16 de julio 2026 - 19:00

Son hijas de Carlos Slim Helú y no están tan interesadas en los negocios familiar, pero igual son tres de las mujeres más poderosas de México: sus roles dentro del imperio familiar

Filantropía, arte y educación: así construyeron su propio espacio de influencia las herederas del magnate mexicano.

 Son hijas de Carlos Slim Helú y no están tan interesadas en los negocios familiar, pero igual son tres de las mujeres más poderosas de México: sus roles dentro del imperio familiar

 Son hijas de Carlos Slim Helú y no están tan interesadas en los negocios familiar, pero igual son tres de las mujeres más poderosas de México: sus roles dentro del imperio familiar

Carlos Slim Helú, de 85 años, sigue siendo el empresario más influyente de México, una posición que ha sostenido durante décadas al frente de un conglomerado que va de las telecomunicaciones a la construcción. Su legado empresarial recae principalmente en sus tres hijos varones, quienes ocupan puestos directivos visibles y aparecen año con año en los listados de poder económico del país.

Pero hay otra parte de la historia familiar que rara vez llega a portada. Soumaya, Vanessa y Johanna Slim Domit, las tres hijas que el magnate tuvo con Soumaya Domit Gemayel —fallecida en 1999—, construyeron trayectorias propias lejos de los consejos de administración y las salas de juntas donde sus hermanos toman decisiones de negocio.

Su terreno es otro: el arte, la filantropía y el desarrollo humano. Y aunque ninguna figura en el listado de Las 100 mujeres más poderosas de los negocios que publica la revista Expansión, su influencia dentro del entramado familiar es imposible de ignorar.

Qué hacen las tres hijas de Carlos Slim Helú

Las tres hermanas heredaron algo distinto al dinero: el proyecto social y cultural que su madre empezó a construir décadas atrás. Ninguna busca protagonismo mediático, pero cada una sostiene una pieza clave del ecosistema Slim que no se mide en reportes financieros.

Su trabajo se despliega en frentes muy distintos entre sí. Uno preserva la memoria de su madre a través del arte; otro promueve el desarrollo personal como motor de progreso; el tercero apuesta por la primera infancia como inversión de largo plazo para el país.

Soumaya Slim Domit: la guardiana del legado cultural

La hija mayor, de 54 años, lleva el nombre de su madre y con él también una misión. Estudió Historia del Arte en la Universidad Anáhuac y hoy es vicepresidenta del Museo Soumaya, el recinto que su familia construyó en memoria de Soumaya Domit Gemayel. Su perfil es bajo, casi hermético. Sin embargo, dentro del museo su rol ha sido determinante para la conservación y difusión de la colección artística que resguarda la institución, una de las más visitadas de la capital mexicana.

Soumaya Slim Domit preside el Museo Soumaya y encabeza los proyectos culturales de la familia.

Soumaya Slim Domit preside el Museo Soumaya y encabeza los proyectos culturales de la familia.

Su interés no se detiene en la pintura o la escultura. También impulsa el diseño y la moda mexicanos a través de Archivo Diseño y Arquitectura, un espacio dedicado a la creatividad contemporánea. Además, participa en programas educativos y de salud de la Fundación Carlos Slim.

Estuvo casada 17 años con el arquitecto Fernando Romero Havaux, autor del diseño del Museo Soumaya de Polanco. Esa cercanía profesional y familiar refuerza el vínculo entre la hija mayor y el edificio que hoy dirige en buena parte.

Vanessa Slim Domit: al frente del legado de superación personal

Con 52 años, Vanessa preside la Asociación de Superación para México (Asume), organización fundada en 1980 por su madre. El proyecto trabaja el desarrollo integral de las personas a partir de valores, autoestima y equilibrio emocional.

En septiembre pasado, durante el foro México Siglo XXI, Mentes que iluminan el futuro, organizado por la Fundación Telmex-Telcel, Vanessa fue clara sobre su visión. Sostuvo que el progreso no puede reducirse a lo económico o tecnológico, sino que necesita una base humana sólida.

Asume se sostiene en tres pilares: la superación constante, la competencia con uno mismo y una superación equilibrada que abarque distintas áreas de la vida. Vanessa también advirtió sobre los riesgos del "ruido externo" y la inmediatez actuales, factores que —dijo— nos desconectan de nosotros mismos.

Fuera de su labor social, está casada con Daniel Hajj, director general de América Móvil, lo que la coloca en un cruce directo entre el proyecto humano de su madre y el negocio central de la familia.

Vanessa Slim Domit dirige Asume, la asociación de desarrollo humano fundada por su madre en 1980.

Vanessa Slim Domit dirige Asume, la asociación de desarrollo humano fundada por su madre en 1980.

Johanna Slim Domit: apuesta por la primera infancia

La menor de las tres, de 49 años, dirige el Programa de Educación Inicial de la Fundación Carlos Slim. La iniciativa se enfoca en niñas y niños de entre 0 y 4 años, y capacita a padres, cuidadores y educadores para acompañar esa etapa crítica del desarrollo. Según ha explicado la fundación, la primera infancia es determinante para el bienestar físico, cognitivo y emocional a largo plazo. Por eso el programa entrega herramientas prácticas pensadas para el día a día de las familias.

Johanna también combina su labor filantrópica con presencia empresarial. Forma parte del Consejo de Administración de Grupo Sanborns, una de las firmas más reconocidas del conglomerado familiar. Está casada con Arturo Elías Ayub, de 58 años, director de Alianzas Estratégicas y Contenidos de América Móvil y director general de la Fundación Telmex-Telcel. Juntos comparten un compromiso constante con la educación y el desarrollo social en México.

Johanna Slim Domit coordina el programa de primera infancia de la Fundación Carlos Slim.

Johanna Slim Domit coordina el programa de primera infancia de la Fundación Carlos Slim.

A diferencia de sus hermanos —Carlos Slim Domit (57), Marco Antonio Slim Domit (56) y Patrick Slim Domit (55)—, quienes ocupan cargos directivos visibles, las tres hermanas eligieron un camino menos expuesto. Su influencia, sin embargo, resulta decisiva en la dimensión social y cultural del imperio que su padre construyó.

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