El IMSS mantiene vigente la llamada Modalidad 40 como una herramienta para que ciertos trabajadores incrementen el monto de su pensión. Sin embargo, en 2026 no todos los asegurados bajo la Ley 73 deberían considerarla como la mejor estrategia. Aunque en teoría permite elevar el salario base de cotización y mejorar el promedio con el que se calcula la jubilación, también implica costos elevados y riesgos financieros que no siempre se compensan.
A estos pensionados del IMSS Ley 73 no les conviene la Modalidad 40 en 2026
IMSS Ley 73: conoce a qué pensionados no les conviene la Modalidad 40 en 2026 y por qué podría no ser rentable en tu caso.
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A estos pensionados del IMSS Ley 73 no les conviene la Modalidad 40 en 2026
La Modalidad 40 —formalmente conocida como Continuación Voluntaria en el Régimen Obligatorio— solo beneficia a quienes se pensionarán bajo la Ley 73, es decir, trabajadores que comenzaron a cotizar antes del 1 de julio de 1997. Para ellos, el monto de la pensión depende del promedio salarial de los últimos cinco años cotizados y del número total de semanas acumuladas.
Quienes pertenecen al régimen de cuentas individuales (Ley 97) no obtienen el mismo beneficio, ya que su pensión depende del ahorro acumulado en la Afore. Pero incluso dentro del grupo de Ley 73 hay excepciones claras en las que la Modalidad 40 puede no ser conveniente.
IMSS Ley 73: a qué pensionados no les conviene la Modalidad 40
La Modalidad 40 permite al trabajador elegir un salario base de cotización —incluso hasta el tope permitido por el IMSS— y pagar de manera mensual las cuotas correspondientes. El objetivo es elevar el promedio salarial de los últimos cinco años y, con ello, aumentar la pensión vitalicia.
El primer grupo al que no le conviene es aquel que no tiene capacidad financiera para sostener los pagos durante varios años. Las cuotas pueden superar los 10 mil o incluso 15 mil pesos mensuales, dependiendo del salario elegido. Si el asegurado deja de pagar, pierde la continuidad en el esquema y el plan de mejora de pensión se debilita. En estos casos, el riesgo de descapitalización es alto.
Tampoco resulta atractiva para quienes están a muy pocos años de cumplir la edad de retiro y no tienen margen suficiente para impactar de manera significativa el promedio salarial. Si una persona se inscribe a la Modalidad 40 dos o tres años antes de pensionarse, el aumento en la pensión puede ser limitado frente al monto total invertido en cuotas.
Otro perfil que debe analizar con cautela es el de quienes ya cuentan con un promedio salarial alto en sus últimos años cotizados. Si el salario previo ya estaba cercano al tope permitido, el incremento posible será marginal, pero el costo mensual seguirá siendo elevado.
También hay casos en los que el trabajador no ha realizado un cálculo actuarial previo. Sin una proyección clara de cuánto se pagará en total, cuánto aumentará la pensión estimada y en cuánto tiempo se recuperará la inversión, la decisión puede basarse en expectativas poco realistas. No todos los escenarios garantizan una recuperación rápida del dinero invertido.
Un factor adicional es la estabilidad económica personal. Personas con ingresos variables o sin una fuente fija de recursos pueden enfrentar dificultades para cumplir con las cuotas mensuales. En ese contexto, destinar grandes cantidades a la Modalidad 40 podría desplazar otras necesidades financieras o inversiones más flexibles.
Además, existen variables externas como inflación y eventuales ajustes normativos. Apostar todos los recursos disponibles a este esquema sin diversificar —por ejemplo, mediante ahorro voluntario en la Afore u otros instrumentos financieros— puede concentrar demasiado riesgo en una sola estrategia.
La clave está en entender que la Modalidad 40 no es una fórmula mágica. Puede ser una herramienta poderosa para ciertos trabajadores bajo la Ley 73 que cuentan con estabilidad financiera y varios años por delante antes del retiro. Pero para quienes no cumplen esas condiciones, el costo puede superar el beneficio.
Especialistas en pensiones insisten en realizar un estudio personalizado antes de tomar la decisión. Evaluar semanas cotizadas, promedio salarial actual, edad, capacidad de pago y proyección de pensión es indispensable. Sin ese análisis, la Modalidad 40 puede convertirse en una carga financiera en lugar de una ventaja.
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