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¿Y si probás?

La posibilidad de obtener fondos o de participar en proyectos de inversión de manera colectiva tiene sus orígenes a fines de la década de los 90. Según datos del Banco Mundial, se estima que el crowdfunding generará un mercado de u$s96 mil millones para 2020.

Se pueden invertir montos chicos en proyectos grandes, usando la tecnología para que el inversor común acceda a oportunidades antes vedadas a un grupo selecto. Esta práctica puede tomar varias formas: se utiliza para fondear proyectos e ideas nuevas (Ideame en Argentina es un ejemplo) promoviendo el emprendedurismo y permitiendo acceso al capital. Otra aplicación muy exitosa en la Argentina y en el mundo es el crowdfunding con el objetivo de otorgar préstamos, lo que en la industria se conoce como P to P Lending, y que se resume en privados prestando dinero a otros privados a través de una plataforma (en ese espacio se encuentra Afluenta, por ejemplo).

Una alternativa que ofrece el crowdfunding es el apostar al sector inmobiliario. Hoy por hoy, desde la Argentina esto es posible a través de una variedad de ofertas. El real estate es un tipo de inversión conservadora, que tiende a mantener su valor en el tiempo, o incrementarlo con el crecimiento de las economías. Las principales barreras de entrada eran -hasta ahora- tener un capital importante para invertir, y los altos costos de transacción en la transferencia de los inmuebles. Según datos del Banco Central de San Francisco, entre 1870 y la actualidad, las inversiones en real estate residenciales en los 16 países más ricos del mundo tuvieron rendimientos similares a una cartera diversificada en acciones, pero con la mitad de la volatilidad. En ese sentido, apostar a inversiones en real estate, a través del crowdfunding, se convierte en una alternativa conservadora, aunque segura y estable a través del tiempo.

(*) Directora de Bricksave

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