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Wall Street, bajo presión: ¿la tercera será la vencida?

El 2017 fue espectacular para Wall Street. Clavó una andanada de récords, trepó el 20% y no registró nunca un desliz superior al 3%. En 2018 vuela todavía más alto. Y el mercado bull -que arrancó en marzo de 2009 como el Ave Fénix de entre las cenizas - se consagró en agosto como el de mayor duración de la historia. Pero no todas son flores. El avance se abre camino en un recorrido muy accidentado. Dos correcciones -una en febrero y otra en abril- forzaron caídas bruscas de más del 10% desde los máximos. La recuperación fue plena, podía decirse, después de un rotundo tercer trimestre (el mejor desde 2013) que habilitó récords para toda la paleta de índices de la Bolsa (de compañías pequeñas, medianas y grandes). Sin embargo, octubre cambió el paso. Y la merma del S&P 500 orilló, en el peor momento, el 7%. Merodea otra corrección y la pregunta es obligada: la tercera, ¿será la vencida? ¿Empezó la cuenta regresiva del mercado alcista?

En febrero, la inflación y los aumentos salariales encendieron la luz amarilla. El Congreso de los EE.UU., en diciembre, había aprobado la reforma tributaria de Trump -recortando impuestos sin podar el gasto, haciéndole un guiño a una fortísima ampliación del déficit fiscal por los próximos diez años-, y una economía que se asomaba pujante exacerbó la sensibilidad. En abril, Trump agitó las aguas con el anuncio de la aplicación de aranceles a la importación de acero y aluminio. En el medio, la nueva dirección de la Fed -con Jerome Powell en reemplazo de Janet Yellen- estrenó una retórica agresiva. Cuatro subas de tasas de interés cortas en el año -y no tres como señalaba el mapa de puntos que nos legó Yellen- se colaron en la escena, a instancias del flamante conductor. El ascenso en paralelo de las tasas de diez años -a más de 3,10%- promovió un tembladeral que, de paso, sacó a la Argentina de la cancha. Con templanza en las instancias críticas, y un tropel de ganancias empresarias, Wall Street zafó del brete. No hubiera podido si la inflación -que por fin arribó a la meta del 2%- se erguía en exceso. Y el celo férreo de Powell & Compañía terminó de convencer a los inversores no sólo de que no habría fisuras sino que sus espaldas estaban así mejor cuidadas. Y cuando en agosto estalló la "guerra" de comercio con China, Wall Street -a diferencia de Shanghái que se sumergió en una fase bear, con declive superior al 20% desde los máximos de enero- interpretó que se trataba de una negociación áspera y no una confrontación a gran escala.

¿Qué motoriza el tercer traspié del año? ¿Cuál es el problema? Jay Powell volvió a tensar su discurso público. No es que la Fed prometa más dureza en el corto plazo, la hoja de ruta inmediata no cambió, pero alertó sobre la fuerza del andar económico, su convicción de que persistirá (sin apagarse como sugiere el mercado de bonos) y la necesidad entonces de perseverar también en la política gradual de aumento de las tasas de interés. El mensaje: estamos lejos de una tasa neutral, y habrá que ir más allá. A la par, las noticias del comercio -la noción en boga de que, pese a todo, Washington irá a un choque frontal con China- aguijonean la ansiedad. "La Fed enloqueció", brama Trump. La tercera, pues, ¿será la vencida? Si de veras de Powell y Trump depende, no lo será. La Fed propone un canje beneficioso para la Bolsa. Dejar correr a una economía robusta y en pleno empleo a cambio de un ascenso suave pero sostenido de las tasas cortas de interés, extender el ciclo económico tomando el reaseguro de dicho contrapeso monetario. ¿Y qué precisa? Tasas largas más altas que permitan elevar las cortas sin invertir la pendiente de la curva de rendimientos (y que de paso quiten otro motivo de inquietud). Trump chilla porque Powell le arruina el asado en la antesala de las elecciones del 6 de noviembre. En ese sentido, si le preocupa llegar bien perfilado debería desactivar la disputa comercial que él mismo promueve, y que tanto desvela al mundo de los negocios. La semana pasada, cuando los voceros de la Casa Blanca resucitaron la idea de un encuentro con el presidente chino Xi Jinping en la Cumbre del G-20 en Buenos Aires, Wall Street respiró aliviada. Es bueno saber que el "put" de Trump está en la guantera.

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