Economía

Wall Street festeja, de cumbre en cumbre

Wall Street está de celebraciones. Se sabe: las cumbres le sientan bien. El cónclave de entrecasa, la reunión de la Fed, dos semanas atrás, le habilitó una ascensión a récords flamantes. Allí Powell & Cía confirmaron dos materias pendientes: la independencia del banco central (bajo asedio de Trump vía tuiter intenso) y un horizonte de reducción de tasas de interés (aunque más atenuado que el que anhelan el presidente y los mercados; y sobre todo, condicional a los rigores verificables del camino). La casa está en orden, y en manos sensatas. Así, la paz monetaria le ganó en junio a los tambores de la guerra comercial. En gran forma. El S&P500 subió 6,2% en el mes, lo que no acontecía desde 1955. El Dow Jones –como el Nasdaq– se elevó 6,9%. Y se debe retroceder hasta 1938 para hallar guarismo mejor (sepamos que además rige la maldición del Sell in May). Es mérito mío, tuitea Trump, el campeón del conflicto. Es virtud de la credibilidad que retiene la política monetaria, dirán otros. Y del moral hazard –riesgo moral– se podría añadir: supone ignorar el deterioro de la economía global (y de los EE.UU.) y confiar en el put de la banca central. Todos llevan algo de razón. La potencia del salto de las acciones nace de un efecto de pinzas. La sobrepoblación de bears (la principal contribución del presidente) –no vista desde la crisis de Lehman, según Bank of America Merrill Lynch– y su posicionamiento negativo extremo, a contramano del giro de los acontecimientos, operó como un resorte. Es la necesidad de cubrirse (su urgencia y magnitud) el motor del imprevisto festival de la Bolsa.

La cumbre internacional del G-20 acompaña la fiesta. La tregua de Osaka sucede a la tregua de Buenos Aires tras el breve temporal que desató en mayo la caída del borrador de un acuerdo. Trump escaló la confrontación no sólo porque aumentó los aranceles (y prometió una nueva tanda hasta gravar casi la totalidad de las importaciones chinas) sino al atacar a la yugular de Huawei con la prohibición de hacer negocios que le aplicó a las firmas de EE.UU. Ahí China cortó todas las vías de comunicación. El mundo se arregla con poco. Ya no hay un acuerdo comercial a la vista (por más que el secretario Mnuchin diga lo contrario). Esa era la inspiración de la tregua de Buenos Aires: extender los tiempos hasta estampar la firma. La tregua de Osaka es minimalista. Sólo apunta a reanudar las conversaciones. Y así aliviar las tensiones. Nadie espera hoy una paz definitiva. Lo importante es el cese de las hostilidades. Que lo diga el propio Trump, aunque como nunca lo dirá, lo escribiremos aquí. Cedió en todas sus pretensiones a los reclamos que impuso Xi Jinping. El emblemático caso Huawei (o la disputa por la primacía en el negocio del 5G) se resolverá recién cuando finalicen las tratativas de comercio. Quedan sin efecto, pues, todas las restricciones a sus operaciones. A cambio, China comprará más productos agrícolas a los EE.UU. (anulando así su represalia más eficaz) y en gesto de buena voluntad ya despachó la orden por 544 mil toneladas de poroto de soja, la mayor transacción desde marzo. En las sombras, Xi Jinping (quien visitó Pyongyang antes de la cumbre) facilitó la foto de Trump cruzando la frontera de Corea del Norte para saludar a Kim Jong – Un, souvenir muy deseado por la Casa Blanca. ¿Cuánto durará la tregua? Los líderes pidieron minuto como en el básquet, pero necesitan más tiempo para que sus economías tomen aire. El mundo agradecido. La pausa no podía ser más oportuna. El comercio internacional acusa el golpe. Malamente. Su volumen se contrajo 0,2% en el primer trimestre, y en abril 0,7% (siempre contra el período precedente). Y esos números son de cuando regía la tregua de Buenos Aires. ¿Cuánto durará el armisticio? Lo que le dicte a Trump su agenda electoral. No debería haber prisa por desmontarlo.

¿Piedra libre para las acciones? Qué más se puede pedir. A la paz monetaria se suma ahora la tregua comercial. Una situación “win -win”, si no fuera porque la mejoría financiera le quita presión a la intervención de la Fed. ¿Querrán Powell & Co. ahorrar munición convencional y postergar la meneada baja de tasas prevista para fin de mes? Ello le quitaría el sueño a los mercados. La respuesta es no. Habrá recorte en julio, pero ninguna garantía de que la procesión no se detenga allí.

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