Nadie te lo explica el día que empiezas tu primer trabajo formal, pero ese contrato con prestaciones activa mucho más que un sueldo fijo. Al momento en que un patrón da de alta a un trabajador ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), esa persona queda inscrita bajo la Ley 97, y con ella se abre, sin que nadie lo pida expresamente, una cuenta individual destinada exclusivamente a su retiro.
Entre firmas, documentos y trámites de bienvenida, son pocos los trabajadores que se detienen a elegir manualmente una Administradora de Fondos para el Retiro (Afore). Frente a ese vacío, es la propia autoridad la que interviene y coloca los recursos en una institución de manera provisional. El trámite queda técnicamente resuelto, pero eso no significa que convenga dejarlo así de forma indefinida.
Ese descuido, tan común como silencioso, ya tiene un costo real para miles de trabajadores mexicanos que hoy rondan los treinta años: años de ahorro acumulándose en una cuenta que nunca terminaron de reclamar como propia.
IMSS: el Afore automático cuando no escoges uno
La asignación no ocurre al azar, sino bajo un sistema regulado por la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (CONSAR). Cuando una cuenta queda a la deriva, la CONSAR la canaliza exclusivamente hacia las administradoras que reportan los mejores rendimientos netos del mercado, según el año de nacimiento del trabajador.
La CONSAR asigna de forma automática una Afore según el año de nacimiento cuando el trabajador no elige una.
Esta asignación funciona como un salvavidas temporal, con una vigencia máxima de dos años. Si durante ese periodo el trabajador no se registra formalmente con la institución asignada, la CONSAR retira los recursos y los reasigna a otra Afore que en ese momento esté liderando las ganancias. Por eso, administradoras como Profuturo, SURA, Inbursa y XXI Banorte suelen concentrar buena parte de estas cuentas huérfanas.
Existe además un mito extendido alrededor de Afore Coppel: mucha gente se sorprende al descubrir que su dinero terminó ahí y asume que fue un error del sistema. En realidad, Coppel concentra el mayor volumen de trabajadores registrados en el país, cerca del 26.5% a nivel nacional, y si alguien aterrizó ahí por default fue simplemente porque, en ese ciclo de asignación, la administradora cumplía con los criterios de rendimiento exigidos por la autoridad.
IMSS: el riesgo del usuario fantasma
Estar en una Afore por default significa ser, en los hechos, un cliente a medias. El dinero está invertido y genera intereses, pero la institución no cuenta con el expediente completo del trabajador, ni con sus datos de contacto actualizados, ni con sus datos biométricos.
Esto tiene consecuencias muy concretas en el día a día: quien vive bajo este estatus jamás recibe un estado de cuenta cuatrimestral, lo que le impide verificar si el patrón está depositando correctamente las aportaciones. Peor aún, al no contar con un Expediente de Identificación Digital, resulta imposible designar legalmente a los beneficiarios, lo que puede convertir un fallecimiento en un proceso legal largo y burocrático para la familia.
No tener un Expediente de Identificación Digital impide designar beneficiarios y complica el trámite ante un fallecimiento.
Para la generación que hoy tiene alrededor de 31 años —nacida entre 1994 y 1995, y clasificada por la CONSAR dentro de la Siefore Básica 95-99— este descuido tiene un costo medible. El Indicador de Rendimiento Neto muestra diferencias importantes entre administradoras para este grupo: Profuturo lidera con 9.60%, seguida de XXI Banorte con 9.14% y SURA con 9.07%, mientras que Afore Coppel se ubica al final con 7.50%.
Esa brecha de apenas 2.1 puntos porcentuales no es inofensiva a largo plazo. Por el efecto del interés compuesto durante los próximos 30 años, permanecer en la administradora equivocada por simple desconocimiento puede representar entre un 25% y un 30% menos de pensión total al momento del retiro.
IMSS: pasos para escoger tu Afore cuando quieras
Ningún trabajador está atrapado en el sistema. Cambiarse a la administradora que uno prefiera es un trámite completamente gratuito y, hoy en día, se puede resolver sin pisar una sucursal.
El primer paso es localizar el fondo de retiro, algo que puede hacerse a través de tres canales oficiales: el portal AforeWeb, en el apartado "Localiza tu AFORE"; la aplicación AforeMóvil, disponible para iOS y Android; o por teléfono, marcando al SARTEL al 55 1328 5000. Para cualquiera de estas opciones se necesita tener a la mano la CURP, el Número de Seguridad Social de 11 dígitos y un correo electrónico válido.
Cambiar de Afore es gratuito y puede tramitarse por completo desde la aplicación AforeMóvil.
Una vez identificada la institución que administra el dinero, el siguiente paso es crear el Expediente Digital desde la app AforeMóvil, que solicita una fotografía de la identificación oficial, una selfie para el reconocimiento facial de seguridad y los datos de contacto actualizados. Con la identidad ya validada, se puede iniciar la solicitud de traspaso hacia la Afore que ofrezca mejores rendimientos, ya sea desde la misma aplicación o a través del portal AforeWeb.
El traspaso de fondos no se completa de un día para otro: tarda aproximadamente 20 días hábiles, tiempo durante el cual conviene monitorear el avance desde la aplicación. Son apenas unos minutos de trámite los que separan a un trabajador de dejar de operar en automático y tomar, de una vez por todas, el control de su propio retiro.