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20 de noviembre 2025 - 10:00

Fue el hombre más rico de México antes que Carlos Slim Helú y no le dejó nada de dinero a sus hijos tras su muerte

La historia del empresario que fue más rico que Carlos Slim y dejó sin herencia a sus hijos al morir, destinando toda su fortuna a una fundación en Puebla.

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Jenkins supo ser el hombre más rico de México.

Las historias de los grandes millonarios suelen estar rodeadas de poder, negocios y herencias millonarias, pero pocas han sido tan inesperadas como la de William O. Jenkins, un empresario que cambió para siempre el rumbo económico y social de Puebla. Décadas antes de que Carlos Slim Helú se convirtiera en el hombre más rico de México, Jenkins ya había construido un imperio que lo colocó como el personaje más influyente —y adinerado— del estado. Su trayectoria, sin embargo, terminó con un giro sorprendente que aún hoy marca a su familia.

El legado de Jenkins no solo se escribió en los sectores donde invirtió, sino también en la manera en que concibió la responsabilidad social. Su visión empresarial convivió con una profunda apuesta filantrópica que transformó comunidades, instituciones educativas y proyectos culturales. Paradójicamente, esa misma vocación marcaría una ruptura definitiva entre él y sus descendientes al momento de su muerte.

Hoy, su nombre continúa generando debates en Puebla y a nivel nacional: ¿cómo llegó a construir una de las fortunas más importantes de su época y por qué decidió no dejarles nada a sus hijos? La respuesta es un recorrido que mezcla ambición, negocios visionarios y una herencia que no pasó por manos familiares, pero sí por las de toda una región.

Quién era William O. Jenkins

William Oscar Jenkins nació en Tennessee, Estados Unidos, y llegó a México a inicios del siglo XX en busca de oportunidades. Su destino lo llevó directamente a Puebla, un estado que en ese momento vivía un crecimiento industrial notable. Ahí encontró el terreno ideal para comenzar a invertir, primero en la industria textil y posteriormente en sectores tan distintos como el inmobiliario, el financiero y, especialmente, el cinematográfico.

William O. Jenkins (2)

Fue en este último donde consolidó su fortuna: Jenkins logró controlar hasta el 80% de las salas de cine en el país, un monopolio que lo convirtió en una figura clave dentro del entretenimiento y la vida cultural mexicana. Su presencia económica no solo se reflejó en números, sino también en la influencia que llegó a tener en las decisiones empresariales y sociales del estado.

Además, su interés por el desarrollo regional lo llevó a crear la Fundación Mary Street Jenkins, nombrada así en honor a su esposa. Esta institución se convirtió en un vehículo central para impulsar proyectos educativos, culturales y sociales, entre ellos el crecimiento de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP), una de las obras más importantes financiadas por la familia.

La fundación también apoyó a comunidades de bajos recursos mediante programas de acceso al agua potable, becas y diversas formas de apoyo social. Para los años cincuenta y sesenta, Jenkins no solo era el hombre más rico de Puebla, sino uno de los más poderosos de México, consolidando una fortuna que lo colocaba muy por encima de otros empresarios de la época.

La herencia de William O. Jenkins

Cuando William O. Jenkins murió en 1963, dejó una decisión que marcó un antes y un después en su familia: no heredó un solo peso a sus hijos. En lugar de repartir sus bienes entre sus descendientes, decidió entregar toda su fortuna —incluidas empresas, propiedades y activos financieros— a la Fundación Mary Street Jenkins.

Su intención era clara: garantizar que los recursos acumulados durante su vida se destinaran a proyectos filantrópicos y no al enriquecimiento personal de su familia. A sus hijos solo les dejó la responsabilidad de administrar la fundación y asegurar que sus objetivos se cumplieran. Pero ese modelo no tardó en generar conflictos.

Casa William O. Jenkins

Con el tiempo, algunos miembros de la familia Jenkins intentaron desviar recursos de la fundación para uso personal, acciones que derivaron en acusaciones de lavado de dinero, investigaciones federales y órdenes de aprehensión que llevaron a varios de ellos a salir de México. Los señalamientos incluyeron el presunto apoyo del gobierno estatal de la época para facilitar estas operaciones irregulares.

A pesar de las polémicas, otros miembros de la familia continuaron con las labores originales de la fundación, preservando el legado del magnate. Hoy, la institución sigue impulsando proyectos educativos, de salud y culturales en Puebla, manteniendo vivo el espíritu que Jenkins quiso dejar como última voluntad: una fortuna destinada exclusivamente al beneficio público y no a la riqueza de una sola familia.

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