Economía

Y un día la gente volvió a votar por el bolsillo

El Gobierno apostó todas sus fichas a polarizar. Se jugó un pleno, sin tener en cuenta la situación económica. El mensaje de las urnas golpeó en el corazón de Cambiemos.

El mensaje de las urnas atronó en el corazón de Cambiemos. Es que en el oficialismo estaban convencidos de que una vez más la gente llegaría al cuarto oscuro con la idea de apoyar “el camino” elegido por la Casa Rosada. “Sangre, sudor y lágrimas” para de una vez por todas poner de pie al país, un eslogan no escrito, pero declamado puertas adentro.

En 2015, una sumatoria de circunstancias hizo que el cambio se expandiera por toda la Argentina. En 2017, en la elección de medio término la gente volvió a apostar por el rumbo. En el Gobierno se durmieron en la comodidad del piloto automático. Pusieron el “camino” por encima de la realidad del hombre de a pie con la promesa “de la Argentina de los próximos 20 años”.

Antes de la difusión de los datos oficiales, Mauricio Macri mandó a dormir a los argentinos, mostrando el semblante de una derrota inimaginable para propios y extraños. La contundencia de los números generó una implosión en Cambiemos y desató la búsqueda de culpables.

Con el resultado puesto, un hombre de Cambiemos del conurbano profundo sostuvo que “la soberbia del Gobierno” llevó a esta catástrofe electoral. Mientras los bocas de urna llegaban a los búnker de Cambiemos y de los Fernández la sorpresa se convirtió en estupor en los primeros y en algarabía en los segundos.

“Siempre dijimos que la gente no puede más, que la economía iba a ser determinante”, afirma un dirigente cercano a Alberto con la voz ronca por los festejos y la trasnoche. La idea preclara de la oposición contrastó con la convicción del Gobierno de recostarse sobre un modelo “alabado” por la comunidad internacional que requería del sacrificio de “todos”.

Un informe de julio de la Universidad de Avellaneda mostró descarnadamente las 50 variables económicas que empeoraron durante la gestión de Mauricio Macri. Números que de forma directa o indirecta representan el golpe al bolsillo de los ciudadanos.

Entre los principales indicadores relevados, la inflación, quizás una de las problemáticas más subestimadas por el propio Macri, pasó del 26,9% en 2015 al 55,80% anual en 2019, lo que implica un salto de28,9 puntos porcentuales. En paralelo, el dólar pasó de los $9,8, cepo mediante, a los más del $45 con un incremento de más del 350%.

El consumo privado medido en millones de pesos cayó un 1,3%, el empleo privado total un 1,4% y la pobreza creció 3,6 puntos porcentuales al 33,6% de la población.

Mientras el Gobierno hizo un culto de la polarización y de los riesgos de volver al pasado, y las encuestadoras y los analistas políticos se enfocaron en los sentimientos de los votantes, la realidad económica terminó por colarse definitivamente en las urnas.

En estas PASO, la ola de cambio de 2015 tomó el camino contrario y se revirtió completamente. En un movimiento inversamente proporcional lo que antes fue amarillo hoy es celeste. Al Gobierno le quedan 77 días para intentar el milagro de dar vuelta la elección en la general de octubre, aunque en silencio reconocen que la tarea será “muy difícil”.

La estrategia de las redes sociales y el marketing político recibió un duro revés. “Pecamos de soberbios, la estrategia de campaña fue un desastre. Nos olvidamos de la gente”, dice un intendente de Cambiemos que perdió en las PASO y complicada su reelección. El lacónico mensaje es una confesión que revela la bronca de muchos dirigentes del vidalismo.

Las miradas incriminatorias se posan sobre el jefe de Gabinete Marcos Peña quien no quiso desdoblar las elecciones bonaerenses, y llevó adelante la campaña de Cambiemos. Orgánicos, todos los dirigentes se encolumnaron detrás de la táctica polarizante, que una vez más olvidó que la clave suele estar en el economía, y no en la política.

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