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Ya no alcanza con saber inglés, hay que demostrarlo

Cada vez más empresas exigen documentos que prueben el nivel de inglés de sus futuros empleados. Para testearlo existen exámenes de certificación, que en 2018 fueron tomados por 200 mil argentinos.

Entre saber hablar inglés y que un ente reconocido internacionalmente lo valide, hay una diferencia notable. En el mundo, la importancia de una certificación no recae en la finalización de un programa de inglés, ya que terminarlo no significa que se tenga las competencias o el nivel idóneo que dice el programa que se debería tener. Es por eso que cobra relevancia la validación externa del conocimiento de la lengua extranjera por un ente con parámetros y objetivos claros.

Argentina encabeza el ranking de países con mayor nivel de inglés en toda América Latina y se posiciona en el puesto n°27 entre 88 regiones, según un ranking que publicó EF (English Proficiency) en 2018. Pero los números no sólo demuestran el interés local por aprender el relevante idioma, sino que cerca de 200 mil argentinos realizaron un examen para certificar su nivel del idioma inglés el año pasado y la tendencia va en crecimiento.

Además del evidente crecimiento en la cantidad de personas que buscan acceder a una certificación, aumentó la exigencia de una modalidad de evaluación más avanzada, donde los exámenes sean comunicativos y evalúen el conocimiento del idioma en contextos auténticos, realistas, en donde se ponga énfasis en el uso del idioma para resolver situaciones concretas de la vida real sin descuidar el aprendizaje de estructuras gramaticales.

Desde el punto de vista laboral, la certificación también se ha vuelto una tendencia y una necesidad. Entre un 40 y 50% de las empresas, buscan perfiles bilingües para cargos ejecutivos y exigen un documento que pruebe el nivel de inglés de sus futuros empleados.

Por otra parte, quieren acceder a una universidad en el exterior, la certificación debe estar dentro de la categoría de High-Stakes, es decir, exámenes que por su rigurosidad y su proceso de seguridad, garantizan que el resultado es verídico y preciso en su totalidad.

El rol de los certificadores puede contribuir a la eficiencia en los niveles primarios y secundarios de las escuelas, ya que que validan la promesa que estas instituciones les hacen a los padres respecto del nivel curricular de inglés que recibirán sus hijos, el B2. Para aquellos estudiantes que culminan el secundario con un B2, no es inusual que las universidades les eximan de cursar el Inglés de las carreras.

El desafío no termina allí. Las certificadoras reconocemos que, en Argentina, el valor de la prueba de inglés es clave en la inserción laboral y buscamos que los alumnos que terminan la universidad, vuelvan a elegir certificar su inglés. El 95% del mercado está dominado por el inglés y si no hay certificación, no hay forma de medir el impacto y el crecimiento que el avance del idioma tiene en nuestro país.

*Emma Campo es Manager de Desarrollo de Servicios y Portafolio de Assessment de Pearson para Hispanoamérica.

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