25 de abril 2025 - 18:00

Cónclave: por qué ensartan los votos con aguja e hilo en la elección del Papa

Descubre los misterios ocultos en la elección del Papa: desde la Sala de las Lágrimas hasta la fórmula del humo blanco. Así es el cónclave vaticano.

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Cuando la humanidad contiene el aliento ante una pequeña chimenea sobre la Capilla Sixtina, lo que sucede tras los muros del Vaticano es mucho más que una simple votación. Es un ritual milenario, envuelto en códigos, símbolos, y silencios que ni el tiempo ni la tecnología moderna han logrado romper.

Aunque la imagen más conocida es la de la fumata blanca anunciando al nuevo Pontífice, la realidad detrás del cónclave para la elección del Papa es mucho más compleja y fascinante de lo que muchos imaginan.

Aquí desentrañamos los momentos más ocultos, curiosos y hasta misteriosos del proceso que define al líder espiritual de más de mil millones de católicos en todo el mundo.

Elección del Papa: por qué ensartan los votos con aguja e hilo

El término “cónclave” proviene del latín cum clave, que significa “con llave”. Surgió tras la crisis de sucesión que siguió a la muerte del Papa Clemente IV en 1268. La elección duró casi tres años. Desesperados, los ciudadanos de Viterbo encerraron a los cardenales, quitaron el techo del edificio donde se encontraban y racionaron su comida hasta que tomaran una decisión. Así nació el concepto del cónclave moderno.

En pleno siglo XXI, el proceso para elegir al Papa se mantiene prácticamente igual que en el siglo XIII. En tiempos de inteligencia artificial y redes sociales, el Vaticano sigue apostando por el misterio, la tradición y el silencio.

Quizá ahí radique su fuerza: en recordarnos que hay decisiones que trascienden lo político y lo tecnológico, y que todavía se toman bajo la mirada del Juicio Final de Miguel Ángel, en el corazón mismo de la Capilla Sixtina.

Una de las grandes curiosidades es que el sistema de votación se ha mantenido casi sin cambios desde hace siglos. Los cardenales votan hasta cuatro veces por día (dos en la mañana, dos por la tarde), escribiendo a mano sobre una papeleta la frase “Eligo in Summum Pontificem…” (Elijo como Sumo Pontífice), seguida del nombre del candidato.

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Por qué ensartan los votos con aguja e hilo en la elección del Papa

Por qué ensartan los votos con aguja e hilo en la elección del Papa

Cada voto se deposita en una urna dorada mediante un ritual que recuerda a la liturgia: el elector se acerca al altar, coloca su voto sobre un plato dorado y lo desliza hasta el recipiente. Luego, tres escrutadores leen los nombres en voz alta, uno por uno, y los perforan con aguja e hilo de lino, ensartándolos como cuentas de un rosario. La votación continúa hasta que un candidato alcanza dos tercios de los votos.

Elección del Papa: los otros secretos que oculta el ritual más enigmático del Vaticano

Todo comienza con un suceso que marca un antes y un después: la muerte o renuncia del Papa en funciones. Tras ello, se celebran los llamados "novemdiales", nueve días de luto y oración. Luego, el foco se traslada a la Casa Santa Marta, donde se hospedan los cardenales electores: aquellos menores de 80 años con derecho a voto.

Una vez dentro, pierden todo contacto con el exterior. Celulares, relojes inteligentes, computadoras: todo es requisado. Se instalan inhibidores de frecuencia, se bloquean señales Wi-Fi y no hay acceso a periódicos ni televisión. La Gendarmería Vaticana y la Guardia Suiza vigilan cada rincón. Desde ese momento, están encerrados con Dios, como reza una de las frases más simbólicas del Vaticano.

El punto de partida espiritual es la misa Pro Eligendo Pontifice, tras la cual los cardenales ingresan a la Capilla Sixtina uno por uno, jurando solemnemente mantener el secreto absoluto del proceso. Cualquier filtración conlleva la excomunión automática.

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Por qué ensartan los votos con aguja e hilo en la elección del Papa

Por qué ensartan los votos con aguja e hilo en la elección del Papa

Uno de los aspectos más llamativos —y menos comprendidos— es la emisión del humo desde la chimenea de la Capilla Sixtina. Si no se llega a un consenso, se quema una mezcla que produce humo negro. Si hay Papa, la mezcla genera humo blanco. Pero lo curioso es la fórmula exacta de esta combustión, que se mantiene en estricto secreto.

Se sabe que incluye perclorato de potasio, antraceno y azufre, pero las proporciones y métodos siguen siendo confidenciales. Desde 2005, incluso se incorporó una estufa electrónica auxiliar para reforzar la visibilidad del humo. En 2013, durante la elección de Francisco, se usó esta tecnología para asegurar que la fumata blanca fuera clara e inequívoca.

Una vez elegido, el nuevo Papa es llevado a un pequeño cuarto contiguo a la Capilla Sixtina conocido como la Sala de las Lágrimas. Allí, se le entrega el atuendo papal ya preparado en tres tallas (S, M y L), ya que no se sabe quién será el elegido. Este espacio íntimo sirve para vestirse, orar y, en muchos casos, llorar. De ahí su nombre.

Fue en esa sala donde varios Papas, abrumados por el peso de su elección, han derramado lágrimas reales. Se dice que el Papa Juan Pablo I estaba tan delgado que la sotana más pequeña aún le quedaba grande.

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Después de aceptar formalmente su elección y elegir el nombre con el que será conocido, el nuevo Papa recibe el Anillo del Pescador, símbolo del apóstol Pedro. Este anillo se destruye con un martillo de plata al morir o renunciar el Pontífice, señalando el fin de su pontificado.

Minutos después, el cardenal protodiácono aparece en el balcón central de la Basílica de San Pedro y pronuncia la mítica frase. “Habemus Papam!”. Con voz solemne, anuncia el nombre del nuevo Sumo Pontífice. En 2013, la elección del cardenal Jorge Mario Bergoglio fue tan inesperada que el protodiácono tuvo que repetir su apellido varias veces antes de pronunciarlo correctamente.

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