Las apariciones de la Virgen María siempre tiene como objetivo resaltar alguna virtud teologal, principio de la Iglesia Católica o una enseñanza impartida por la madre de Jesús.
Conocida con el sobrenombre de la Estrella de los Mares y patrona de los marineros, la Virgen del Carmen es la advocación mariana que se celebra hoy.
Virgen del Carmen, patrona del mar y los marineros.
Las apariciones de la Virgen María siempre tiene como objetivo resaltar alguna virtud teologal, principio de la Iglesia Católica o una enseñanza impartida por la madre de Jesús.
Una de las más importantes es la de la Virgen del Carmen, que instituyó el uso del escapulario como uno de los elementos más relevantes en la liturgia cotidiana. El santoral católica celebra su día este 15 de julio.
La aparición de la Virgen del Carmen se dio un 16 de julio de 1251 ante San Simón Stack, un religioso inglés, a quien le presenta el escapulario como muestra de una fe permanente.
La relación de la Virgen del Carmen con el mar viene de la Edad Media. Una de las oraciones que le dedicó San Simón Stack a esta advocación la nombró como Estrella del mar, o Stella Maris, en latín, hecho que fue ampliamente difundido en todo el mundo.
Una de las características de la indumentaria de la orden de las carmelitas es el escapulario, cuyo nombre en latín significa “hombros”, y representa el suave yugo de la enseñanza cristiana sobre los hombros de sus creyentes.
También es una representación del amor maternal de María, que cuida de sus hijos a cada paso, además de la pertenencia a la Virgen María y su Inmaculada Concepción. Aunque en un principio solo lo podían portar los religiosos, actualmente los laicos también pueden usarlo.
Numerosos estudiosos de la religión católica señalan que no debe portarse como un amuleto mágico, sino como un recuerdo de la fe.
El santoral católico es el conjunto de personas reconocidas por la Iglesia como santos o beatos en una fecha concreta. Los santos y santas son hombres y mujeres que se destacaron en diversas tradiciones religiosas por sus relaciones con las divinidades. La consideración de beato constituye el tercer paso en el camino de la canonización.
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