Hay una parte de la Biblia, que es en la que se narra la crucifixión de Jesús, pero que los científicos e investigadores siguen sin descifrar esas páginas. Se sabe que la narración de la crucifixión y muerte de Jesús, así como su resurrección, son el centro de atención de los cuatro evangelios que la Iglesia ha aceptado como auténticos para distinguirlos de los apócrifos.
Los científicos estudian uno de los pasajes más polémicos de la Biblia
El relato de la Biblia en el que se habla de la crucifixión aún hoy despierta polémica entre investigadores y católicos.
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Al respecto, hay que dicer que justamente son estas partes las que entre los especialistas surgen divergencias y contradicciones como la de la condena y muerte del profeta. De ahí surge un tema sensible para la Iglesia sobre la situación de que fueron los romanos o los judíos quienes mataron a Jesús.
Incluso, hasta el papado del papa ecuménico Juan XXIII, la Iglesia Católica rezaba en los ritos de la Semana Santa “por los pérfidos judíos”, que habrían sido los culpables de la muerte de Jesús.
Cuál es el pasaje polémico de la Biblia
Pero hay otros pasajes que presentan polémica aún hoy. Este es el grito desgarrador pronunciado por Jesús en la cruz con el que se queja a Dios de haberle abandonado a su suerte. El grito que narra el evangelio de Mateo: “Hacia las tres de la tarde, Jesús gritó con fuerte voz: “¡Elí, Elí!, ¿lemá sabactani?”, que en arameo significa: “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?”.
El grito de abandono pone en tela de juicio que Jesús se viera a sí mismo como Dios, lo que hace resucitar cada año la pregunta que asusta a la Iglesia de que Jesús se sentía no como un dios sino, como él mismo decía, un “hijo del hombre” que en arameo, su lengua, significa que era un humano como todos.
Lo que Jesús refleja con su grito de desesperación y abandono por parte de Dios en la hora de su muerte, mientras los presentes se burlaban de él, es que se veía como un judío fervoroso, conocedor de las escrituras y de la historia de su pueblo. Esto queda en evidencia cuando se confronta su desgarro vital en la cruz con el Salmo 22 de la Biblia, un texto que reza: “A pesar de mis gritos no acudes a salvarme”. Y añade: “Dios mío, de día te llamo y tú no me respondes, de noche y tú no me haces caso”.
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