Durante 2019, en pleno auge del emprendimiento tecnológico en México, Casai emergió como una de las startups más prometedoras del ecosistema latinoamericano. Fundada por Nico Barawid y María del Carmen Herrerías, esta proptech buscaba revolucionar la industria de la hospitalidad mediante un modelo de hospedaje de lujo para estancias cortas, inspirado en el éxito global de Airbnb. Desde el inicio, los fundadores soñaron con convertir a Casai en el primer unicornio mexicano del sector, alcanzando una valuación superior a los mil millones de dólares.
El entusiasmo no era infundado: su modelo atrajo rápidamente a inversionistas de renombre como Andreessen Horowitz (a16z), Monashees, DST Global, Kaszek y el fondo de startups de Google. En su primer año de operación, Casai levantó una ronda semilla por 5 millones de dólares, una cifra que superaba ampliamente el promedio latinoamericano. Para 2020, la empresa ya había captado 53 millones de dólares, impulsada por una ronda Serie A liderada por a16z, lo que le permitió expandirse a Brasil y consolidarse como una de las promesas más fuertes del mercado. Sin embargo, su crecimiento acelerado ocultaba problemas estructurales que, con el tiempo, resultarían fatales.
En tan solo cuatro años, la startup que parecía destinada a competir con Airbnb terminó cerrando operaciones definitivamente, dejando atrás una historia que mezcla ambición, falta de control financiero y un entorno adverso para el venture capital. Lo que alguna vez fue un ejemplo del potencial tecnológico mexicano, se convirtió en una lección sobre los riesgos del crecimiento desmedido en el ecosistema emprendedor.
Por qué cerró Casai: las causas del cierre de la startup mexicana
El cierre de Casai en mayo de 2025 no fue un hecho repentino, sino el resultado de una serie de errores internos y un contexto económico cada vez más complicado. Desde 2022, la empresa comenzó a enfrentar la sequía global del capital de riesgo, que afectó a muchas startups en América Latina. Sin nuevos fondos, Casai tuvo que reducir personal, cerrar su operación en Brasil y recortar gastos, pero el problema principal estaba dentro de su propia gestión.
Ex empleados de la compañía señalaron una falta de control en el manejo del efectivo, operaciones informales y una administración ineficiente. Algunos departamentos carecían de permisos de uso de suelo, los empleados no estaban contratados formalmente y buena parte del capital se manejaba en efectivo, lo que dificultaba el seguimiento financiero. Además, según diversas fuentes, el propio Nico Barawid habría utilizado fondos de inversión para gastos personales y eventos corporativos. Estas malas prácticas minaron la confianza de los inversionistas y provocaron una rápida pérdida de liquidez.
Casai intentó sobrevivir mediante adquisiciones y fusiones, pero sin una estrategia sólida ni un modelo de negocio sostenible. El crecimiento a toda costa, impulsado para atraer rondas Serie B, terminó generando un descontrol operativo y financiero que se volvió imposible de revertir.
La fusión con Nomah, el principio del final para Casai
En agosto de 2022, Casai anunció su fusión con la startup brasileña Nomah, una unidad del unicornio Loft, con la intención de fortalecer su posición en el mercado latinoamericano. En apariencia, se trataba de una alianza estratégica que permitiría una integración de recursos y la expansión regional. En la práctica, fue el último intento desesperado por mantenerse a flote.
Aunque la fusión incluyó una nueva inyección de capital de inversionistas como a16z, Monashees y Loft, los resultados no fueron los esperados. La demanda de alojamientos se desplomó y los problemas financieros se agudizaron. La operación conjunta no logró generar rentabilidad y en menos de seis meses ambas startups comenzaron a disolverse.
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