En una historia que mezcla nostalgia, competencia feroz y la entrada del modelo estadounidense al país, Burger Boy, la icónica cadena mexicana de comida rápida, no pudo resistir el embate de las transnacionales y terminó desapareciendo del mapa gastronómico nacional. Lo que alguna vez fue un símbolo local del “fast food” criollo, hoy es un recuerdo que sobrevive solo en la memoria de quienes crecieron en los años 70 y 80.
Fundada en 1968, Burger Boy abrió su primera sucursal en la colonia San Ángel, en la Ciudad de México, sobre la avenida Insurgentes Sur, justo donde hoy se encuentra un banco. Su apuesta: un concepto completamente nuevo en el país, traído desde Estados Unidos, pero con un sello propio. Su menú ofrecía las populares “Brontohamburguesas” con nombres como Unifante, Brontodoble y Dinotriple, acompañadas de los famosos “loco-popotes” y juguetes temáticos que marcaron a toda una generación.
Durante su auge, la cadena alcanzó más de 50 sucursales en la capital y otras ciudades como Monterrey y Guadalajara. Figuras de la talla de Chabelo y una jovencísima Salma Hayek participaron en sus campañas publicitarias. Incluso Jorge Arvizu “El Tata” fue la voz oficial de sus comerciales, lo que contribuyó a que la marca se consolidara como un ícono nacional.
El fin de Burger Boy en México: el camino a la quiebra
Pero todo cambió con la llegada de los gigantes. En 1985, McDonald’s inauguró su primera sucursal en México, y poco después hizo lo mismo Burger King. A partir de ahí, el dominio estadounidense arrasó con el mercado, desplazando poco a poco a la marca mexicana que no pudo competir con la inversión, expansión y posicionamiento de las nuevas cadenas.
Pese a un intento por renovarse en 1994, Burger Boy no logró revertir su declive. En 1996, se declaró en quiebra y vendió sus más de 50 sucursales a la empresa mexicana Maseca, propiedad del empresario Roberto González Barrera. Poco después, estas fueron revendidas a la estadounidense Whataburger, que terminó por desmantelar la marca por completo.
Algunas de las antiguas sedes de Burger Boy fueron demolidas o quedaron abandonadas, mientras que otras fueron reconvertidas en restaurantes Burger King, completando así una de las historias más representativas de cómo la globalización y la falta de inversión local pueden borrar hasta las marcas más queridas del país..
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