La historia de Carlos Slim Helú también puede contarse a través de los espacios que cambiaron de función con el paso del tiempo. En la Ciudad de México, uno de sus proyectos inmobiliarios más reconocidos ocupó terrenos que habían sido parte de un corredor fabril y los convirtió en un desarrollo que concentra actividades comerciales, residenciales y culturales.
Carlos Slim Helú transformó antiguas fábricas en un distrito de lujo: así nació el complejo que cambió el paisaje de la CDMX
Carlos Slim Helú impulsó Plaza Carso sobre antiguos terrenos industriales de la CDMX, un desarrollo que reúne vivienda, oficinas, museos y comercios.
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El proyecto se ubica en una zona que hoy suele identificarse como Nuevo Polanco, donde las torres corporativas conviven con museos, tiendas, restaurantes y departamentos. La escala de la obra permite entender por qué se convirtió en una de las apuestas inmobiliarias más visibles del empresario, aunque su impacto va más allá de la arquitectura.
El desarrollo también reabrió una discusión sobre la transformación de los barrios: mientras las inversiones generan nuevos servicios y actividad económica, algunos vecinos cuestionan el aumento de los precios y el riesgo de desplazamiento de quienes llevan décadas viviendo allí.
El desarrollo de Carlos Slim Helú: de corredor industrial a zona de usos mixtos
Antes de que el complejo se levantara, el área había alojado fábricas de compañías como General Tire, General Motors y Chrysler. Desde la década de 1930, esas instalaciones formaron parte de una zona industrial relevante para la capital, pero el panorama cambió con el desplazamiento de la manufactura hacia otras regiones y el cierre de plantas.
La transformación no ocurrió de un día para otro. Con el abandono de algunas instalaciones, los terrenos fueron perdiendo su función original y quedaron disponibles para proyectos de otro tipo. En ese contexto, la adquisición y el desarrollo de grandes superficies abrieron la puerta a una nueva etapa urbana. La construcción de Plaza Carso comenzó en enero de 2008, con una inversión superior a 800 millones de dólares, de acuerdo con los datos citados por Expansión. El proyecto fue impulsado por Slim y el arquitecto Ricardo Legorreta sobre un terreno de aproximadamente 78,000 metros cuadrados.
La propuesta buscó concentrar distintos usos en un mismo conjunto. En lugar de destinar el espacio exclusivamente a oficinas o viviendas, integró comercios, edificios corporativos, departamentos y recintos culturales, con infraestructura subterránea para dar servicio a una construcción de gran escala.
El desarrollo de Carlos Slim Helú: qué hay dentro de Plaza Carso
El complejo incluye tres torres corporativas, edificios residenciales, un centro comercial con más de 200 marcas y una extensa infraestructura de estacionamiento. El proyecto también incorporó instalaciones para ventilación, manejo de agua y otros servicios necesarios para operar un conjunto de estas dimensiones. Su oferta cultural ayudó a darle una identidad reconocible. El Museo Soumaya, con su fachada curva cubierta por piezas hexagonales de aluminio, es uno de los edificios más identificables del conjunto. A su alrededor se encuentran también el Museo Jumex, el Teatro Telcel y el Acuario Inbursa, que amplían las opciones para visitantes y habitantes de la zona.
La concentración de actividades permite que el desarrollo funcione durante distintos momentos del día. Las oficinas atraen a trabajadores, el centro comercial recibe consumidores y los espacios culturales convocan a visitantes, mientras los edificios residenciales incorporan habitantes permanentes.
Esa mezcla explica la comparación con Manhattan, aunque se trata de lugares con escalas e historias urbanas diferentes. En el caso de Plaza Carso, la referencia al distrito neoyorquino alude sobre todo a la convivencia de vivienda, comercio, oficinas y entretenimiento en un mismo entorno. La transformación de Nuevo Polanco también ha provocado críticas de residentes de las colonias Granada e Irrigación, en la alcaldía Miguel Hidalgo. Algunos vecinos rechazan la denominación de “Nuevo Polanco” porque consideran que contribuye a vender una imagen más exclusiva de la zona y deja en segundo plano la historia de los barrios que ya existían.
Las objeciones no se limitan al nombre. Habitantes han señalado que el desarrollo de edificios residenciales, oficinas y centros comerciales presiona al alza los precios de la vivienda y los servicios, mientras algunos comercios tradicionales enfrentan mayores dificultades para mantenerse.
Estas preocupaciones se relacionan con la gentrificación, un proceso en el que la inversión y el encarecimiento de una zona pueden dificultar que sus residentes originales permanezcan en ella. No todos los efectos urbanos son iguales ni pueden atribuirse a un solo proyecto, pero los señalamientos forman parte del debate sobre el rumbo de este sector de la capital.
La zona ya había recibido otros desarrollos comerciales antes de la expansión de Plaza Carso, por lo que el cambio responde a un proceso urbano más amplio. La presencia del complejo, sin embargo, lo convirtió en uno de los símbolos más visibles de esa transformación.
El desarrollo de Carlos Slim Helú: la siguiente etapa de Plaza Carso
El proyecto no está concluido. Inmuebles Carso mantiene en marcha una tercera etapa que contempla una inversión estimada de 10,200 millones de pesos para construir tres torres residenciales, una de oficinas y ampliar el centro comercial. Según las estimaciones citadas por la empresa, parte de las obras concluiría entre finales de 2026 y el primer trimestre de 2027.
La expansión también incluye un nuevo Hospital Star Médica Polanco, con una inversión anunciada de 2,500 millones de pesos. Estos planes muestran que el desarrollo inmobiliario de la zona continúa, al mismo tiempo que persisten las preguntas sobre la infraestructura, la vivienda y la convivencia con los barrios existentes.
Plaza Carso representa una pieza central del negocio inmobiliario de Carlos Slim Helú, pero su relevancia no se mide únicamente en metros cuadrados o inversión. También refleja cómo la reconversión de antiguos espacios industriales puede redefinir la actividad económica de una ciudad y modificar las condiciones de vida de quienes habitan sus alrededores.
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