De acuerdo con una encuesta realizada por investigadores del Instituto de Geografía (IGg) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y de la Universidad de las Islas Baleares, en España, el entusiasmo por la próxima Copa Mundial se ve opacado por las preocupaciones relacionadas a movilidad, congestión urbana y un posible aumento en el costo de vida en las tres ciudades mexicanas que serán sede del torneo.
Además de esta Copa del Mundo, México también fue anfitrión del Mundial en 1970 y 1986. Con ello, se convertirá en el primer y único país en la historia en organizar el magno certamen de la FIFA en tres ocasioness, aunque esta última edición sea compartida con Estados Unidos y Canadá.
A pesar de este hito, los habitantes de las sedes mundialistas muestran un ánimo moderado. En una escala del 1 al 5, los participantes otorgaron una calificación de 2.57 al nivel de entusiasmo que les genera el torneo, mientras que la capacidad del evento para fomentar un sentimiento de unidad solo obtuvo 2.54 puntos.
El futbol es considerado el deporte con mayor número de seguidores a escala global. Se estima que cerca de la mitad de la población mundial -estimada en alrededor de 4,000 millones de personas- es aficionada a este deporte.
Ilia Alvarado Sizzo, investigadora del IGg, recuerda que en sus inicios, “la Copa Mundial de Futbol surgió vinculada al encuentro entre pueblos y al espíritu de cooperación internacional, pero con el paso del tiempo se ha transformado en una enorme industria profundamente relacionada con el mercado, el turismo y el capital financiero”.
Los académicos consideran que esta transformación tiene efectos en la vida cotidiana de las ciudades que reciben el torneo, ya que modifica la movilidad, el espacio público, el turismo, los precios de la vivienda y las dinámicas urbanas en general. Es por estas causas que el Mundial puede entenderse como un espejo de las tensiones urbanas contemporáneas, a través del cual las personas evalúan su ciudad desde la experiencia cotidiana.
Entre afectaciones a la movilidad y una distribución desigual de las ganancias
Los resultados del sondeo respaldan esta premisa. Los encuestados señalaron como principales preocupaciones el aumento del tráfico y la congestión, las dificultades para desplazarse diariamente, el encarecimiento de la vida, el incremento del ruido y la contaminación, así como el posible desplazamiento de residentes.
A ello se suma una marcada desconfianza en la capacidad de las autoridades para administrar adecuadamente los recursos públicos, transparentar los procesos logísticos y administrativos, combatir la corrupción y priorizar el bienestar colectivo por encima de los intereses comerciales. En estos rubros, las calificaciones se ubicaron por debajo de los 2 puntos.
Luis Alfonso Escudero, investigador del Departamento de Geografía de la Universidad de las Islas Baleares, sostiene que el Mundial de Futbol no es solo un gran evento deportivo. A su juicio, en la actualidad, representa uno de los mayores espectáculos globales del capitalismo contemporáneo.
“La ampliación de hasta 48 selecciones y la concentración en grandes ciudades responden más a la lógica del mercado, de la televisión y de las apuestas deportivas que a la esencia tradicional del futbol y de la experiencia ciudadana del Mundial”, afirmó.
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Los habitantes de las sedes mundialistas muestran un ánimo moderado. En una escala del 1 al 5, los participantes otorgaron una calificación de 2.57 al nivel de entusiasmo que les genera el torneo, mientras que la capacidad del evento para fomentar un sentimiento de unidad solo obtuvo 2.54 puntos.
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La mayoría de los participantes considera que el Mundial 2026 generará una derrama económica capaz de beneficiar a las ciudades sede, estimando que se generarán nuevas oportunidades laborales. No obstante, muchos creen que esos recursos no se distribuirán de forma equitativa y que podrían profundizar desigualdades, provocar desplazamientos forzados y elevar significativamente el costo de vida.
Álvaro López López, investigador del IGg, aseguró que los megaeventos como el Mundial, “más que transformar integralmente las ciudades, terminan profundizando contrastes espaciales que había previamente. El gran reto es preguntarse si estas inversiones realmente mejoran las condiciones de vida de la población local”.
El especialista argumenta que la Copa Mundial implica procesos de transformación urbana profunda que, aunque pueden reactivar la economía, también generan posibles afectaciones para distintos sectores de la población. “Por ello, el interés académico no está únicamente en el futbol como espectáculo, sino en entender cómo estos eventos modifican la estructura y el funcionamiento de las urbes receptoras y qué tipo de impactos dejan una vez que concluyen”, subraya.
Una Copa Mundial sin precedentes
La Copa Mundial de la FIFA 2026 será histórica, pues por primera vez en más de 90 años, el torneo tendrá tres países anfitriones; participarán 48 selecciones nacionales -16 más que en cualquier edición desde 1998- y se disputarán 104 partidos, lo que representa alrededor de 10 jornadas adicionales y 40 encuentros más respecto a versiones anteriores.
El gobierno mexicano ha puesto en marcha el proyecto "Mundial Sociall", una iniciativa que busca convertir el torneo en un motor para fortalecer el comercio, el deporte, el turismo y la cultura. La propuesta contempla más de 177 fiestas y 5,000 actividades relacionadas con el evento, así como 74 torneos y copas de futbol dirigidos a estudiantes, trabajadores y público en general.
También incluye cerca de 1,500 acciones dentro del programa "Vive Saludable", orientado a promover estilos de vida sanos, y la rehabilitación de 4,200 canchas y espacios deportivos públicos.
En este contexto, el Mundial representa una oportunidad importante para impulsar el turismo y el comercio en México. Sin embargo, diversos estudios advierten que el campeonato podría generar un impacto ambiental significativo, además de incrementar la presión sobre servicios esenciales como el agua y la electricidad, aspectos que no fueron considerados de manera explícita en la estrategia gubernamental.