar pareja, donde se envejece más y no hay quien cuide a los ancianos, por eso es política de estado la tecnología robótica para cuidar ancianos.

P.: ¿Qué pasa con el amor y el sexo?

  • V.: En eso también Japón es vanguardia. La oferta digital del amor Tinder ha abierto una oferta infinita de otros y otras. El sujeto inmerso en el panóptico digital, hipernarcisista, entregado al voyeurismo y al exhibicionismo, dedicado por entero al rendimiento, convierte al otro en objeto. La idea de productividad lleva hasta en esto a maximizar el rendimiento. En la sociedad de la transparencia se ve todo. Según Byung-Chul Han es una sociedad porno donde se pierde el erotismo y, por tanto, es la muerte del amor. Así como ha sido positivado el trabajo sacándole toda idea de explotación, el mismo el amor ha sido positivado y ha perdido todo riesgo de felicidad y de dolor, de la herida de un final. En ese universo es fácil pasar de un objeto a otro. O pasar a objetos de carne, a muñecas, a robots sexuales, didlos de todo tipo, máquinas masturbatorias, felateras, etcétera. En una sociedad ya no poder ir hacia el otro, exteriorizar nada, los géneros están muy separados desde el kindergarten, se suple lo reprimido por un mercado de fetichismo donde se pueden ir a comprar bombachas sucias de adolescentes, de adorar idealizadas niñas puras intocadas por hombres de más de 30 años que simulan ser la novia; hay alquiler de novios y de novias, de falsa esposa e hija que se les paga por venir a cenar una vez por semana. El como si todo se volviera real, la copia se vuelve pornográficamente real, más real que lo real.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

  • V.: Luego de escribir sobre Corea, sobre Japón, estoy proyectando un nuevo viaje a China, una investigación para escribir a partir de la raíces de la tradición ancestral sobre la China de hoy.

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