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Wall Street frente a la sombra del fin de ciclo

Las compañías nunca ganaron tanto dinero. Los balances de las firmas que componen el S&P 500 exhiben un salto interanual del 23% en las utilidades por acción del primer trimestre. Desde 2010 que no se asistía a una tromba de rentabilidad comparable. Nadie lo diría mirando las cotizaciones de Wall Street, titubeantes. El terrible Kim Jong - un resuelve suspender su programa de misiles nucleares, y hay que leer una y otra vez la prensa porque la Bolsa no acusa recibo. Que trascartón anuncie con su par de Seúl la paz de las dos Coreas parece que no importa. Es una proeza de estirpe reaganiana del presidente Trump que permite el manso retiro del elefante enfurecido en el bazar pero Wall Street no lo registra (para peor, tampoco los sondeos de opinión en Washington). Y abundan las señales de distensión en el tuiter presidencial (salvo con el exdirector del FBI, James Comey). Se agradece al amigo (sic) Xi Jingpin sus buenos oficios para hacer entrar a Kim en razones, se habla de organizar junto a los vecinos de México y Canadá la Copa del Mundo de Fútbol 2026. De repente Trump es como Roberto Carlos y tiene un millón de amigos. Mejor así, aunque la diferencia no cotice en pizarra. El comercio internacional y la inversión subyacente resentían la política del cowboy atropellador. En cambio, podrán convivir con un baladista.

Las ganancias corporativas bullen rotundas. La baja de impuestos consagrada en Navidad hizo click, caja. No sólo las utilidades crecen más allá de lo esperado, también las ventas. Los ingresos si mantienen el patrón de los informados hasta el momento excederán el umbral de las expectativas previas por el mayor margen desde 2008. En paralelo las tensiones geopolíticas dan un giro de campana en el principal foco de crispación de 2017. Y allí se involucran no sólo las dos Coreas, también China y Japón, como mínimo, ya que los misiles son de largo alcance. En enero, sin ambas constancias, Wall Street vivió la fiesta inolvidable. Escalaba con ganas, y enhebró en el mes una sucesión impresionante de récords que a su vez quebró un récord de 54 años. Enero fue así un gran año para la Bolsa. ¿Dónde está hoy el paso de los toros? Ausente por completo. Desfila la oportunidad por su delante y no hay ánimo de montarse. "Decí por Dios qué me has dado, que estoy tan cambiado", se lamenta el tango.

De la corrección súbita de febrero el primer revés de más del 10% en dos años se salió con tanta rapidez como se tropezó. Lo que mudó fue la mentalidad. Y conste que no rige el pánico ni siquiera cuando la tasa larga hizo campamento fugaz por arriba del 3% - sino un temor moderado. Miedo que no es zonzo, y apunta a buenas razones. Trump y la poda de impuestos azuzan a una economía en pleno empleo, y la FED de Powell (en principio, otra creación suya) no observará impasible. A la par, jugar con los aranceles del aluminio y el acero, y con cuotas de importación y cierre del comercio, atiza una incipiente inflación de costos, muy presente en el cuadro que transmiten las empresas cuando hablan de sus negocios. Jerome Powell promete dureza y no la mano de seda de Yellen (porque heredó el timón pero otro contexto). Los balances son estupendos, sí, pero ¿por cuánto tiempo más? Si se recalientan los precios de insumos y mano de obra, FED mediante, la inflación se combatirá con cargo a una reducción de márgenes y actividad. De ahí la nueva preocupación: ¿cuán cerca estaremos de un fin de ciclo? Es fácil excederse y cometer un error en terreno tan resbaloso, y la edad avanzada del mercado alcista y el ciclo económico, ambos nacidos en 2009 y crecidos generosamente, aconseja no agitar las ramas, que podrían quebrarse. Cuando Charles Evans de la Fed de Chicago una "paloma" -avisa que la pendiente de la curva de rendimientos no lo inquieta como dos meses atrás, aunque se haya aplanado, y no será obstáculo para subir las tasas evidencia el peligro. Si los balances y una paz ansiada pasan así, sin pena ni gloria, qué urgencia habrá en mayo justo mayo para dejar el palco y saltar al ruedo. Que no hay mal que por bien no venga y los excesos de valuación en Wall Street cayeron en vertical. Ya tocará ser efusivo si Powell acierta con su faena.

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