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“Zama”: la espera comouna pieza de la metafísica

Luego de su paso por los festivales de Venecia y Toronto, llegó a nuestras pantallas lo nuevo de Lucrecia Martel después de poco más de ocho años desde el estreno de "La mujer sin cabeza". "Zama" transcurre en la última década del siglo XIX, dividida en tres partes la novela original de Antonio di Benedetto, de la que la película resulta una versión muy libre. El mexicano Daniel Giménez Cacho es Diego de Zama, funcionario y "pacificador de indios", un ser torturado que espera ansiosamente una carta desde España para ser transferido a una zona menos hostil. A su alrededor se irán turnando diversos personajes como el de la española Luciana Piñares de Luenga (Lola Dueñas) y el brasileño Ventura Prieto (Matheus Nachtergaele). Este último adquiere mayor relevancia en el film que en la novela, especialmente en la brillante media hora final. En ese último tramo descuella uno de los mayores atributos de "Zama": su banda sonora compuesta no sólo de música, sino de sonidos de pájaros y otras especies animales. Como señaló la realizadora durante su presentación en el Festival de Toronto, fue lo primero que tuvo listo antes de iniciarse la filmación.

En la película no se dan muchas coordenadas, ni indicación precisa de espacio y tiempo. Insistió que "prefería mostrar que esa zona fronteriza (entre Argentina, Paraguay y Brasil) era más diversa de lo que se nos cuenta". Y también que "es falso que las poblaciones indígenas y las de los esclavos negros fueran completamente sumisas". Película de no tan fácil acceso, no pensada para el público masivo, tiene el atributo de estar muy bien filmada; abunda en planos fijos, imágenes oníricas que envuelven al espectador y que por su riqueza y cierta complejidad pueden justificar verla más de una vez.





"Zama" (id., Argentina-Brasil-España). Dir.: L. Martel. Int.: D. Giménez Cacho, L. Dueñas, M. Nachtergaele, J. Minujín.

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