9 de octubre 2026 - 23:00

Carlos Slim Helú, el hombre más rico de México, aprendió de su padre el método que convirtió el ahorro en una fortuna

Mucho antes de construir uno de los mayores conglomerados empresariales de México, el empresario recibió en su propia casa una lección sobre cómo administrar el dinero.

Carlos Slim Helú aprendió de su padre el método que convirtió el ahorro en una fortuna

Carlos Slim Helú aprendió de su padre el método que convirtió el ahorro en una fortuna

La fortuna de Carlos Slim Helú comenzó a tomar forma mucho antes de que aparecieran las grandes adquisiciones empresariales. Uno de los aprendizajes que más peso tuvo en su trayectoria surgió durante su infancia, cuando su padre, Julián Slim Haddad, convirtió la administración cotidiana del dinero en una práctica familiar.

El método no consistía simplemente en guardar una parte del dinero recibido. Los hijos de Julián Slim tenían que registrar sus ingresos, anotar sus gastos y revisar periódicamente esos movimientos con su padre para entender cómo evolucionaba su patrimonio. La dinámica buscaba que desde pequeños pudieran distinguir entre lo que entraba, lo que salía y aquello que podía conservarse o destinarse posteriormente a una inversión.

Para Slim, esa experiencia terminó convirtiéndose en uno de los primeros pilares de su formación empresarial. La enseñanza familiar apareció mucho antes de que comenzara a dirigir grandes compañías y terminó acompañando una trayectoria basada en acumular capital, invertir y aprovechar oportunidades en distintos sectores.

La libreta con la que Carlos Slim Helú comenzó a entender el dinero

Julián Slim llegó a México desde Líbano en 1902 y posteriormente, junto con su hermano José, creó la sociedad mercantil La Estrella de Oriente. En ese entorno comercial creció Carlos Slim, quien desde niño tuvo contacto directo con la actividad de su padre. Pero una de las herramientas más importantes no estaba en una oficina ni en una empresa. Era una libreta de ahorros que Julián entregaba a cada uno de sus hijos junto con el dinero que recibían semanalmente.

Carlos Slim recibió de su padre sus primeras enseñanzas sobre ahorro y administración del dinero.

Carlos Slim recibió de su padre sus primeras enseñanzas sobre ahorro y administración del dinero.

La regla era sencilla, pero exigía disciplina: registrar los ingresos y los egresos y después revisar las cuentas con el padre. De esa manera, los niños podían observar cómo se modificaba su patrimonio y entender qué decisiones reducían o aumentaban el dinero disponible.

La importancia de aquel ejercicio estuvo en que transformó el dinero en algo que podía medirse y administrarse. No se trataba únicamente de saber cuánto se tenía en un momento determinado, sino de identificar qué había ocurrido con cada peso y qué resultado había producido una determinada decisión.

Ese aprendizaje resulta especialmente significativo al observar la trayectoria posterior de Slim. Antes de convertirse en uno de los empresarios más importantes de México, ya había incorporado dos conceptos que luego serían recurrentes en su carrera: ahorro e inversión.

La administración de aquella pequeña cantidad de dinero terminó llevando al empresario a dar un paso más. Según Fundación UNAM, Slim abrió su primera chequera y comenzó a comprar acciones del Banco Nacional de México cuando apenas tenía 12 años. Ese episodio permite entender por qué el sistema aprendido en casa no se limitaba a conservar dinero. El objetivo final era que los recursos acumulados pudieran convertirse en patrimonio y, eventualmente, generar nuevas oportunidades.

La diferencia es importante porque el ahorro, por sí solo, representa guardar una parte de los ingresos. La inversión agrega otra etapa: utilizar parte de ese capital para adquirir activos con la expectativa de incrementar el patrimonio en el futuro. En el caso de Slim, ambas prácticas aparecieron juntas desde una edad muy temprana. Primero aprendió a llevar el control de sus recursos y después comenzó a utilizarlos para participar en el mercado financiero.

Una libreta de cuentas fue una de las primeras herramientas financieras del empresario.

Una libreta de cuentas fue una de las primeras herramientas financieras del empresario.

La lógica también se relaciona con una de las características que marcarían su carrera empresarial: la búsqueda de oportunidades para colocar capital en diferentes actividades. Años más tarde, ese criterio se trasladaría de las inversiones personales a operaciones empresariales de mucha mayor escala.

La enseñanza recibida de su padre fue solo uno de los elementos de la trayectoria de Slim, pero ocurrió antes de la creación de sus principales empresas. En 1965, cuando tenía 25 años, comenzó a construir la base de lo que posteriormente sería Grupo Carso. Al año siguiente constituyó Inmobiliaria Carso.

La empresa recibió ese nombre a partir de las primeras letras de Carlos y Soumaya, su entonces futura esposa, Soumaya Domit Gemayel. Con el paso de los años, el grupo fue ampliando su presencia mediante inversiones y adquisiciones en distintas industrias. Uno de los momentos decisivos ocurrió durante la crisis económica de 1982. En lugar de retirar el capital del mercado, Slim y Grupo Carso realizaron inversiones y adquisiciones en compañías como Cigatam, Hulera El Centenario, Bimex y Reynolds Aluminio. Posteriormente adquirieron Seguros de México, operación que dio origen al Grupo Financiero Inbursa.

El proceso continuó durante los años siguientes con nuevas adquisiciones. En 1985 llegaron Artes Gráficas Unidas, Fábricas de Papel Loreto y Peña Pobre, además del control de Sanborns y su filial Dennys. En 1990 se concretó una de las operaciones más conocidas: la adquisición de Teléfonos de México (Telmex), en sociedad con SBC y France Telecom.

La historia financiera de Carlos Slim no puede reducirse a aquella libreta infantil. Sin embargo, el ejercicio que su padre implementó en casa permite identificar una de las primeras herramientas con las que aprendió a relacionarse con el dinero. Registrar, revisar, ahorrar e invertir fueron acciones que comenzaron en un entorno familiar y terminaron formando parte de una trayectoria empresarial de enorme escala. La diferencia entre aquel primer balance personal y las grandes operaciones de Grupo Carso está en las cifras, no en la lógica básica.

La enseñanza inicial consistía en saber qué se tenía, cómo se utilizaba y qué quedaba después de cada movimiento. Décadas más tarde, esa forma de observar el capital acompañaría las decisiones de inversión y adquisición que ayudaron a construir el patrimonio empresarial de Slim.

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