13 de febrero 2026 - 18:00

Los amigos que crearon los chocolates más icónicos e innovadores de México: se convirtieron en millonarios y luego vendieron la compañía a un gigante de Estados Unidos

Conoce la historia de este emprendimiento de amigos que empezó desde abajo y se convirtió en un imperio gastronómico mexicano.

Los amigos que crearon los chocolates más icónicos e innovadores de México: se convirtieron en millonarios y luego vendieron la compañía a un gigante de Estados Unidos

Los amigos que crearon los chocolates más icónicos e innovadores de México: se convirtieron en millonarios y luego vendieron la compañía a un gigante de Estados Unidos

Los amigos que crearon los chocolates más icónicos e innovadores de México comenzaron con un sueño compartido y terminaron construyendo una de las marcas más queridas del país. Lo que inició como la visión de un maestro chocolatero italiano y un empresario mexicano se transformó, con el paso de las décadas, en un imperio del chocolate que conquistó hogares y celebraciones en todo el territorio nacional.

CHOCOLATE IBARRA

La historia detrás de chocolates Turín es también la historia del emprendimiento en México. Dos hombres con orígenes distintos, pero con una convicción en común -que todo era posible- sentaron las bases de una compañía que apostó por la innovación, la calidad y el sabor como sello distintivo. Su éxito los llevó a convertirse en referentes de la industria y, eventualmente, en protagonistas de una de las ventas más importantes del sector.

Décadas después de su fundación, la marca no solo se consolidó como sinónimo de tradición y excelencia, sino que llamó la atención de un gigante internacional. La adquisición por parte de una empresa estadounidense marcó un nuevo capítulo en la expansión de la firma, que logró duplicar su tamaño y fortalecer su presencia en el mercado.

El origen de los chocolates Turín

Todo comenzó en 1928, cuando el maestro chocolatero italiano Pablo Traverso llegó a México con el sueño de elaborar chocolates en el país que trajo el cacao al mundo. Su pasión por el chocolate lo llevó a instalarse y buscar oportunidades en un mercado que comenzaba a desarrollarse con fuerza.

Fue en México donde conoció al empresario Jesús Peñaloza, un hombre convencido de que los proyectos ambiciosos podían hacerse realidad. Juntos unieron experiencia técnica y visión comercial para dar vida a lo que hoy conocemos como Turín, una marca 100% mexicana que rápidamente destacó por su carácter innovador y su alta calidad.

chocolate-turin

A lo largo de los años, la compañía lanzó productos que se volvieron parte de miles de momentos especiales en los hogares mexicanos. Desde chocolates con licores hasta variedades sin azúcar, con frutos secos y presentaciones premium, la marca construyó un portafolio diverso y sofisticado.

Con el tiempo, Turín desarrolló un ecosistema sólido basado en tres pilares. El primero es Turín Premium, que reúne una amplia gama de chocolates en distintas variedades. El segundo es Turín Alta Repostería, un portafolio de soluciones gastronómicas respaldado por un equipo culinario que trabaja en el Centro de Desarrollo y Soluciones en Ciudad de México, donde se crean recetas para socios comerciales. El tercero son las Tiendas Turín, que nacieron en los años ochenta cuando personas atraídas por el aroma del chocolate en la fábrica comenzaron a pedir comprar directamente. Esa demanda dio origen a un nuevo modelo de negocio enfocado en el consumidor final.

La venta de Turín a Mars

Con el objetivo de preservar el legado construido desde 1928 y potenciar su crecimiento, en 2016 Mars Wrigley adquirió el negocio. La venta de Turín a Mars, uno de los gigantes de la industria de confitería en Estados Unidos, marcó un punto de inflexión para la compañía mexicana.

Desde entonces, la marca logró duplicar su tamaño, fortaleciendo su infraestructura y ampliando su alcance comercial. Sin perder su identidad mexicana, Turín se integró a una red global que le permitió escalar su producción y consolidarse como referente en el segmento premium.

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