Economía

Wall Street confía en su buena estrella (y en la cintura de la Fed)

Trump es una cantera de peligros. La Bolsa confía en la muñeca de Powell para evitar la recesión como hasta ahora. Pero nadie es infalible.

Guerras hay para elegir: la consabida del comercio que enfrenta a EE.UU. con China (con el resto del mundo en lista de espera), una flamante de monedas (el presidente Trump contra Mario Draghi, del BCE, por su insistencia en promover el estímulo monetario) y otra en pañales con Irán, se diría un conflicto bélico convencional, con barcos petroleros envueltos en llamas, y en ascenso luego de que Teherán derribara un dron de Washingnton en su espacio aéreo. Trump ordenó una respuesta militar contundente pero se arrepintió diez minutos antes que sus aviones ejecutaran la misión. Lo suyo es subir aranceles y otras bravuconadas, no matar gente inocente. De manera sinuosa, y en todos los frentes, la paz prevaleció. Y Wall Street facturó el claroscuro entre la guerra y la concordia con nuevos récords del S&P 500 (+ 17,7% en 2019).

El presidente Trump sembró una vorágine de tuits que echaban fuego, pero, entre ellos, filtró una conversación por telefóno con su par chino, Xi Jinping. No es usual que muestre sus cartas de antemano cuando son de paz. Ahora se sabe que ambos líderes tendrán “un encuentro extendido”, probablemente el sábado, en la Cumbre del G-20 en Osaka. A la manera de Buenos Aires, pero con objetivos más modestos. Nadie espere un acuerdo. La tregua servirá para retomar las negociaciones interrumpidas. Gentileza del presidente, cuando la Fed resolvió dejar las tasas cortas sin cambios -y no ceder a la presión de la Casa Blanca- conocía esta información crítica.

Mucho ruido

El Banco Central Europeo (BCE) es mucho ruido y pocas nueces, según lo juzgan los mercados. Por eso Mario Draghi, su titular, tiene que machacar para que le crean (y en octubre se va). El BCE hará lo que haga falta para zafar del atolladero, inclusive bajar las tasas (medida no muy eficaz cuando ya están en -0,4% y puede complicar los números de la banca). El presidente Trump, que tiene oído de tísico para el conflicto, embistió de lleno contra la iniciativa. Le critica a Draghi lo que le pide a Powell (nadie es profeta en su tierra). Es la reacción calcada de Guido Mantega, ministro brasileño, cuando alertó en 2010 sobre la guerra de monedas (que no fue). El asunto está saldado en la comunidad del G-20. Contestaron Draghi, Akusaba (Banco de Japón) y hasta el mismo Powell: los bancos centrales no persiguen un objetivo de tipo de cambio. El estímulo monetario no es lo mismo que una intervención cambiaria. La liquidez se expande. Y más allá de su impacto sobre los precios relativos, sus efectos benignos no son tampoco sólo de cabotaje, derraman sobre la economía internacional.

Todos los reflectores en la reunión de la Fed. Trump, que no cree en el cambio climático pese a ser un gran creador de climas, dejó saber que en febrero analizó el despido de su “mala selección”, Jay Powell (luego lo negaría on the record). El presidente bombardeó la Fed, pero sin alterar su determinación. Se resolvió no innovar.

Es verdad sí que las proyecciones del banco central abren la puerta a una rebaja de tasas antes de fin de año. La realidad las respalda y es más, parecería darle la razón a la mitad de la institución que favorece dos recortes. Es curioso: esa mitad opina pero no tiene voto en 2019, salvo el disidente Bullard. Los mercados aplaudieron el gesto de independencia. Y, ya se consignó, establecieron nuevos máximos en Bolsa. El dólar, dicho sea de paso, ablandó su cotización. Seamos francos, Trump no tiene de qué quejarse. Nunca es bueno que a tu cirujano de cabecera le tiemble el pulso.

Paradoja

¿Cómo explicar que la zozobra y los récords marchen de la mano? No es un secreto, es la paradoja del posicionamiento pesimista extremo. En su sondeo de inversores institucionales, BAML detecta la visión más sombría “desde la Gran Crisis Financiera”, diez años atrás. Razones para el escepticismo abundan -y la prudencia aconseja acotar la exposición a las acciones. El S&P500 cree en su buena estrella aunque puede acabar estrellado. Y nadie podrá alegar sorpresa. La economía está tocada, no hundida. Trump es una cantera de peligros, y si los demócratas le sacan ventaja en las encuestas, más todavía. La Bolsa confía en la muñeca de la Fed para evitar la recesión como hasta ahora. Pero nadie es infalible.

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