Edición Impresa

Wall Street ya se imagina la película de los récords

El cassette del mandamás del banco, Jamie Dimon, es plenamente compatible con el rally de las acciones. La Bolsa se lanzó al ruedo como el Llanero Solitario, y ahora lo sigue su amigo Toro.

Wall Street y otro escape de película. Conste que no cambió la sala, sino la cartelera. De petrificarse con una cinta de terror -la inversión de la curva- pasó a un estreno de Disney. Y a los inversores el nuevo servicio de streaming les gustó tanto que la acción de la compañía de entretenimiento saltó 11,5%. Y todo por dos dólares, los que se ahorraría por mes un suscriptor si lo elige en vez de Netflix (-4,5%). En general, la programación mejoró. Sin preaviso. Y la Bolsa viró del cine catástrofe a la aventura. La temporada de balances, por caso, arrancó el viernes con tres hits bancarios que no se esperaban. El drama anunciado en los avances no se presentó. JP Morgan fue otra gran estrella en pantalla. Aportó récords de ingresos y de utilidades netas. El papel escaló 4,7%. Wells Fargo y PNC Financial Services (+3,1%) arrimaron resultados superiores a lo que vaticinaban los analistas. El humor del público se relajó, pero no compra cualquier guión. Wells Fargo (que concretó su balance más rentable desde 2014) redujo su proyección de ganancias para el año fiscal en curso, y no la tuvo fácil: cayó 2,6%. Aun así, las maltratadas acciones financieras -el índice S&P Financial- subieron 1,9%, un buen augurio de un sector que si se ausentase del rally sembraría graves dudas sobre su viabilidad, pero que a la par sufre sobremanera las tasas bajas y la curva de bonos plana. Que los precios del petróleo sostengan el alza es otro género taquillero (aunque responda en buena medida a recortes en la oferta, y no refleje el correlato de una mayor demanda global). Que Chevron se lance a la caza de Anadarko (con una propuesta valuada en 33 mil millones de dólares) sugiere que la actividad de fusiones y adquisiciones corporativas también podría sumarse a la resurrección de los animal spirits.

A la noticia bomba de Disney hay que añadirle otra novedad poderosa proveniente de las antípodas. Una recuperación pujante del crédito bancario en marzo en China arrasó con la preocupación que provocó su merma en febrero. La economía de Beijing es una caja negra difícil de descifrar. Pero es la tercera golondrina que se lanza al vuelo desde allí. Primero, se divisó una recuperación en el maltrecho índice PMI de manufacturas, y ahora sendos repuntes robustos en las exportaciones y la concesión de nuevos préstamos. ¿Serán rebotes de gato muerto, vigorosos en apariencia sólo por haber caído antes de gran altura? Es temprano para emitir dictamen. Son muchos shocks los que tironean a China. No obstante, como las autoridades respondieron a la anemia creciente de la actividad económica (y al ahogo por la disputa comercial) con una batería de estímulos fiscales y monetarios, bien podrían ser los brotes verdes iniciales tras la susodicha intervención. Si se revisa el desempeño de la Bolsa de Shanghái, la hipótesis se refuerza; se advierte una recuperación potente que se las arregló para quebrar una madeja de resistencias inmediatas, y ahora atravesó con éxito una línea de tendencia bajista que databa de 2015.

JP Morgan alimentó el entusiasmo por partida doble. Con un balance constructivo puesto en la mesa y la verborragia de su mandamás de alto perfil, Jamie Dimon, a modo de sobremesa. Esto último, por completo fuera de agenda. “La expansión de la economía de los EE.UU. puede continuar por años”, sostuvo Dimon, que no es economista pero no deja por ello de ser influyente. En octubre, su banco le adjudicaba una chance altísima -60%- a la ocurrencia de una recesión en el período 2019-2020. Y el pronóstico se elevaba a 80% hacia 2021. Eran lecturas más corrosivas que las provenientes de los modelos más citados (como los de la Reserva Federal). La opinión de Dimon da así un vuelco rotundo. No niega que una recesión pueda acontecer, pero “no necesita producirse ni en 2019 ni en 2020 ni en 2021”. En un mercado ultrasensibilizado -recordar el temblor que provocó la fugaz inversión (parcial) de la curva de bonos- la voz del CEO es un canto de sirena. ¿Qué puede saber Dimon que ignoren los demás mortales? Cuenta con la información granular y en tiempo real sobre los negocios que se adquiere en el día a día de la gestión de un banco de primera línea que opera en todo el mundo. Lo más valioso: su cassette es plenamente compatible con el rally de las acciones. La Bolsa se lanzó al ruedo como el Llanero Solitario, y ahora lo sigue su amigo Toro. Y Goldman Sachs que rebajó su previsión de recesión a 10% en otra señal de convergencia. Desde ya, Dimon no es el oráculo de Delfos. ¿O acaso nadie recuerda sus pronósticos al alza de las tasas largas de interés trepando siempre a medida que la Fed izaba las suyas? El año pasado, supo ver tasas de 10 años en viaje a niveles de 4% (y más tarde 5%). También guardó esas profecías.

Ya se dijo aquí, Wall Street tiene los récords metidos entre ceja y ceja. El índice S&P500 está a 1,1% de los topes de septiembre de 2018. Será bueno verificar, si los balances renguean (como se espera), la disposición de ponerle el pecho a las balas. Pero con una Fed de brazos cruzados, la debilidad momentánea debería subsanarse con el “buy the dip”, la sensación de oportunidad. Wall Street no se rendirá sin antes embestir. Querrá probarse, saber si es capaz de clavar su banderín a mayor altura todavía.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario