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Wall Street merodea récords, pero demora el abordaje

No hay recesión en la costa. ¿Será fatiga? Si el problema es la masa crítica, esta semana 155 compañías mostrarán sus números.

Wall Street merodea los récords, se estaciona a centímetros, pero demora el abordaje frontal. El S&P 500 escaló 23,8% a partir del piso de la corrección de diciembre -tras caer casi 20% desde los máximos, al filo mismo de un mercado bear- y subió 15,9% en 2019. Vigor y actitud no le faltan. ¿Qué lo separa de los récords? Nada. Un avance extra de 0,9%. Que se hace esperar, dicen los impacientes. La ambición manda por sobre el temor, apuntan todas las mediciones de sentimiento del inversor. Cash disponible sobra (como hace notar Larry Fink, el CEO de BlackRock, la principal administradora de fondos del mundo) y ya comenzó a verterse a la Bolsa (que se catapultó sin usarlo ni necesitarlo para nada). ¿Por qué Wall Street atropella pero se frena justo en las alturas límite de septiembre pasado? ¿Vértigo? ¿Prudencia? ¿Fatiga? ¿O, quizás, ninguna razón en especial? Sin recesión a la vista, la mera inercia, con una pizca de tiempo, ya se ocupará de correr el mojón.

Vaya el pronóstico de Fink: las acciones se aprestan a un estallido alcista de la mano del efectivo que “quema” en las carteras por la baja de los rendimientos. Tres elementos se conjugan allí. El súbito cambio de postura de los banqueros centrales que canceló todo atisbo de agresividad, en particular, la Fed y el BCE; las cantidades récords de cash acumulado y la escasez relativa de activos financieros “seguros” en materia crediticia que prometan rentabilidad. En efecto, circulan bonos por más de once billones de dólares de valor nominal cuyo retorno esperado hoy se ubica por debajo de cero. El hombre fuerte de BlackRock anticipa que las cuentas minoristas dejarán a un lado sus prevenciones y volverán a demandar papeles de Bolsa, donde tienen módica exposición. Así se verifica en las dos últimas semanas, aunque con mesura. Lástima que el registro de otras predicciones hechas por Fink no sea alentador. Su timing es dudoso. En los picos de 2017 y 2018, Fink soltó frases de igual tenor (“El cash está matando tu cuenta de inversión”) como prólogo de sendas caídas pronunciadas. Es de desear que la tercera sea la vencida.

La prudencia no está de más. Los peligros son muchos, y la visibilidad ralea. En principio, desde que la Bolsa apostó por ir a buscar los récords, a mediados de marzo, la economía dio muestras de recuperación. Esta semana añadió un par. En el mercado de trabajo, los pedidos iniciales de subsidios por desempleo se redujeron a 192 mil semanales, el piso de los últimos 49 años (en los que, por supuesto, la fuerza laboral aumentó). Las ventas minoristas, por su parte, crecieron 1,6% en marzo, su mayor salto desde septiembre de 2017. El consenso no esperaba más de 1%. No todas fueron rosas, por cierto. La producción industrial cayó en el primer trimestre lo que tampoco sucedía desde el tercero de 2017 (ya se dijo, aquí golpeó la incertidumbre comercial que fogonea Trump). Con todo, la economía se relanzó. El pronóstico en tiempo real de la Fed de Atlanta que vaticinaba un aumento de sólo 0,3% (a principios de marzo) ahora marca 2,8%. ¿Demasiado? Nos parece que sí. Pero la dirección del cambio es creíble. Fuera de EE.UU., China se las arregló para crecer 6,4% en el primer trimestre contra viento y marea (incluyendo la marea naranja del asedio de Trump). No hay frenazo brusco (cortesía de una dosis mayúscula de estímulo fiscal, que tampoco hubo magia).

Data en mano, la Bolsa podría ir por más. No hay recesión en la costa. Si no lo hace, ¿será fatiga? La valuación es alta, los balances son mediocres, las ganancias por acción declinarán, y ello quita piernas. El volumen transado, por caso, se redujo pari passu con el alza de precios. A su manera, no confirma la salud del avance. Si la tendencia se mantiene será el abril menos operado desde 2013. Quizás haya que esperar que más balances blanqueen una contribución positiva. Si el problema es de masa crítica, esta semana asoma crucial: 155 compañías mostrarán sus números. Si aprueban el examen como lo hicieron los bancos, no debería hacer falta nada más.

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